Narradora
La carta llegó al bosque de Benwick sin anuncio ni advertencia. El halcón real descendió hasta el claro como si supiera a quién buscar. Lancelot reconoció de inmediato la caligrafía que adornaba el sobre: elegante, firme, con ese trazo de seguridad que Tristán siempre tuvo incluso en medio del caos.
No necesitó abrirla para saber de qué se trataba.
Pero lo hizo igual.
Lancelot.
No sé si esto es una petición o simplemente un desahogo.
Kristen volvió. Está viva. No es un hechizo ni una ilusión. Volvió a despertar.
Pero no es la misma. Y sin embargo… en estos días ha empezado a recordarte.
No del todo. No con claridad. Pero tu nombre le causa algo. Dolor, confusión, vacío.
Yo no escribo esto como su amigo ni como su antiguo amor.
Te lo digo como alguien que ya no soporta verla buscando respuestas en un silencio que tú podrías romper.
No lo hagas por ella. Ni siquiera por mí. Hazlo por ti.
Arregla lo que aún puede tener nombre, antes de que sea tarde otra vez.
Tristán
El papel tembló entre sus dedos al terminar. Su pecho se contrajo con una mezcla de tristeza y nostalgia.
—¿Te lo dijo, eh?
La voz provenía del interior del árbol sagrado. Ban. Su padre. Su roca.
Lancelot no respondió. Solo asintió con un leve movimiento de cabeza.
Ban se acercó, cruzando los brazos mientras miraba el cielo filtrado por las ramas.
—¿Y qué vas a hacer?
Silencio.
—No lo sé —susurró Lancelot al fin—No tengo el valor.
Ban dejó escapar un suspiro lento. No lo regañó. Solo murmuró, como quien recuerda una herida antigua:
—No sabes lo que daría por haber visto a tu madre despertar así. Yo esperé años. Y aun después de traerla de vuelta… cada noche dudaba si era real.
Lancelot bajó la mirada. Sus manos, fuertes en combate, temblaban por dentro.
—¿Y si no me quiere ver?
—Entonces mírala —dijo Ban—. Pero hazlo con el corazón abierto, no con orgullo. Porque eso fue lo que la lastimó más.
Y con esas palabras, Lancelot partió.
Tomó dos días en llegar a Liones. O bien. A los alrededores del reino.
Desde la cima de una colina próxima al castillo de Liones, lo vió todo.
Kristen estaba allí, en medio de una pradera llena de dientes de león, bajo el sol tibio de la tarde. Vestía un atuendo claro, sencillo, con las mangas recogidas, y el cabello largo flotando libre. Tristán estaba junto a ella.
Pero lo que capturó a Lancelot no fue la escena… sino el sonido. Las risas. Genuinas. Ligeras.
—Vamos —decía Kristen, girando sobre un pie con sorprendente agilidad—. ¡No me digas que ya olvidaste esto!
—Tu versión era una mezcla de teatro y pelea —replicó Tristán entre risas—. Más estética que efectiva.
Ella fingió indignarse y lanzó una patada que él esquivó por poco. Comenzaron una especie de danza, una pelea improvisada, llena de gestos conocidos. Viejos juegos de entrenamiento que habían compartido cuando eran mas chicos. Golpes suaves. Movimientos fluidos. Caídas intencionales.
ESTÁS LEYENDO
Caí en tu mundo...
Fanfiction¿Te imaginas ser una chica de la era actual en que vivimos y fanática de los mangas y animes que por alguna extraña razón logras caer en el mundo de Nanatsu No Taiza y que los hijos de tus dos pecados favoritos se enamoren de ti creando una rivalida...
