Capítulo 85

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Narradora

La sastre se veía visiblemente nerviosa. Era joven, con el cabello recogido de forma impecable y las manos temblorosas mientras desplegaba la cinta métrica. No todos los días una costurera trabajaba bajo la mirada directa de la Reina Elizabeth, la princesa Margaret… y frente a la prometida del príncipe heredero de Liones.

Kristen lo notó de inmediato. El modo en que la chica evitaba mirarla directamente, cómo apretaba los labios al tomar las medidas de su cintura.

Así que decidió hablar.

—He oído que tu trabajo es muy lindo —dijo en voz baja, casi como si compartiera un secreto.

La sastre alzó los ojos, sorprendida. Kristen le sonreía, con una dulzura tranquila que desarmaba cualquier tensión.

—Me contaron que tú hiciste el vestido de la hija del duque Graham —añadió—. El que parecía tejido con agua.

La joven soltó una risa nerviosa, más relajada.

—S-sí. Fue un encargo especial… —sus mejillas se tiñeron de un leve rubor—. ¿Usted lo vio?

—Solo en un retrato, pero me pareció precioso. Y por eso me alegra que seas tú quien hará el mío.

La costurera tragó saliva, y pareció enderezar un poco los hombros, más segura. Pero justo en ese momento, uno de los alfileres resbaló entre sus dedos y pinchó el costado de Kristen.

—¡Oh! Perdón… perdón, lo siento muchísimo, princesa, yo no—

—Está bien —dijo Kristen enseguida, sujetándole la muñeca con cuidado para detener su pánico—. Solo fue un pinchazo, no te preocupes. Respira.

La sastre quedó helada un segundo. Quizás había esperado un grito, una reprimenda, una mirada altiva. Pero Kristen solo le dedicaba una expresión serena, casi maternal.

Y en ese momento, se rompió algo en el aire. El nerviosismo se disipó, reemplazado por un respeto genuino.

Kristen se volvió hacia el espejo, mirando el diseño a medio imaginar en la tela blanca, y entonces, como si acabara de recordarlo, dijo:

—Quisiera pedirte algo especial.

La sastre levantó el rostro, atenta.

—¿Sí?

—¿Podrías añadir pedrería o bordado en tonos azul y verde? No mucho… solo algunos detalles. —Kristen sonrió de nuevo—. Son los colores de los ojos del príncipe.

Un silencio ligero, bello, se instaló en la sala. La costurera parpadeó, y por primera vez, sonrió con sinceridad.

—Será un vestido único, alteza.

A unos pasos de distancia, Elizabeth observaba la escena con la cabeza ladeada, su sonrisa apenas perceptible. Margaret, a su lado, murmuró:

—¿Sabes por qué la quieres tanto?

—¿Por qué? —preguntó Elizabeth sin dejar de mirar.

—Porque te ves en ella.

Elizabeth giró un poco el rostro.

—Es una chica muy similar a ti —continuó Margaret, sin necesidad de justificar el pensamiento—. Dulce. Fuerte. No sabría cómo explicarlo del todo. Es curioso verlos… pareciera que en ellos dos están tú y Meliodas, de alguna forma.

Elizabeth no respondió enseguida. Bajó apenas la mirada. La ternura del momento la envolvía, pero algo en sus ojos se volvió más contenido.

Margaret, sin darse cuenta, añadió con una sonrisa soñadora:

Caí en tu mundo...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora