Narradora
La noche había caído sobre Liones con un brillo inusual. La noticia del compromiso del príncipe Tristán con Kristen comenzaba a extenderse como fuego discreto por los pasillos del castillo. Mientras en la sala principal las copas se alzaban entre sonrisas, en otros rincones se gestaban silencios más densos.
Isolda terminaba su jornada en el patio de entrenamiento. Había pasado las últimas semanas dedicándose con férrea disciplina a pulir su estilo de combate, aunque no buscaba una victoria o una recompensa. Desde que renunció voluntariamente a formar parte del pelotón personal de Tristán, sus días se habían vuelto rutina y sudor. El corazón que alguna vez latió con esperanza por él se endurecía lentamente bajo la armadura.
Cansada, con el cabello recogido en una trenza desordenada y el sudor en la frente, decidió dirigirse a la cocina por algo de fruta antes de retirarse a su habitación. Fue entonces cuando las oyó.
—Dicen que el príncipe Tristán pidió la mano de Kristen esta noche, durante la cena —comentó una cocinera con voz emocionada.
—¡No puede ser! ¿Tan pronto? —respondió otra con emoción—. Era de esperarlo, ambos hacen una bonita pareja, ¿no?
—¿Cuánto tiempo llevarían así sin decir nada? —añadió una tercera, riendo con complicidad.
La fruta que Isolda tenía en la mano cayó y rodó por el suelo. La conversación se detuvo de golpe.
—¿Qué dijeron? —su voz entró a la cocina antes que ella. Firme. Cortante.
Las cocineras se miraron entre sí. Isolda cruzó el umbral con el ceño fruncido, los ojos enrojecidos de tanto contener emociones.
—¿Es cierto? —repitió, sin un atisbo de dulzura—. ¿Pidió su mano? ¿Delante de todos?
—Se comenta… que sí, señorita —balbuceó una—. Pero no está confirmado. Solo lo escuchamos…
—No digan más.
Dio media vuelta. No dijo una palabra más. Pero la tensión que dejó tras de sí fue como una tormenta eléctrica contenida. Las cocineras quedaron en silencio.
—¿Deberíamos decirle al príncipe? —susurró una, preocupada.
—Es lo correcto. Si ella lo confronta…él debe saber que lo sabe.
Isolda no fue a su habitación. Caminó hasta los jardines del ala norte, donde solía entrenar con él tiempo atrás. Donde solía reírse de sus bromas torpes. Donde creyó que, en algún momento, Tristán había comenzado a verla como ella lo veía a él.
Pero todo fue falso.
Recordó cómo, tras su ruptura con Kristen, Tristán intentó acercarse a ella. Fue dulce, fue atento… fue confuso. Y por un instante, pensó que finalmente estaba eligiéndola.
Pero no. Nunca la miró de verdad. Nunca la tocó con el alma.
Kristen siempre había sido su única verdad. Y ella, Isolda, había sido solo el espejismo de un intento por olvidar.
Sintió un ardor terrible en el pecho. Una rabia seca que no la dejaba llorar.
—Maldita seas —murmuró—. Dijiste que no volverías con él. Que lo dejarías ir. Dijiste que respetarías lo que tuvimos…
Apretó los dientes.
—Siempre fuiste más frágil. Más indecisa. ¿Por qué tú? ¿Por qué tú sí?
Se sintió estúpida. Ridícula. Usada.
Y entonces lo oyó.
—Isolda.
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Caí en tu mundo...
Fanfiction¿Te imaginas ser una chica de la era actual en que vivimos y fanática de los mangas y animes que por alguna extraña razón logras caer en el mundo de Nanatsu No Taiza y que los hijos de tus dos pecados favoritos se enamoren de ti creando una rivalida...
