Capítulo 82

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Narradora

El cielo estaba claro esa tarde, y los jardines del castillo de Liones parecían respirar una calma engañosa. Tristán caminaba con las manos en los bolsillos, acompañado por Chion, que mordisqueaba una manzana mientras lo miraba de reojo.

—Entonces… ¿vas a hacerlo por fin? —preguntó Chion, rompiendo el silencio.

Tristán suspiró, sacando una pequeña caja de su bolsillo. La abrió apenas. Dentro, un anillo con un diamante entre azul y verde brilló como si contuviera un pedazo del bosque y el cielo juntos.

—Lo estuve pensando por semanas —admitió, cerrando la caja con cuidado—. Pero no es tan fácil.

—¿Por qué no? Si ella te ama, no veo cuál es el problema. No toda la vida será tu novia —bromeó Chion—. Además, no habría mejor mujer que Kristen para dirigir el reino a tu lado.

Tristán esbozó una sonrisa.

—Lo dices como si tú no quisieras competir por ese lugar.

Chion levantó una ceja, encogiéndose de hombros.

—Dudo encontrar a alguien especial. Ojalá en Britania abundaran más Kristens —dijo en tono relajado, pero con una honestidad que sorprendió a Tristán.

—¿No crees que ella lo merece?

Tristán miró el anillo otra vez. El viento jugó con su flequillo mientras asentía, esta vez con certeza.

—Sí… lo merece todo.

—Entonces no pierdas más el tiempo y no seas un cobarde que ya todo quedó listo, dame todos los detalles despues— Dijo por último.

Gracias por ayudarme a planear esto.— Expresó Tristán

Chion no respondió pero sintió alegría al escucharlo.

Más tarde, Kristen regresó a su habitación luego de entrenar con Thetis. Estaba sudada, agotada, pero con una sonrisa en los labios por el buen desempeño que había tenido. Abrió la puerta y se encontró con una atmósfera inesperada.

Velas encendidas, el aroma a flores secas, menta y jazmín flotando en el aire. Sobre la cama, una nota con la caligrafía inconfundible de Tristán:

Para ti. Porque esta noche quiero verte brillar como la estrella que eres. Báñate sin prisa. Pronto vendré por ti. —T”

Al lado, una pequeña caja contenía un vestido de tono marfil, suave y vaporoso, con detalles florales bordados y una tiara delicada hecha de flores secas y cristales. También había un pequeño frasco de perfume.

Kristen se cubrió la boca con una mano, enternecida. Sintió algo apretarse en su pecho: ternura, ilusión… y algo más difícil de nombrar. Entró al baño, donde encontró la tina ya lista, con pétalos flotando y una toalla doblada con esmero.

Se sumergió, dejando que el agua tibia le despejara el cuerpo y la mente. Pensó en Tristán. En todo lo que habían vivido. En todo lo que aún quedaba por construir. Aun así, una sombra persistía en algún rincón de su pecho. La sombra de un nombre que no se apagaba del todo.

Cuando salió, se vistió con calma, dejando que el vestido la envolviera con suavidad. Se perfumó apenas, dejando su cabello suelto y húmedo sobre los hombros. Se sentía hermosa. Se sentía esperada.

Unos suaves golpes en la puerta la sacaron de sus pensamientos.

—¿Puedo pasar?

—Adelante —respondió con voz alegre.

Caí en tu mundo...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora