Tristán
La noche no traía consuelo.
El castillo estaba en silencio, y aún así me sentía más pequeño que nunca en sus pasillos largos y vacíos. Las paredes de piedra, los tapices, el eco de mis pasos... todo parecía mirarme con la misma pregunta que yo no podía responder: ¿En qué momento la deje ir?
Mi padre había mandado a Kristen a esa búsqueda con Lancelot. Algo debió pasar entre ellos como para que tuvieran esa cercanía. Algo había cambiado... algo que no había querido ver hasta esta noche.
Verla dormida en el comedor, completamente agotada.
Y a él, llevándola con cuidado, casi con ternura.
No fue solo lo que hizo. Fue cómo lo hizo.
Como si llevarla en brazos le diera sentido al mundo.
No los detuve. Solo observé desde las escaleras, inmóvil. El corazón me latía con una mezcla dolorosa de celos, culpa y resignación.
Y entonces, sin pensarlo, empecé a caminar. No sabía qué buscaba. Pero sabía que lo encontraría.
Doblé un pasillo y ahí estaba él. Justo como lo imaginé. Volvía de su habitación, y cuando me vio, se detuvo. Como si ya supiera que iba a encontrarme.
—¿La llevaste tú a su habitación? —pregunté, más frío de lo que pretendía.
—Estaba dormida —respondió sin rodeos—. No quise dejarla sola en un lugar tan frío.
—Lo vi —dije, con los brazos cruzados. Lo observé con más atención de la que debía—. Desde las escaleras.
No dijo nada. Solo esperó. Y ese silencio fue peor que cualquier excusa.
—La forma en que la miraste... —agregué, esta vez con menos dureza—. No lo haces por compasión. Lo haces porque sientes algo.
Bajó un poco la mirada, tal vez avergonzado. Pero no negó nada.
—Yo nunca lo busqué —dijo al fin—. Cuando salimos de Liones, ella todavía te tenía en el corazón. Te extrañaba. No hablaba mucho, pero se notaba. Solo... intenté acercarme a ella como un amigo. Nada más.
—Y te enamoraste —afirmé.
No fue una pregunta. Fue un hecho. Uno que ambos sabíamos.
—Sí.
Su sinceridad fue como un golpe. Porque dolía... pero no podía odiarlo por eso. Él no era un traidor. Solo alguien que la había visto en su peor momento y no se apartó.
—Estuvieron semanas juntos —continué—. Ella triste, perdida, pensándome. Y tú ahí, escuchando cada silencio, cada duda.
Suspiré.
Yo debería haber estado ahí. Yo... debí ser esa persona para ella.
Lancelot no respondió, pero sus ojos no se apartaban de los míos. Tampoco se justificaba. No necesitaba hacerlo. Sabía que había sido honesto desde el principio.
—Ella está empezando a mirarte diferente —dije, sintiendo que las palabras se me clavaban por dentro—. Lo note cuando estábamos recogiendo los escombros luego de la pelea.
Bajé la cabeza por un instante, sintiendo un nudo en el estómago.
—Tristán... —empezó, pero levanté la mano para detenerlo.
—No necesito que te disculpes. No tengo derecho a pedirlo.
Lo miré de nuevo, directamente.
Solo necesito que me prometas algo.
ESTÁS LEYENDO
Caí en tu mundo...
Fiksi Penggemar¿Te imaginas ser una chica de la era actual en que vivimos y fanática de los mangas y animes que por alguna extraña razón logras caer en el mundo de Nanatsu No Taiza y que los hijos de tus dos pecados favoritos se enamoren de ti creando una rivalida...
