Kristen
El sol brillaba intensamente sobre el reino cuando crucé las puertas del castillo, sintiendo cómo el calor se colaba a través de mi piel. Después de semanas fuera, todo parecía igual… y, al mismo tiempo, diferente. Tal vez era yo quien había cambiado.
Caminé con paso firme hacia el castillo, aunque mi mente estaba en otro lugar. O, mejor dicho, con alguien más.
El recuerdo del beso de Lancelot me perseguía sin tregua. La manera en que me sostuvo cuando reaccioné, el recordar nuestros labios unidos y la manera en que me miró en ese momento. La calidez, la intensidad, el modo en que mi corazón latió tan fuerte que temí que él pudiera escucharlo.
Apreté los labios. No pienses en eso ahora.
Pero era imposible. Cada vez que cerraba los ojos, lo revivía una y otra vez. Y lo peor era que no quería olvidarlo.
Un nudo de ansiedad se formó en mi pecho. ¿Cómo iba a ver a Tristán ahora? ¿Cómo iba a mirarlo a los ojos sabiendo que mi corazón ya no le pertenecía?
Sacudí la cabeza, tratando de despejarme. Solo debía llegar al castillo y… sin darme cuenta, choqué de lleno contra alguien.
—¡Ah! —exclamé, perdiendo el equilibrio.
Unas manos firmes me sujetaron antes de que pudiera caer, y un escalofrío recorrió mi piel al sentir su toque. Al levantar la vista, el aire pareció atorarse en mi garganta.
Tristán
Su cabello alborotado brillaba bajo la luz del sol y sus ojos bicolores me miraban con sorpresa antes de curvarse en una leve sonrisa.
—Kristen ¿Te encuentras bien?—dijo con voz tranquila, aunque en su mirada había un destello de curiosidad—. No esperaba verte aquí tan pronto.
El corazón me latía con fuerza, aunque ya no estaba segura de si era por el susto o por otra razón. Tragué en seco y di un paso atrás, apartándome torpemente de su agarre.
—No esperaba verte tan pronto —murmuré, evitando su mirada—. No me di cuenta de que venías en esta dirección.
Su silencio pesó más de lo que me hubiera gustado. ¿Podía notar mi nerviosismo? ¿Podía ver en mi rostro el recuerdo de alguien más?
Finalmente, asintió con una pequeña sonrisa.
—Me alegra verte de nuevo.
Abrí la boca para responder, pero las palabras murieron antes de salir. No podía mentir. No podía decirle que yo también me alegraba de verlo porque… porque mi corazón ya no era suyo.
Porque en mi mente, aún sentía los labios de Lancelot sobre los míos.
Me sentía patética de pie frente a él, hasta que, con algo de esfuerzo, logré hablar.
—Si me disculpas, tengo que ir en busca de Pelliot por órdenes de tu padre —dije mientras me hacía a un lado—. Por cierto, tu pelotón está haciendo un escándalo allá afuera.
Tuve que obligar a mi mente a hacer a un lado todos estos pensamientos y sentimientos para intentar concentrarme en mi deber.
Llegué hasta el cuartel de los caballos en busca de Pelliot, quien me recibió con los brazos abiertos. Él era como un hermano para mí y, después de varias semanas, verlo de nuevo hizo que lo extrañara aún más.
—Tengo mucho que contarte, Pelliot, pero este no es el momento indicado… —expresé mientras le entregaba la información que debía saber.
El calvario en el reino apenas estaba comenzando, y seguramente se alargaría por mucho tiempo.
—¿Quieres ir conmigo? —cuestionó Pelliot.
—No creo que sea buena idea. Yo me encargaré de evacuar a los habitantes. Si no lo hago, habrá muchas pérdidas al final del día.
Él solo me observó con confianza y me proporcionó un grupo de caballeros para que me ayudaran.
Así fue como salimos hacia las calles.
El cielo comenzaba a nublarse y las gotas de lluvia caían sobre mi rostro. Sabía que en esos momentos Lancelot estaba con Ginebra, la niña que, en un futuro, le robaría su amor.
Seguí caminando, intentando enterrar ese pensamiento, pero fue inútil. Mi "buena suerte" me hizo estar en el lugar y momento equivocados.
Lancelot estaba a unos metros de distancia, sentado en la orilla de una pequeña barda con ella. La sujetaba por la cintura y, ante mis ojos, la niña le dio un beso.
Algo dentro de mí se rompió.
Las lágrimas brotaron sin control, perdiéndose entre la lluvia que cubría mi rostro. No entendía por qué me sentía así. ¿Por qué mi pecho dolía de esta manera? ¿Por qué estaba molesta y triste al mismo tiempo?
Maldita sea.
Mis lágrimas no dejaban de caer.
En ese momento, Lancelot giró la vista en mi dirección, como si hubiera sentido mi presencia. Me apresuré a esconderme entre un callejón antes de que pudiera verme y seguí caminando, alejándome de allí.
Pero el dolor no se iba. Y algo me decía que no desaparecería tan fácilmente.
¿Que era lo que realmente sentía mi corazón?
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Caí en tu mundo...
Fanfiction¿Te imaginas ser una chica de la era actual en que vivimos y fanática de los mangas y animes que por alguna extraña razón logras caer en el mundo de Nanatsu No Taiza y que los hijos de tus dos pecados favoritos se enamoren de ti creando una rivalida...
