Narradora
Faltaban dos días para la boda.
En Liones, los jardines estaban repletos de flores encantadas, el cielo despejado parecía dar su bendición y todo indicaba que el reino celebraría una unión histórica. Tristán y Kristen.
Pero el destino, como siempre, tenía otros planes.
Kristen desapareció en la explanada del castillo. Un destello repentino, una vibración antigua en el aire, y luego… nada. Había intentado detener la pelea entre Lancelot y Tristán, los dos completamente cegados por el orgullo y la furia. Pero cuando el polvo se disipó, ella desapareció de la vista de todos, llevándose condigo a Lancelot quien en un intento fallido por sujetarla, el portal arrazó con el.
Horas más tarde, el enemigo apareció en Liones.
Ironside, rodeado por otros caballeros del Reino de Camelot, se dirigió con paso firme hacia el centro del reino. Los caballeros sacros apenas alcanzaron a reaccionar.
Exigían la entrega de Kristen. Decían que pertenecía a ellos.
Meliodas los recibió en silencio junto con los demas pecados, la sombra de sus alas apenas contenida por la rabia.
—¿Vienes a reclamar algo que no te pertenece, Ironside? —preguntó con una calma que erizaba la piel.
—La chica —dijo Ironside, sin rodeos—. Entréganos a Kristen. O lo lamentarán.
Los Pecados Capitales aparecieron uno a uno, listos para la guerra. Diane con su martillo temblando, King con el Chastiefol en su forma más aguda, Gowther analizaba, Ban herido y con rabia.
—Ella no está aquí...—gruñó Ban—. ¿O vienes a buscarnos pelea?
Y entonces, el cielo se abrió.
Esa voz. Esa maldita voz.
—Por favor, calma... No vengo a destruir su querida ciudad. Aún.
Era él.
Arthur Pendragon, el rey de Camelot.
Descendía sobre un barco flotante, rodeado de su élite. Su presencia era una afrenta.
Su sonrisa, un puñal.
—Ah, Meliodas —dijo, bajando al nivel del trono—. Justo a tiempo. Entrégame a Kristen.
—¿Qué dijiste? —La voz de Meliodas tembló, por primera vez no de miedo, sino de contención.
—Vengo por ella —repitió Arthur—. Es mía..
El aire se tensó.
Meliodas dio un paso al frente, la oscuridad latiendo en sus ojos.
—¿Qué hiciste?
—¿Perdón?
—Ella desapareció. Hoy. Justo aquí. Frente a todos. Y no solo ella. No quedó ni rastro. Y tú apareces como un vil cuervo. ¿Fuiste tú? ¿¡Te los llevaste!?
Arthur parpadeó. Frunció el ceño. Luego soltó una risa seca.
—¿Desaparecieron? ¿Ella y quien más? Y no... no fui yo.
—¡Deja de jugar conmigo! —gritó Meliodas, con una grieta de sombra saliendo de su espalda—. ¡Regresa a la prometida de mi hijo y a mi sobrino!
Arthur alzó las manos con lentitud. Tratando de disimular lo sorprendido que estaba.
—¡Vaya! Eso si que es una sorpresa pero lo digo en serio. No tengo a Kristen, ni a su jinete mas fuerte. De hecho, vine a raptarla ahora. Tenía todo planeado.
ESTÁS LEYENDO
Caí en tu mundo...
Fanfiction¿Te imaginas ser una chica de la era actual en que vivimos y fanática de los mangas y animes que por alguna extraña razón logras caer en el mundo de Nanatsu No Taiza y que los hijos de tus dos pecados favoritos se enamoren de ti creando una rivalida...
