Capítulo 45

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Kristen

Sentí su presencia antes de oír su voz.

Lancelot.

Me hablaba con esa mezcla de serenidad que solo él parecía dominar. No me atreví a mirarlo, no del todo. No con los ojos llenos de lágrimas y la piel marcada por cicatrices que él no debía ver. No así. No de ese modo.

Intenté cubrirme con el suéter, pero él lo apartó con tanta delicadeza que no pude detenerlo. Y, aun así, no sentí vergüenza en su tacto. Solo cuidado. Solo silencio.

—No me mires Lancelot—le pedí, apenas audible, como una súplica que me dolía más a mí que a él.

—¿Por qué?

Quise responderle. Gritarle que no era por él, sino por mí. Por la culpa. Por lo que soy. Por lo que hice.

—Porque nadie más las ha visto —dije, temblando—. Solo Tristán. Yo… me siento sucia cuando las ven.

El silencio que siguió fue diferente. No era incómodo. Era profundo. Como si su alma tocara la mía sin necesidad de palabras.

Y entonces habló:

—¿Sabes qué veo yo? Huellas. No de algo que deba avergonzarte, sino de algo que sobreviviste. Las cicatrices no aparecen sin razón… son la forma en que el cuerpo recuerda que luchó. Y ganó.

Sus palabras cayeron sobre mí como lluvia tibia después de una tormenta.

Pero lo que vino después... me desarmó.

—Si algún día te miro distinto... será porque me enamoro más. Porque entiendo un poco mejor todo lo que llevas dentro.

Mi respiración se cortó. El mundo pareció detenerse por un segundo.

¿Me… enamoro más? ¿De mí?

Seguro estaba malinterpretando todo.

No supe qué decir. Guardamos silencio, hasta que después de un largo momento, Lancelot volvió a hablar:

—Hoy estuve con ella.

No sé por qué, pero al oír eso, mi pecho sintió un par de punzadas.

—Es muy linda, ¿verdad? —pregunté, esforzándome por sonar natural.

—No es algo que me interese. Solo dime... ¿todo lo que dijo era verdad?

—Supongo que si te dijo eso, entonces sí —respondí, algo incómoda.

No podía decir más.
No debía.

—Oye, Lancelot... —lo llamé.

—¿Uh?

—No he dejado de pensar en ti... ni en ese beso que me diste ayer.

Él me miró sorprendido, pero su voz fue tranquila:

—Yo tampoco he dejado de pensar en eso.

—Es confuso lo que siento ahora...

—¿Te gustó? —preguntó sin rodeos.

Me sonrojé. Sentí las mejillas arder.
No soporté más esa cercanía, así que me puse de pie. No porque quisiera alejarme de él... sino porque el corazón me latía tan fuerte que me asustaba.

—¿Hay algo más que quieras decir, Kristen?

Negué apenas con la cabeza. Mentía, claro que mentía.

—¿Y tú? —pregunté en voz baja—. ¿Quieres decir algo más?

—¿Sería adecuado hacerlo?

Caí en tu mundo...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora