Narradora
Pasaron semanas.
El altar quedó vacío, y el vestido, guardado en un rincón donde nadie se atrevía a tocarlo.
Las flores que Kristen había escogido para su ramo se marchitaron el cuarto día.
Nada volvió a ser igual en Liones.
Tristán no hablaba mucho.
Ni siquiera con sus padres.
Pero cada día despertaba más temprano, y cada noche se quedaba en la torre más alta.
Mirando al cielo, como si pudiera volver a verla entre las nubes.
Elizabeth se preocupaba. Pero Meliodas lo comprendía, porque por primera vez, vió en él su propio reflejo por aquellas veces en que vió morir y recarnar a su amada Elizabeth.
Nadie podía cargar el peso de lo que no se dijo... de lo que no se evitó.
Una noche, Tristán bajó a la biblioteca secreta de su padre.
Allí donde Meliodas había guardado todo lo que sabía sobre Camelot. Toda información que el mismo Lancelot logró proporcionarle a escondidas con ayuda de Thetis.
Cartas rotas, planos inexactos, mapas con caminos que no existían... o tal vez sí.
-¿Estás pensando en ir? -preguntó Ban, desde el umbral.
Tristán asintió, sin dejar de mirar el pergamino.
-No por venganza. No solo por la misión. Voy por ella... por Kristen. Aunque no la encuentre. Quiero entender. Saber por qué desapareció. Y si está viva...
-...que Lancelot la cuide.-Dijo Ban
Tristán respiró hondo.
-Confío en que lo hará pero... ¿Y si no vuelve?
-Entonces... tú tienes que vivir lo suficiente para recordarla.-Respondió Meliodas
A los pocos días, Tristán anunció su partida.
Oficialmente, retomaba la misión: buscar información que ayudara a derrotar a Arthur y terminar con su reino artificial.
Pero la verdad... era más simple. Más dolorosa.
Era la esperanza de volver a verla.
O al menos encontrar respuestas.
Chion lo detuvo antes de que cruzara la última puerta de Liones.
-Si vas, voy contigo.
-No te lo estoy pidiendo.
-Tampoco te estoy dando opción.
Se cruzaron una mirada.
No hacía falta decir más.
Entonces, apareció Isolda.
-¿Qué haces aquí? -preguntó Tristán, algo más seco de lo que quisiera.
-Lo mismo que tú -respondió ella-Buscar algun rastro de ella.
-Pero ya no eres parte de mi pelotón. Tú renunciaste...
-Y tú ya no eres el mismo príncipe. Supongo que estamos empatados.
Y sonrió. Por primera vez en semanas.
Asi fue como Isolda se unió a esta misión. No por amor, sino por gratitud.
Antes de partir, Tristán había estado en el jardín donde Kristen había reído por última vez.
Donde ella lo abrazó entre hechizos torpes y confesiones tardías.
Miró hacia el cielo.
Apretó los puños.
Y susurró:
-Si estás ahí... si de alguna forma estás viva... Quédate con él. Déjate cuidar por él. Déjalo hacerte feliz.
Porque yo... yo no pude.
Y entonces partió.
A través del sendero secreto que Thetis reveló.
Un camino que Lancelot había dejado marcado.
Una entrada que no abría al mundo físico... sino al corazón de Camelot.
La misión continuaba.
El peligro seguía.
Pero en lo profundo, mientras cabalgaban hacia la tierra donde el tiempo no fluía igual...
Tristán sostenía una llama.
Una sola, tenue y obstinada:
La esperanza de que en alguna parte del tiempo, entre ruinas o en un bosque suspendido...
alguien la llamara por su nombre.
Y ella, Kristen, aún pudiera responder.
En Benwick, por las noches, Ban subía al árbol más alto del bosque y se quedaba mirando el cielo, como si esperara ver una brecha en las estrellas.
Como si pudiera escuchar su voz de nuevo.
-Una vez lo perdí... y volví a encontrarlo. Esta vez...Esta vez no sé si hay un regreso.
Elaine lo acompañaba en silencio.
Sabía que, cuando Ban miraba al horizonte, no estaba viendo el bosque.
Estaba buscando a su hijo.
Y así terminó esta parte de la historia.
Lancelot y Kristen nunca regresaron.
Al menos no aún.
Pero quienes los amaron no dejaron que el silencio los enterrara.
Porque cuando el viento gira...
A veces, trae consigo una voz.
Una promesa.
O el eco de un amor que no se resigna a morir.
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Caí en tu mundo...
Fanfiction¿Te imaginas ser una chica de la era actual en que vivimos y fanática de los mangas y animes que por alguna extraña razón logras caer en el mundo de Nanatsu No Taiza y que los hijos de tus dos pecados favoritos se enamoren de ti creando una rivalida...
