Capítulo 57

654 92 19
                                        

Kristen

El suelo temblaba. No como una vibración leve, sino como si la tierra misma se quebrara bajo nuestros pies. Era un estruendo profundo, como un rugido de algo antiguo. Nos costaba mantenernos en pie; muchos caímos, tropezando unos con otros, tratando de entender qué demonios pasaba.

Y entonces… Percival.

Su cuerpo se quedó inmóvil.

Como si el alma se le hubiese escapado de golpe. Cayó de rodillas y luego al suelo. Sus ojos abiertos, pero vacíos. Sus brazos extendidos sin fuerza. Su espada aún ardía con una luz tenue... hasta que también se apagó.

—¡Percival! —gritó Annie, corriendo hacia él.

—¡No se mueve! —exclamó Donny, desesperado.

Nadie respiraba. Nadie hablaba. Solo el eco del temblor y nuestros corazones reventando en el pecho.
Mi mente se llenó de un zumbido, como si estuviera bajo el agua. Me sentí mareada. Sorda. Lejana.

Pasaron segundos.

O minutos. No lo sé.

Pero se sintieron como una eternidad.

Lancelot intentaba reanimarlo, golpeando su pecho, llorando, suplicando.

Ñ. Lancelot se arrodilló, lo tomó entre sus brazos, sacudió su cuerpo con desesperación.

—¡Vamos, Percy! ¡Abre los ojos! ¡Vamos, Percival!

El temblor comenzó a calmarse.

La criatura bajo nuestros pies… esa bestia que había despertado parecía haberse rendido al silencio.

Y justo entonces, Percival volvió.

Sus ojos parpadearon.

—¿Dónde…? —musitó.

La exhalación colectiva de alivio fue casi tan fuerte como un grito.

Nansies lo abrazó, sollozando. Annie cayó de rodillas, agradecido. Lancelot se quedó en shock, sujetando su cuerpo con los brazos, como si aún no pudiera creer que estaba vivo.

Y fue justo ahí…

Justo cuando nuestra guardia bajó…
Y esos bastardos aprovecharon.

Los caballeros del Caos irrumpieron como sombras. Magia negra en sus manos.

Éramos un grupo herido. Exhaustos. Vulnerables.

Y ellos lo sabían.

Finalmente, fuimos emboscados por las tropas de Arthur. Percival había desaparecido junto a ese caballero. Lancelot y Tristán peleaban a lo lejos, fueron tas el sujeto extraño que poseía poderes del clan de las diosas. Los demás, tuvimos que lidiar con el resto.

Otra vez esa sensación extraña se apoderaba de mí: como si todo esto ya lo hubiera visto... desde fuera... como si no fuera yo la que lo vivía.

La angustia por Percival era un nudo colectivo en nuestros pechos. Según aquella joven que él había salvado y la cual le devolvio su espada, lo llevaron a una explanada para un combate singular. El contrincante era nada menos que el cuñado de Ironside. Una pelea familiar. Qué irónico. Qué trágico.

Pasaron horas.

Y entonces, Percival regresó. Había vencido. Le quitó la vida al otro caballero... pero también perdió algo de sí mismo.

Por un instante creímos que todo había acabado. Pero Ironside hizo su aparición, contando la verdad que él escondía.

Percival no era su verdadero hijo. Solo quería usarlo para ayudar a Diodora. El niño que Ironside tuvo con la mujer que amó. Percival quedo destrozado ante sus crueles palabras. Una carga. Un problema. Un error. Eso era Percival ante los ojos de ese imbecil.

Caí en tu mundo...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora