Narradora
Los días se habían vuelto lentos desde la tragedia. Kristen apenas dormía. En su pecho, la culpa ardía como fuego, y en su mente, la confesión de Tristán retumbaba sin cesar: Gowther le había borrado los recuerdos. Él y Lancelot sabían que algo podía ocurrir, pero no el qué ni el cuándo. Eso explicaba los vacíos, los dolores de cabeza, la ansiedad creciente que la había consumido.
Kristen no podía aceptarlo. No sin antes intentar enmendarlo.
Rogó a Thetis que la ayudara a ir con Lancelot. Necesitaba hablarle, contarle la verdad, aunque fuera tarde. Thetis, tras dudarlo, aceptó.
Le entregó dos orbes encantados: uno para llegar a Benwick y otro para volver. Kristen apenas le dio las gracias antes de desaparecer en un destello de luz.
El bosque la recibió con su frescura y su eterna primavera. Caminó entre raíces y flores hacia el gran roble, hogar del príncipe de las hadas.
Las pequeñas criaturas mágicas la observaban desde las ramas, murmurando entre ellas. Algunas la reconocían. Otras, simplemente la juzgaban.
Estaba a punto de llegar al roble cuando una voz la detuvo.
—¿Qué haces aquí?
Era Lancelot.
Su tono no era el de un reencuentro. Era gélido, afilado, seco. Como si verla le provocara asco. Kristen trató de hablar, de explicarle, pero cada palabra que intentaba pronunciar se ahogaba en su garganta. Él no quería escucharla.
—¿Vienes a suplicar? —escupió—. Qué patético. No tienes dignidad, ¿verdad?
—¡Lancelot, por favor! No lo recordaba… ¡Gowther me borró los recuerdos!
—¿Y eso cambia algo? ¿Eso borra tus silencios? ¿Tus mentiras? Cuando más te necesitaba, desapareciste. Cuando más confiaba en ti… me fallaste.
—¡Yo nunca quise herirte!
—Pero lo hiciste. Me clavaste un cuchillo, Kristen. Y ahora vienes a llorar como si no supieras cómo. No eres una víctima… solo una cobarde.
Las hadas bajaron, alertadas por la discusión. Observaban en silencio, ojos brillantes llenos de juicio.
—No tienes lugar aquí —gruñó—. No eres parte de este bosque. No eres parte de mi vida.
—¡No me eches! ¡No me trates así!
—¿Por qué no? ¿Aún te crees especial? No lo eres. Ya no siento nada por ti. Nada. Me das asco. Si quieres consuelo, vuelve con Tristán. Tal vez él aún te vea con los mismos ojos.
El golpe fue seco. Brutal. Kristen cayó de rodillas. El llanto la sacudía. Pero no hubo compasión. Lancelot se dio media vuelta.
—¡Saquen a esta humana de aquí! —ordenó.
Y las hadas obedecieron.
Kristen apenas tuvo tiempo de reaccionar. Piedras volaban hacia ella desde todas direcciones. Un corte en su mejilla la hizo tambalearse. Intentó cubrirse, pero eran muchas. Una de las hadas descendió con furia y, entre las raíces, recogió una flecha que Lancelot había dejado en el suelo tras un entrenamiento. Su filo aún brillaba con magia feérica.
La arrojó.
La flecha cruzó el aire con un silbido agudo y lo siguiente fue un grito desgarrador. La punta atravesó el rostro de Kristen, trazando una línea horizontal que cruzó de sien a mejilla. El ojo derecho explotó en sangre. El izquierdo fue rozado, y aunque no lo perdió, su visión quedó nublada. La sangre brotó como una cascada.
Las hadas se detuvieron, asustadas por la brutalidad del acto.
—¡Basta! —rugió una voz desde el horizonte.
Ban.
El Pecado de la Avaricia corrió hacia ella, alzó el orbe que había caído y trató de ayudarla. Kristen, ensangrentada, temblando, con los ojos bañados en sangre, solo murmuraba entre sollozos:
—Lo siento… no quería lastimarlo… no voy a volver…
Ban, horrorizado al ver cuánta sangre había perdido, intentó sostenerla, pero no hubo tiempo.
Un destello envolvió a Kristen.
Thetis la había traído de regreso.
Había exigido traerla de vuelta.
Kristen reapareció en los jardines del castillo. Cayó desplomada, cubierta de heridas. Su rostro era una máscara de sangre. Uno de sus ojos había desaparecido. El otro apenas se abría, enrojecido, casi ciego. La cicatriz cruzaba su cara como una marca de guerra.
Los caballeros sacros corrieron a ayudarla. Elizabeth llegó segundos después, con Meliodas. Intentó curarla con su magia, pero algo lo impedía.
—La flecha… estaba encantada… —susurró Kristen antes de desmayarse.
Tristán y Thetis llegaron poco después. Kristen fue llevada de emergia a su habitación donde Hendrickson fue convocado. Tras examinarla, su expresión fue de gravedad.
—Ha perdido por completo el ojo derecho. El izquierdo… tiene daño parcial. Verá poco, si es que algo. La cicatriz es profunda. Ni la magia puede restaurarla.
Tristán quedó inmóvil. Luego miró a Thetis.
—¿Qué pasó?
Thetis tembló. No quiso hablar, pero no podía ocultarlo más.
—Fue Lancelot… la rechazó, la humilló. Ordenó que la echaran. Y una de las hadas… usó su flecha. No pude detenerlo. Al menos eso pude descubrir en sus recuerdos.
La furia de Tristán fue inmediata.
Sin decir una palabra, extendió sus alas y salió hacia una dirección en especifico.
[..]
Lancelot estaba solo frente al gran roble cuando la figura de Tristán apareció entre las ramas. El silencio se rompió con un golpe. Tristán lo empujó con fuerza.
—¿¡Qué hiciste!? ¿¡Estás loco!?
Lancelot apenas se inmutó.
—¿Vienes a defenderla tú ahora?
—¡Casi la matan! ¡Una de tus hadas le disparó en el rostro! ¡Perdió un ojo! ¡El otro casi no ve! ¿Eso querías?
—Ella vino por su cuenta. No la llamé. No la necesito. Ya no me importa.
—¡No tienes derecho a hablar así de ella!
—Tómala si tanto la defiendes. ¿No es lo que siempre quisiste? Te la regreso, Tristán. Haz con ella lo que quieras.
Tristán lo miró con asco.
—Eres un imbécil. Algún día… vas a arrepentirte. Tú y esas hadas que le arrancaron la vista. Y cuando ese día llegue… ojalá te duela tanto como le duele a ella ahora.
Tristán desapareció sin darle tiempo a responder.
[...]
Kristen seguía en el lecho, inmóvil. Hendrickson había cerrado sus heridas, pero su rostro… ya no era el mismo. El ojo derecho era un vacío ciego. El izquierdo apenas reaccionaba a la luz. La cicatriz marcaba su piel como un castigo imborrable.
No decía nada. Solo lloraba. En silencio.
No por su ojo.
Sino por él.
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Caí en tu mundo...
Fanfiction¿Te imaginas ser una chica de la era actual en que vivimos y fanática de los mangas y animes que por alguna extraña razón logras caer en el mundo de Nanatsu No Taiza y que los hijos de tus dos pecados favoritos se enamoren de ti creando una rivalida...
