Narradora
Las calles de Liones comenzaban a cubrirse con discretas decoraciones florales. Aunque el evento no sería una gran celebración, bastaba con ver los rostros de los habitantes para comprender la alegría que se respiraba en el ambiente. Un compromiso simbólico siempre traía esperanza.
En su habitación, Kristen ajustaba los últimos detalles de su ramo. Lo había hecho con sus propias manos: flores blancas entrelazadas con pequeñas azules. Un toque sencillo, pero delicado. Tan íntimo como su decisión de continuar.
En otro rincón de la ciudad, los Pecados Capitales se reunían en la antigua taberna del Boar Hat. Meliodas los había invitado, como en los viejos tiempos. Se reían, brindaban y recordaban… pero él, aunque sonreía, no lograba silenciar aquella voz en su cabeza.
La voz del Rey Bartra.
La noche anterior, en la penumbra de sus aposentos, el viejo rey lo había llamado. Su mirada cansada no tenía temor, solo resignación.
—He visto algo, Meliodas… algo que no puedo callar.
Y entonces recitó su presagio:
Cuando el amor se parta en dos,
uno se perderá sin regreso.
Cuando los espejos de sangre se enfrenten,
el caos abrirá su tercer ojo.
Una flor azul se marchitará antes de florecer,
y el eco de su voz será olvidado.
Dos nombres arderán en el mapa del destino,
y del fuego nacerá una sombra más antigua que el tiempo.
Si el cuervo no vuela antes del amanecer,
ni el león ruge en el momento justo…
…entonces la historia, hijo mío,
no terminará…
sino que volverá a comenzar.”
Meliodas había querido ignorarlo. Pero ahora, en medio de la taberna, esa maldita profecía no dejaba de retumbarle en la mente.
Nadie parecía notarlo, a excepción de Ban que intetada descifrar la mirada perdida de su amigo.
Mientras tanto, en el castillo, Tristán salió al jardín luego de que un caballero sacro le entregara un mensaje urgente.
—El joven Lancelot exige verte —le dijeron.
Allí estaba. De pie, solo. Furioso. Herido. O tal vez más vulnerable de lo que jamás se permitiría parecer.
—¿Dónde está ella? Necesito verla —exigió Lancelot con la voz tensa.
—No tienes nada que hacer aquí —respondió Tristán, cortante.
—Tristán… no seas un maldito terco. Ellos…
—¿¡Con qué derecho vienes después de lo que hiciste en su cumpleaños!? —gritó Tristán, invocando su aura demoníaca—. ¡No tienes ni idea del daño que le causaste, y ahora te atreves a aparecerte aquí!
—¡No es lo que parece!
Fue suficiente para que la pelea estallara.
Magia demoníaca y feérica. Golpes certeros. Rabia contenida. Palabras que jamás debieron decirse.
Los caballeros sacros acudieron a separar a los príncipes, pero eran incontrolables. Pelliot dió la orden de ir por ayuda para calmarlos. Unos fueron en busca de Thetiso Guila y n segundo grupo corrió rumbo a la taberna a pedir refuerzos.
Thetis fue la primera en reaccionar en cuanto se le dijo tal cosa. Entró en la habitación de Kristen con urgencia.
—Tienes que salir. ¡Es Lancelot! Él y Tristán… están casi matándose.
Kristen sintió un vacío en el pecho. El ramo cayó de sus manos.
Corrió. Bajó por los pasillos. Cruzó los jardines hasta llegar al campo donde ambos se enfrentaban.
Y los vio. Peleando como enemigos. Como si todo lo que alguna vez compartieron no importara.
—¡Deténganse! —gritó, suplicando.
Pero ninguno la escuchó.
Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Annie y Donny llegaron poco después, intentando detener la lucha. Fue inútil.
Kristen sintió, de pronto, esa punzada en el alma. Ese deseo de no existir. De no ser la causa. De no ser la grieta entre ellos. De no haber existido en este lugar.
Y entonces, el silencio.
Ambos detuvieron el combate al mismo tiempo. Miraron a Kristen… pero no con furia, ni vergüenza.
Con terror.
Kristen se volvió, sintiendo algo detrás de ella. Lo reconoció al instante. Ese portal. Ese resplandor que parecía arrancado de un sueño viejo y doloroso.
El mismo que la trajo a este mundo hacía cuatro años.
—No… no… —susurró, retrocediendo.
Pero era inútil.
El portal la absorbía con una fuerza imposible de resistir. Gritó. Suplicó. Tristán corrió hacia ella. Lancelot también. Pero el tiempo no perdonó.
Solo alcanzaron a ver su silueta desvanecerse en la oscuridad.
Kristen ya no sintió mas que una mano. Una mano que se aferraba a su muñeca. Queriendo ayudarla a quedarse.
Después, silencio.
En la taberna, Meliodas se puso de pie cuando un caballero irrumpió jadeando, con la noticia del combate.
Pero fue el estremecimiento en su pecho lo que lo hizo caer de rodillas.
El presagio.
Las palabras.
“Una flor azul se marchitará antes de florecer…”
—Kristen… —murmuró.
Y supo, en lo más hondo de su ser, que la tragedia ya había comenzado.
Aquel presagio apenas iniciaba.
Todos salieron corriendo hacia el castillo.
—Ellos dos... ellos... no siento más su esencia... ambos desaparecieron...— Expresó Thetis apenas logrando acompletar una oración.
Esto apenas comenzaba...
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Caí en tu mundo...
أدب الهواة¿Te imaginas ser una chica de la era actual en que vivimos y fanática de los mangas y animes que por alguna extraña razón logras caer en el mundo de Nanatsu No Taiza y que los hijos de tus dos pecados favoritos se enamoren de ti creando una rivalida...
