—¡Maldición! — gruñó un malhumorado Patrick — Debí encerrarlo cuando tuve oportunidad.
—¿Por qué te preocupa? — preguntó Kellen de forma desinteresada — No lo necesitas, ya tienes lo que quieres, ¿qué más da si se fue?
—No lo entiendes.
—¿Qué cosa?
Patrick frunció ligeramente el ceño y gruñó muy bajo al tiempo que daba otra calada a su cigarro. Claramente no tenía la mínima intención de revelarle a Kellen la verdad sobre Nova y los planes que su padre tenía para ella, y de que su tío era el único que podría echar abajo todo lo que tanto le había costado conseguir. Con su tío prófugo estaba sobre terreno vulnerable, lo perdería todo, por lo que era crucial encontrarlo así tuviera que quemar el bosque entero con tal de hacerlo salir de dónde quiera que estuviera escondido.
—Nada — respondió a secas y fue directo a sentarse en su cómoda silla — ¿En dónde demonios está Robert?
—En casa de sus suegros. Él y su compañera se mudaron ahí poco después de que padre murió.
Patrick de nuevo gruñó y aplastó el cigarro contra el cenicero de cristal que estaba sobre el escritorio.
—¿Y mamá? — preguntó Kellen.
—¿Qué pasa con ella? — respondió molesto.
—Nada — se alzó de hombros y desvió la mirada — Solo creí que sería bueno visitarla.
El nuevo alfa de Hoffmann no respondió, dejando claro que no tenía interés en saber de su madre ni de otra cosa que no fuera el paradero de su tío, sin imaginar que pronto otro problema se le vendría encima cuando repentinamente las puertas del despacho se abrieron de golpe y apareció una mujer de vestido largo y un delicado velo que le cubría el rostro.
—¿Qué pasa contigo? — exclamó el alfa — No puedes estar aquí. ¿Cómo diablos entraste?
—Eso no importa — replicó la mujer — mejor dime en dónde está.
—¿De qué hablas, profeta?
Inmediatamente la mujer señaló con un dedo a Kellen.
—Tu hermano prometió que nos entregaría a Rigel Kölher una vez que pudieras sentarte en esa silla.
Los ojos marrones del alfa mostraron un ligero brillo amarillo y se posaron directo sobre el mencionado; claro que no sabía nada sobre aquel trato, pero sin ello no había podido reclutar a la manada de aquella profeta para cumplir su cometido, por lo que no protestó contra su hermano. No tenía problema en entregar al muchacho de ojos bicolor, muy en lo personal no le resultaba útil conservarlo; sin embargo la manada esperaba que el asesino del antiguo alfa fuera castigado, y si él como hijo y sucesor no llevaba a cabo la sentencia sería mal visto por todos y probablemente quedaría como un licántropo débil incapaz de dirigirlos.
—Alfa — continuó la profeta — solo pido lo que me prometieron. Si lo entregan, nunca más sabrán de nosotros.
«Maldita bruja — pensó mientras la miraba y esbozaba una falsa sonrisa — primero voy a deshacerme de ti y luego de tu patética manada.»
—De acuerdo — dijo — un trato es un trato.
Se levantó de su asiento y seguido de Kellen y la mujer tomaron camino al sitio donde ponían a los prisioneros. Esa tarde no había nadie montando guardia, todo estaba en completo silencio, era como si no les preocupara de que su único prisionero pudiera escapar. Patrick se detuvo a mitad del camino y se giró a ver a la profeta.
—¿Sabes qué? — sonrió mostrando los colmillos — Lo he pensado mejor y creo que el muchacho debe quedarse.
En ese momento Kellen se echó a reír y la profeta no tuvo tiempo de replicar cuando la enorme garra del alfa la aprisionó por el cuello y el velo que la cubría caía al suelo.
—Lamento esto — dijo sarcástico el alfa — pero el chico asesinó a mi padre y es mi deber hacer justicia.
—Pero tú…
—Cállate — le interrumpió, apretando un poco más su agarre — Ojalá me fueras útil, pero de nada me sirve una profeta que ha perdido su don.
—Mi… mi manada sabe que vine… — dijo sin aliento — y si no regreso…
—No intentes amenazarme — gruñó — Tu manada no es nada comparada con aquellos que me siguen. Exterminarlos será muy sencillo.
—Hazlo… y nunca podrás deshacerte del chico.
—¿Qué intentas decir con eso? — preguntó Kellen.
—¿De verdad… creen que un poco de plata y… una celda van a detenerlo hasta… su ejecución? — rio un poco a pesar de lo difícil que era debido a la falta de aire — No tienen ni idea…
—¡Suficiente! — rugió Patrick al tiempo que asfixiaba más a la mujer — Ya me cansé de ti y los tuyos. Ya tengo lo que quiero y ustedes ya no me sirven.
—Lo… lamentarán…
—Lo único que lamento es seguir escuchando tu basura — se burló Kellen y luego se dirigió a su hermano — Acabemos con esto, ¿quieres? Todavía tenemos que deshacernos del prisionero.
—No podrán… — insistió la profeta — Después… de tantos años… hallé la forma de detenerlo…
—Ya déjate de tonterías, mujer. Todas esas ideas absurdas sobre una antigua leyenda no son más que un montón de basura.
—¿Una leyenda? — preguntó el alfa.
—Sí — respondió con desdén — Esta hembra estúpida y su manada creen en la leyenda del lobo y la luna, y creen que ese chico tiene algo que ver. Es por eso que se unieron a nosotros, solo no te lo dije porque es totalmente ridículo.
—¿Estás diciéndo que ese chico es…?
—Lo es — se adelantó a responder la profeta — Y si ustedes…
—¡No! ¡No es así! — protestó Kellen callandola — Hermano, esta mujer está demente, creo que le afectó demasiado lo que le pasó a su pueblo.
Patrick gruñó molesto, algo confundido, pero cierto o no de lo único que estaba seguro era que si no hacía nada respecto a su hermana, el profeta del pueblo y el forastero de ojos bicolor terminaría siendo un completo idiota ante todo Hoffmann.
—Ya me cansé de esto — dijo luego de una breve pausa — Es momento de terminar.
Lo último que la mujer vio fue al alfa terminar su transformación y abrir sus enormes fauces para terminar con su vida.
ESTÁS LEYENDO
Omega
Hombres LoboCuando Nova descubrió que era incapaz de cambiar de forma como los otros licántropos, inmediatamente fue rechazada por su familia y se le asignó el rango más bajo de la manada, ser una omega, convirtiéndose en la sirviente de un solitario hombre que...
