Capítulo 50

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Narradora

Apenas llevaban cuatro días en aquel reino. La comida era buena. El castillo, acogedor, por más extraño que pudiera parecer.

Percival y su recién formado pelotón estaban ocupados con el entrenamiento que Lancelot les había asignado.

Kristen, sin embargo, había estado algo distante durante los últimos tres días. No porque quisiera. Lancelot estaba ocupado, y ella lo entendía. Se tomaba muy en serio su propósito de ayudar a los chicos.

Por alguna razón, amaba esa parte de él. Siempre tomando la iniciativa. Siempre comportándose como un líder.

Recordaba haberle preguntado si también habría algún entrenamiento para ella, pero él solo le dijo que sería después. Que, por el momento, descansara un poco. Y eso... la aburría.

Su aburrimiento la llevaba a perderse por cada rincón del castillo.

Hasta que llegó a una especie de jardín que se encontraba por la parte trasera del castillo.

Se sentó sobre un muro que dividía un pasillo y el jardín mirando el cielo púrpura que cubría aquel mundo extraño.

Parecía estar distraída entre sus pensamientos.

Hasta que alguien apareció.

Tristán.

Quien se acercó, con pasos medidos, cargando con algo en el pecho que necesitaba soltar.

—¿Puedo...? —preguntó, señalando el espacio a su lado.

—Claro —respondió ella, sin apartar la vista del horizonte.

Durante unos segundos, solo los sonidos lejanos del castillo llenaban el aire. Entrenamientos. Risas apagadas. El murmullo del viento.

—Te escuché hablar con Isolda ayer —dijo él al fin.

Kristen giró apenas el rostro, pero no contestó. Tristán continuó.

—Y no vine a pedirte explicaciones. Solo… me di cuenta de cuánto tiempo ha pasado. De cuánto hemos cambiado.

Ella suspiró con suavidad.

—Sí. Cambiamos. Lo que fuimos ya no existe, Tristán. Pero no me pesa. Agradezco lo que tuvimos, lo que hiciste por mi… y también que se haya terminado.

Tristán bajó la mirada.

—Yo también. Pero no quiero perderte del todo, Kristen. Aún te considero alguien importante. No por nostalgia… sino por lo que eres. Por lo que representaste cuando más lo necesitaba.

Ella esbozó una sonrisa, breve, sincera.

—Gracias. Me alegra escucharlo. Y yo también… siempre voy a valorarte.

Tristán quiso decir algo más, pero de pronto notó cómo ella se tensaba.

Kristen apretó los párpados, frunciendo el ceño como si una punzada invisible la hubiese atravesado.

Caí en tu mundo...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora