Lancelot
Esa noche subí con la bandeja en manos. Kristen se encontraba observando el paisaje a través de la ventana.
Sus pensamiento eran confusos.
Ruidosos.
—Supuse que tendrías hambre— Dije, mientras colocaba la bandeja en una mesa de la habitación.
—Gracias Lance.
Se puso de pie y tomó asiento para poder cenar. No decía nada. El silencio era algo extraño.
Hasta ella habló
Me estaba pidiendo seguir con ese entrenamiento.
No supe cómo tomarlo.
Ella no fue quien me pidió que la entrenara la primera vez. Fui yo quien, después de observar su desempeño durante las batallas en el camino, sintió la necesidad de intervenir. No por desconfianza, sino por miedo. Miedo de perderla. Miedo de no estar a su lado cuando más me necesitara.
Kristen no era débil. Al contrario, sabía defenderse con una destreza casi salvaje. Pero detrás de esa agilidad había un pasado que todavía pesaba demasiado. Lo notaba en sus ojos cuando apretaba la espada, en cómo a veces temblaban sus manos después de atacar. Ella usaba su fuerza como escudo, no como afirmación.
Por eso me alegró cuando, después de cenar una noche, se me acercó y me dijo:
—Entréname, Lancelot. Solo tres días. Quiero dejar de tener miedo de mi propio poder.
Accedí sin pensarlo. No porque creyera que tres días fueran suficientes, sino porque verla dispuesta a enfrentar su pasado ya era una victoria en sí misma.
[Primer día]
Seguí aplicando con ella el mismo método que había usado con Percival: imitar movimientos de enemigos anteriores, sin su personalidad, solo la técnica. Mi intención no era solo hacerla reaccionar, sino obligarla a recordar los combates y adaptar su cuerpo a responder de forma instintiva, no traumática.
Kristen se mantuvo firme. No retrocedió ni una vez. Vi en ella a la niña que fue obligada a pelear por sobrevivir... y también a la mujer que ahora elegía pelear por vivir.
Hubo momentos donde se contuvo, donde el recuerdo de lo que había hecho en su niñez parecía apretarle el alma. Me acerqué en silencio cuando eso pasaba, solo para tocar su hombro. No con palabras, sino con presencia.
Esa noche dormimos juntos, como siempre. Pero esta vez, la abracé más fuerte.
[Segundo día]
Antes de iniciar el día, le entregué algo que estuve preparando en secreto la durante la noche: un conjunto de entrenamiento que consistía en un top ajustado y un short cómodo, ambos hechos con una de mis propias prendas.
—¿Esto... lo cosiste tú? —preguntó, con una mezcla de sorpresa y ternura.
—Sí. Mi ropa fue confeccionada por mi tío King, él mismo la encantó para resistir magia ofensiva. Aprendí algunas cosas viéndolo. No soy un experto, pero quise intentarlo para ti.
Ella acarició la tela con los dedos como si fuera un regalo sagrado.
Luego alzó la mirada y bromeó:
—¿Y si te pido una lencería encantada también? Prometo modelártela... solo en privado.
Me quedé sin palabras. Solo atiné a responder:
—¿Estás tratando de matarme o de entrenar?
—Ambas cosas—Rió antes de salir con paso ligero hacia la zona de entrenamiento.
Reí ante su comentario pero luego regrese a mi carácter duro.
—Hoy será un poco más difícil. Percy me dijo que tendríamos algunos percivalines en nuestro entrenamiento.
—¿A quién te refieres?
—Voy a tratar de herirte, si me pasó de la raya ellos te curarán.
Su cara de terror me lo decía todo. Pero intenté no tomarle importancia.
Ese día fue aún más exigente. Kristen perfeccionó sus ataques con la espada. Aprendió a invocarla y desvanecerla solo pronunciando su nombre y en cuestión de segundos. También logró combinar sus ataques.
Su destreza crecía al mismo tiempo que su confianza. Pero también su agotamiento. Terminó el día jadeando, el rostro empapado en sudor y el cuerpo temblando. Aun así, se mantuvo erguida.
Esa noche, cuando entramos a nuestra habitación, se quitó el conjunto con un suspiro y dijo:
—Hoy no tengo fuerzas ni para una broma. Solo... abrázame.
Y lo hice. Con el alma.
[Tercer día]
Este último dia fue el cierre perfecto. No porque todo saliera sin errores, sino porque por primera vez vi a Kristen usando sus habilidades sin el peso de la culpa. Golpeó con precisión. Evitó con elegancia. Atacó con decisión. Su cuerpo era una danza firme entre fuerza y belleza.
Cuando terminamos, se desplomó de rodillas. No de dolor, sino de alivio. Me arrodillé junto a ella y la abracé desde atrás, rodeando su torso con mis brazos mientras apoyaba mi mentón sobre su hombro.
—Lo lograste—le susurré.
—No sola —respondió— Gracias por creer en mí, incluso cuando yo no lo hacía.
[...]
El entrenamiento dió frutos. Pero también tuvo consecuencias. El cansancio se convirtió en rutina. Durante estas tres noches apenas hablábamos. Se desvestía, se acurrucaba entre mis brazos y se dormía casi al instante. Yo la observaba dormir en silencio, agradeciendo que estuviera viva, entera, conmigo.
Me hizo falta más de su risa, de su voz, de sus besos. Pero no reclamaba. No podía. Porque cada noche que ella elegía dormir a mi lado era una victoria contra ese pasado que durante años quiso destruirla.
Y yo... yo la amaba más por eso.
Creí que solo serian así estas tres noches. Sin embargo, el estar organizado la siguiente salida nos llevaba mucho tiempo durante esas juntas. Y cuando regresaba a la habitación. Ella ya se encontraba dormida.
Así fueron estos últimos días.
Esto de ser uno de los profetizados me frustraba un poco.
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Caí en tu mundo...
Fanfiction¿Te imaginas ser una chica de la era actual en que vivimos y fanática de los mangas y animes que por alguna extraña razón logras caer en el mundo de Nanatsu No Taiza y que los hijos de tus dos pecados favoritos se enamoren de ti creando una rivalida...
