Narradora
El castillo estaba en silencio esa tarde, apenas perturbado por una melodía suave que se deslizaba por los corredores de piedra. Desde el salón de música, los acordes del piano llenaban el aire con una dulzura melancólica, como si quien los tocara intentara recordar algo perdido.
Kristen tenía los ojos cerrados mientras sus dedos acariciaban las teclas. No pensaba en nada, o tal vez pensaba en todo. El sonido nacía solo, sin esfuerzo, como si lo hubiera tocado muchas veces antes. Como si esa melodía viniera de otra vida.
La luz del atardecer bañaba la estancia con un resplandor dorado, iluminando el rostro concentrado de la joven. Su vestido crema colgaba suavemente de su cuerpo, y su cabello caía libre sobre sus hombros.
Fue entonces cuando la música se detuvo.
—Quiero que lo dejes en paz.
Kristen alzó la vista, sobresaltada. En la entrada estaba Isolda, de pie, con los ojos enrojecidos y la voz cargada de algo más que enojo: herida.
—¿De qué hablas? —preguntó Kristen, con tono neutro, intentando sonar amable.
—Deja en paz al señor Tristán.
Kristen parpadeó, confundida.
—No... no entiendo. Yo no he hecho nada.
—¿No es suficiente con haberlo cambiado por Lancelot? ¿No te bastó con romperle el corazón, con destrozarlo? —la voz de Isolda temblaba—. Y ahora que todo te salió mal, ¿vuelves a sus brazos como si nada hubiera pasado?
Kristen abrió los labios, pero no dijo nada. La imagen de Lancelot parpadeó en su mente como un relámpago fugaz.
—Lancelot… —susurró.
El solo hecho de pronunciar su nombre la hizo estremecer.
Y fue ahí cuando el dolor la golpeó. Un puñal invisible se hundió en su sien, y todo su cuerpo se estremeció. Se llevó ambas manos a la cabeza.
—Para... para, por favor...
Isolda, cegada por los celos y el temor, no se detuvo.
—¿Te parece justo? ¿Que tú, con todo lo que tienes, encima te atrevas a cargar su apellido? ¡Como si fueras digna! Como si al morir hubieras vuelto convertida en una santa que merece amor, compasión y promesas.
—¡Isolda...! —gimió Kristen, con los ojos apretados por el dolor—. ¡Me duele... por favor, basta!
—¡Y no solo eso! —continuó Isolda, con los ojos llenos de lágrimas—. ¿Sabes lo que dicen de ti en el pueblo? Que la princesa Kristen Liones fue traída del más allá. Que su muerte le ganó un lugar en el corazón de los dioses. ¡Que tu sangre vale más por haber muerto joven! ¿Y sabes qué dicen de mí? Que solo fui la sustituta. La sombra que te cuidó el sitio. ¡Nunca fuiste mi amiga! ¡Nunca fuiste sincera!
Kristen se dobló de dolor, y un gemido escapó de su garganta. La cabeza le latía como si estuviera a punto de estallar. Voces. Gritos. Rostros conocidos y desconocidos giraban en su mente como espejos rotos.
—¡Isolda, detente! —suplicó Kristen, jadeando.
Pero el dolor no se detuvo. Una imagen destelló con violencia en su mente.
El bosque. A Lancelot tratándola como una basura.
La niebla. Las hadas que se fuera.
Y luego…
…su rostro. Su rostro quemándose.
—¡Lancelot! —gritó ella, cayendo de rodillas.
—¿Qué estás diciendo? —Isolda retrocedió, desconcertada.
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Caí en tu mundo...
Fanfiction¿Te imaginas ser una chica de la era actual en que vivimos y fanática de los mangas y animes que por alguna extraña razón logras caer en el mundo de Nanatsu No Taiza y que los hijos de tus dos pecados favoritos se enamoren de ti creando una rivalida...
