Capítulo 77

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Narradora

El castillo de Liones estaba más bullicioso de lo normal. Sirvientes y ayudantes iban de un lado a otro con telas, flores, guirnaldas. La celebración que los reyes preparaban no era una cualquiera: era el cumpleaños de Kristen, y no querían que nada quedara a la improvisación.

Desde temprano, la joven había sido llevada de una sala a otra. Pruebas de vestidos, peinados elaborados, maquillaje que iba y venía. Todo un día antes para no tener prisas al amanecer. Kristen agradecía el detalle, de verdad… pero también empezaba a sentirse un poco abrumada.

—Solo será un día… ¿por qué hacer tanto? —murmuró, sentada frente a un espejo, mientras una doncella le acomodaba la capa de un vestido dorado.

Tristán, recargado en el marco de la puerta, rió.

—Así me siento cada vez que llega mi cumpleaños. Ya pedí que dejaran de hacerme tanta celebración, pero así son mis padres. No escuchan.

—Escuché en los pasillos que todo Liones está invitado —añadió ella, ladeando la cabeza.

—Es cierto. Todos quieren estar presentes para tu presentación oficial. Para ellos… eres parte de esta familia.

Hubo una pausa. Tristán la miró con cierta ternura. Kristen estaba preciosa, aunque su incomodidad se notaba.

—¿Quieres escapar?

Ella alzó una ceja, divertida.

—¿A dónde?

—A un sitio tranquilo. Lejos de todo. ¿Qué te parece… unas aguas termales? Descubrí unas hace poco.

Kristen no dudó. Tristán siempre había sido esa presencia que la hacía sentir en casa, incluso lejos de ella.

Salieron casi a escondidas del castillo, llevando solo una muda de ropa, una toalla, y algo de fruta que él había robado de la cocina.

—Nana, dile a todos que regresamos más tarde… o tal vez no —bromeó Tristán al pasar junto a la mujer, que los miraba con cierta alegría.

Llegaron al lugar al atardecer. Las termas estaban escondidas en un claro rodeado de piedra y musgo. El vapor se alzaba suave sobre el agua. Era cálido, tranquilo. Privado.

Kristen miró el agua, sus labios entreabiertos. Dudó. A pesar de que ya no tenía las cicatrices que antes recorrían su cuerpo, había algo que aún le pesaba. Había cambiado. Su cuerpo había tomado nuevas formas. Sus pechos más firmes, sus caderas más pronunciadas. Había crecido, madurado… y eso la hacía sentirse un poco vulnerable.

Tristán notó su duda.

—Si te da vergüenza... puedo meterme con los ojos cerrados —bromeó, y ella soltó una risa nerviosa.

—Tonto.

Él se despojó de la camisa sin pensarlo demasiado, dejándola a un lado antes de mirar el agua.

—Ven. Te juro que está perfecta —dijo, y sin más, la tomó de la cintura y la alzó entre risas. Kristen gritó entre carcajadas mientras él la arrastraba al agua.

—¡Tristán, no! ¡La ropa! —se quejaba ella, empapada.

—Ya estás dentro —respondió él, divertido—. Lo hecho, hecho está.

El calor del agua calmó sus nervios. Pronto estaban nadando, salpicándose como en los viejos tiempos. Se empujaban suavemente, se reían, flotaban con la cabeza apenas fuera del agua. Jugaban con la confianza de quienes ya sabían lo que era perderse y reencontrarse.

Caí en tu mundo...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora