Narradora
Kristen apenas llevaba dos semanas viva. En menos de un mes sería su cumpleaños número diecisiete. Pero a ella pareciera no importarle.
Ante esto, Tristán ideó un plan para regresarle ese brillo a Kristen.
Fue así que aquel amanecer, Tristán entró a su habitación acompañado de su nana, una mujer mayor que traía consigo un par de vestidos cómodos y algunos accesorios.
Kristen se incorporó, algo confundida.
—¿Qué hacen aquí?
Tristán le sonrió con dulzura, con esa calidez que parecía inquebrantable.
—Quedándote aquí no vas a regresar del todo a la vida. No quiero seguir viéndote entre muros. Hoy saldremos a distraernos.
La nana la ayudó a bañarse y vestirse. Tristán no salió de la habitación, pero fue lo suficientemente respetuoso como para no mirarla. Cuando estuvo lista, él mismo la peinó con cuidado y colocó un poco de color en sus labios. Un toque mínimo. No lo necesitaba, pero la hacía ver aún más hermosa.
Kristen sentía una nostalgia extraña. Sus recuerdos eran borrosos, como si viviera en un cuerpo que aún no era suyo. Pero al mirar a Tristán, algo se agitaba en su pecho. Una especie de calor que no sabía si venía del pasado o del presente.
Él sujetó su mano con firmeza y la condujo afuera.
Escanor, el caballo de Tristán, esperaba ya ensillado. El sol apenas despuntaba por el horizonte, dorando los campos. Cabalgaron lejos de Liones, dejando atrás los muros, las miradas, los rumores. Atravesaron praderas abiertas, respirando un aire más limpio, casi ajeno.
Tristán había preparado un picnic para ella, con comida y postres que él mismo cocinó. Extendió una manta bajo la sombra de un viejo roble, donde el mundo parecía detenerse.
Durante la comida, intentó conversar con ella, con suavidad.
—¿Cómo te sientes?
—Extraña —respondió Kristen tras un momento de silencio—. Sigo confundida. ¿Por qué Liones? Hace tres días acompañé a Thetis al pueblo a comprar ropa y... escuché cosas.
Tristán la miró con atención.
—¿Qué escuchaste?
—Murmuros. Sobre mí. Sobre el apellido que llevo… Algunas personas decían que tus padres me adoptaron. Otras que estoy comprometida contigo. Incluso escuché comentarios horribles de otras chicas… que me dieron tu apellido por lástima, porque morí joven.
Tristán apretó los labios y luego bajó la mirada.
—Así que por eso no has querido volver al pueblo, ¿verdad?
Kristen asintió con suavidad.
—¿Quieres saber la verdad?
—¿Qué verdad?...
—En un par de semanas es tu cumpleaños. Papá y mamá te están organizando una ceremonia donde, de manera oficial, te presentarán como una integrante de la familia —explicó.
Kristen sintió cierta alegría. Aún no respondió. Solo guardó silencio y siguió apreciando el paisaje, como si esas palabras hubieran prendido una chispa demasiado frágil para tocarla aún.
—Oye, Kristen… dime algo. ¿Qué tanto recuerdas de ti?
—Muy poco. Es como si hubiera nacido otra vez. Intento recordar mi infancia, pero al hacerlo… solo siento tristeza. Lo único que sé es que no soy de este mundo. Que llegué por accidente. Y te recuerdo a ti —dijo mirándolo fijamente—. Es extraño… pero contigo siento algo diferente. Como si ya hubieras sido parte de mi vida antes de todo esto.
El corazón de Tristán se apretó. No lo dijo en voz alta, pero aquella conexión que ella sentía era la misma que él jamás pudo romper.
—Fue especial, en su momento —murmuró él, con la voz casi temblorosa.
—Y también… a veces sueño con alguien. Una mirada que no puedo explicar. Un nombre que no logro recordar… pero está allí, muy dentro. Como una promesa olvidada.
Tristán sintió un escalofrío. Lo había confirmado. Ella recordaba a todos… menos a él. A Lancelot.
—No fuerces tu mente —le dijo con ternura—. Deja que el tiempo se encargue, ¿sí?
Kristen asintió, y siguieron comiendo en silencio.
El día avanzó con lentitud. Entre risas contenidas, bromas inocentes, y una Kristen que de a poco parecía dejarse llevar. Tristán la vio reír con la boca abierta, echarse hacia atrás sobre la hierba, abrazar el pasto fresco como si fuese un amigo de la infancia. Por primera vez desde que volvió, parecía verdaderamente viva.
Caminaban entre los árboles cuando ella lo detuvo.
—Gracias —le dijo, bajando la mirada.
—¿Por qué?
—Por no presionarme. Por cuidarme. Por ser tú.
Tristán sintió un nudo en la garganta.
—Siempre seré yo, Kristen. Incluso si tú cambias mil veces. Yo seguiré aquí.
Ella no respondió. Pero en vez de seguir caminando, se sentó en una piedra cercana, observando el horizonte anaranjado del atardecer. Tristán se sentó a su lado. Por un instante, no hablaron. Solo se miraron los dedos. Las sombras. El cielo teñido de oro y violeta.
—¿Podemos quedarnos aquí esta noche? —preguntó Kristen de pronto.
Tristán se sorprendió, pero asintió.
—Claro que sí.
Armaron un pequeño campamento improvisado. Él encendió una fogata, y compartieron pan, fruta, y una manta. Cuando el frío llegó, Tristán se quitó la capa que traía y se la ofreció. Kristen se acurrucó junto a él, con el rostro contra su hombro. No lloraba. No hablaba. Solo escuchaba los grillos y sentía el calor de algo que no sabía si había perdido o apenas comenzaba a conocer.
Y así, bajo las estrellas, con una luna pálida sobre ellos, Kristen cerró los ojos por primera vez sin miedo.
No volvió todo. Pero volvió una parte de ella.
Y Tristán la abrazó, en silencio, sin atreverse a soltarla.
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Caí en tu mundo...
Fanfiction¿Te imaginas ser una chica de la era actual en que vivimos y fanática de los mangas y animes que por alguna extraña razón logras caer en el mundo de Nanatsu No Taiza y que los hijos de tus dos pecados favoritos se enamoren de ti creando una rivalida...
