Capítulo 47

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Kristen

Estábamos a punto de iniciar el recorrido con las antorchas hasta que Chion se acercó a Isolda. Parecía estar histérico por la ausencia de Tristán.

Esto preocupó a Isolda, quien nos pidió a Annie y a mí buscarlo. Apartándonos del grupo, comenzamos a caminar en otra dirección.

Intentaba calmarla, pero igual me sentía preocupada, tal vez no por Tristán, sino por algo que quería recordar y no podía.

Estuvimos un buen rato merodeando entre los callejones hasta que decidimos descansar un poco.

Fue ahí cuando Annie comenzó a sentir una extraña presencia que provenía de un pequeño callejón frente a nosotras.

En ese momento, Jade apareció justo por detrás de nosotras causándonos un gran susto.

—Era Jade, ¿ves Annie? No hay que alarmarse... —expresó Isolda.

—No lo creo —susurré.

Había logrado ver una silueta entre la oscuridad del callejón.

De ahí, salió una ráfaga brillante.

—¡Cuidado! —gritó Annie.

Los cuatro esquivamos el ataque.

Fue entonces cuando apareció esa mujer con un arco en mano. Demasiado dramática para ser una caballero del caos; solo era una lacaya más.

Jade inspeccionó su arma y, con burla, le dijo que esa cosa no servía a corta distancia, pero la mujer se rio de nosotros.

La flecha que lanzó y se clavó en la pared se convirtió en una serpiente, la cual alcanzó a morder a Isolda.

Annie intentó enfrentarla, pero la mujer comenzó a invocar insectos y otros animales.

Salimos corriendo de ahí. Jade cargaba a Isolda en su espalda mientras esta lanzaba ataques como podía.

Por suerte, logramos huir, refugiándonos en un callejón más alejado. Isolda comenzaba a sentirse más mareada.

El veneno ya estaba haciendo efecto.

Jade no dudó en ayudarla. Mordió su pierna donde se encontraba la picadura y extrajo parte de la sangre. Luego rompió su manga y se la colocó como venda improvisada.

Parecía que el peligro había pasado, pero el ambiente aún se sentía denso.

Jade intentaba animarla con chistes cargados de cariño oculto. Ella era tan ingenua que no lo notaba.

Yo, en cambio, sentía una punzada en el pecho, como si algo dentro de mí intentara advertirme de lo que venía, pero no lograba entenderlo.

Hasta que lo vi: una figura masculina, de pie, sobre el techo de una casa.

—Tengan cuidado, ese sujeto... —empecé a decir, pero el sonido de mi voz se cortó.

Más bien, todo sonido desapareció.

Entramos en desesperación cuando ese sujeto bajó directo a atacarnos.

Me sentí inútil al no poder invocar mi espada.

Golpeó a Annie y a mí, aunque logré evitar el golpe directo. Se dirigía a Isolda, que ya no tenía fuerzas para defenderse.

Una corazonada me hizo presentir su movimiento, como si supiera lo que iba a hacer.

No me importó nada. Corrí hacia ella y la empujé a un lado, quedando yo en su lugar.

Un destello surgió de Jade. Me cegó.

Caí en tu mundo...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora