Rigel se había quedado cuidando de Sybil mientras Viveka había salido de nuevo en compañía de los otros dos betas y el grupo de lobos que venían de fuera. Estaba tan atento a la entrada de ese pequeño dormitorio y con los pensamientos en otra parte que no notó que la pelirroja ya había despertado y que llevaba largo tiempo observándonlo.
—Eres grotesco — dijo de pronto la pelirroja.
Los ojos bicolor del joven se posaron sobre ella casi de inmediato.
—¿Disculpa?
—Eres impuro; una cruza entre humano y licántropo. No eres ni hombre ni lobo.
Rigel bajó la mirada como si eso lo avergonzará.
—Tu apariencia deforme te delató, muchos te vimos, pero tampoco eres un impuro cualquiera. Tu fuerza supera incluso a la de un lobo alfa y tus ojos… brillan de una forma que causa pavor, algo que solo se ve en antiguas leyendas. ¿Por qué? ¿Qué cosa eres?
Rigel la miró de nuevo.
—¿De verdad quieres saberlo?
La mujer asintió con la cabeza y Rigel echó un vistazo a su alrededor para rectificar que esa habitación fuera segura y que nadie pudiera escucharlos. Volvió su vista a la pelirroja que lo miraba expectante y se acercó a susurrarle su secreto.
—Soy el lobo que viene de las estrellas.
Cuando se apartó Sybil lo miraba incrédula.
—¿Pero cómo? No llevas las marcas del sol en la piel.
—Lo sé — admitió el chico — pero es verdad. Los recuerdos de aquellos tiempos han regresado.
—Si eso es cierto, entonces tú puedes salvarnos de las garras de ese lunático.
—No sé si pueda — agachó la mirada —. Ya intenté ayudar a otros y terminó en desgracia. Temo que si intervengo, este pueblo tenga el mismo destino. Y todo porque no tengo control sobre lo que soy.
La loba alargó la mano para tomar la de él y extrañamente sintió cómo su fuerza regresaba y sus heridas dejaban de doler. Sus dudas se disiparon, él era el lobo de las leyendas, el primer licántropo que pisó la tierra y poseedor de un poder implacable.
—Las leyendas solo hablan de un poder similar al de un dios, un poder capaz de traer fortuna o desgracia, pero en realidad no tienes idea de nada, ¿verdad?
—Ella solo me dejó ahí… juró que nos volveríamos a encontrar, pero… jamás me habló del poder que me obsequió.
No hubo necesidad de preguntar para saber que hablaba de la diosa luna. Sybil de nuevo alargó la mano y removió un mechón de pelo para contemplar el rostro del joven a su lado.
—Tal vez no debías salvar a esa gente, te usaron, y en ellos cayó la desgracia. Ahora estás aquí, llegaste por tu cuenta, lo que significa que ella está aquí. Sabes quién es, ¿cierto? ¿Por qué no vas con ella?
—Le prometí a tu hermana que te cuidaría.
—Yo estaré bien. Ve con ella.
Rigel se puso de pie, pero Sybil lo detuvo de nuevo tomándolo de la mano.
—¿Me concedes un deseo, lobo estrella?
—Lo intentaré.
Ella sonrió.
—Si no puedes salvar a este pueblo, al menos trae a mi Robert de vuelta… has que regrese a mí…
Volvió a sucumbir en un profundo sueño, uno donde estaba junto a su amado, sin saber que había sido el propio Rigel quien la había inducido a este.
Rigel se dispuso a salir del búnker, encontrándose con el caos y el fuego extendiéndose rápidamente bajo ese cielo sin estrellas y relámpagos que anunciaban una tormenta, recordándole su pasado en ese olvidado pueblo donde estuvieron cerca de sacrificarlo y ofrecerle sus entrañas al sol. Sintió una oleada de emociones, sabía que el dios sol estaba cerca, podía sentirlo, sabía que lo encontraría y que lucharían hasta que solo uno quedará en pie. ¿Saldría victorioso en esta otra vida?
Primero debía encontrar a su amada diosa luna, saber que estaba bien y ocultarla para que el sol no la encontrara; para que no volviera a presenciar la hórrida batalla. Comenzó a correr rumbo a la plaza principal, quería llegar a la casa del alfa y sacar a Nova de su prisión, a su paso vio a varios hombres del alfa aplicando arrestos domiciliarios, sometiendo a los intermedios con violencia y metiéndolos a sus casas mientras que a los omega, que solo se mantenían al margen de la situación, les propinaban fuertes golpizas por simple gusto y los dejaban ahí. Pudo ver que muchos se resistían a los arrestos y luchaban en su forma lobuna contra los deltas, aún sabiendo que estos los superaban en fuerza y que no tardarían en ser vencidos y sucumbir al nuevo régimen.
Se detuvo a solo unos pasos de la plaza principal en donde vio a la hermana de Sybil de pie frente a la casa del alfa y gruñía con fiereza mientras sus ojos verdes resplandecían como dos grandes esmeraldas; estaba siendo escoltada por los otros dos betas y el grupo de forasteros, protegiéndola del disturbio y de cualquiera que quisiera dañarla.
—¡Yo, Viveka Braun! — bramó con determinación — ¡Reto a Patrick Klein por el rango de lobo alfa de la manada Hoffmann!
Los licántropos a su alrededor dejaron de pelear al instante, como si esa voz tuviera algún poder sobre ellos, y voltearon a mirarla, ansiosos de lo que pudiera pasar. Patrick salió al balcón, con parte de su lobo liberado y sus brillantes ojos amarillos desbordaban rabia y locura, no podía creer lo que acababa de escuchar.
—¡No! ¡No puedes! — rugió — ¡Dijiste que no tenías interés en ser alfa!
—Sé lo que dije, pero no voy a permitir que sigas haciendo lo que te plazca. Pasaste por encima de nuestras leyes y tradiciones y ocupaste un lugar al cual no tienes derecho.
Patrick apretó los dientes y sus zarpas se aferraron con fuerza al barandal.
—¡Maldita bruja, haré que te cuelguen! ¡Además, no puedes retarme! ¡El consejo ya no existe!
—¡¿Y creíste que nunca nadie encontraría esto?! — levantó un documento en alto para que todos lo vieran.
Los ojos del alfa se mostraron horrorizados, mostrando cierto temor y desconcierto. En ese documento su padre había estipulado que si su sucesor rompía el juramento de nunca hacerle daño a su hija menor, podía ser removido de su puesto por otro licántropo que haya firmado dicho papel y que lo rete a un duelo. Todos los miembros del consejo habían firmado, incluso él y sus hermanos; estaba acabado, pero ¿cómo? Había ordenado que ese documento fuera destruido una vez que se sentó en el trono de su padre, ¿cómo es que terminó en manos de esa hembra?.
«El profeta…» pensó. Y su rostro se contorsionó en un horrible gesto de rabia que ya le era imposible contener «Ese maldito tenía una copia.»
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Omega
WerewolfCuando Nova descubrió que era incapaz de cambiar de forma como los otros licántropos, inmediatamente fue rechazada por su familia y se le asignó el rango más bajo de la manada, ser una omega, convirtiéndose en la sirviente de un solitario hombre que...
