Lancelot
Despertamos después de una pequeña siesta. Ya era de noche. Sentía un vacío en el estómago qué obligaba a salir de esta habitación.
Le propuse a Kristen salir al comedor pero ella se negó a bajar a cenar.
No hizo falta decir por qué. Su mirada, aún encendida de vergüenza, fue suficiente. Acaricié su cabello antes de salir de la habitación, dejando la puerta entreabierta por si se arrepentía.
En el comedor, los demás ya estaban sentados, se escuchaban sus risas. Pero cuando entré, la conversación se detuvo de golpe, como si alguien hubiera chasqueado los dedos y apagado el sonido.
—No dejen de comer por mí —dije, con calma.
Me senté. Los platos tintineaban de manera exageradamente normal. Percival se llevó una enorme cucharada a la boca, como si quisiera demostrar que no había escuchado nada.
Pero yo los escuché a ellos.
Sus pensamientos eran claros, ruidosos
"¿Por qué Kristen estaba tan molesta?
¿Qué fue eso que gritó?
¿Qué quiso decir con “no quiero volver a ser esa niña”?
Y… esas cicatrices…"
Los miré sin decir nada. Ellos bajaron la vista. Hasta que Tristán habló.
—¿Kristen está bien?
—Sí —respondí—. Solo cansada.
—¿Tiene que ver con lo que dijeron en el campo de entrenamiento?
Tragué saliva. Podría haber mentido. Podría haberlo esquivado.
Pero Kristen ha confiado en mí con su historia. Y los ojos de todos —inquietos, dolidos, confundidos— merecían entender.
—Sí. Tiene que ver —dije al fin—. Y creo que ya es hora de que lo sepan.
Las miradas se alzaron.
—Kristen no viene de este mundo. Lo saben. Pero lo que no saben… es que, en el suyo, fue víctima de las personas que se supone debían protegerla.
El silencio se hizo más espeso.
—Sus padres la sometieron a un tipo de entrenamiento inhumano desde que era una niña. Le enseñaron todas las artes marciales que pudieron… no por amor ni por orgullo. Sino para convertirla en una luchadora para su beneficio.
—¿Luchadora? —susurró Nasiens.
Asentí.
—Kristen fue obligada a combatir con otros niños frente a espectadores ricos. Gente que apostaba. Gente que disfrutaba de ver a niños sangrar. Ella ganó. Sobrevivió. Pero mató para hacerlo.
Annie cubrió sus labios con una mano. Isolda bajó la cabeza. Percival dejó el tenedor a medio camino.
—Las cicatrices que vieron… son de esos combates —continué—. Pero ella no recordaba nada de esto. Sus padres se aseguraban de borrar su memoria con inyecciones después de cada pelea.
—Eso es… horrible —murmuró Isolda.
—Lo es. Lo supimos cuando íbamos de regreso a Liones —expliqué—. Cuando entramos en ese bosque enredado, estábamos siendo seguidos por un grupo peligroso… los talismanes oscuros. Kristen notó que alguien nos acechaba. Y decidió quedarse atrás para darnos la oportunidad de escapar.
—¿Se enfrentó sola a uno de ellos? —preguntó Isolda horrorizada.
—A una mujer con poderes mentales. Kristen logró herirla. Estuvo a punto de matarla. Pero esa bruja… le devolvió todos los recuerdos que sus padres le habían borrado. Todo. De golpe. El peso, la culpa, la sangre, los gritos de niños... La destrozó por dentro.
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Caí en tu mundo...
Fanfiction¿Te imaginas ser una chica de la era actual en que vivimos y fanática de los mangas y animes que por alguna extraña razón logras caer en el mundo de Nanatsu No Taiza y que los hijos de tus dos pecados favoritos se enamoren de ti creando una rivalida...
