Capítulo 59

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—¡Deténganse! — gruñó un joven lobo de ojos castaños.

El grupo de niños, no mayores que él y que hace solo un instante molestaban a una tímida niña, se giraron a verlo y gruñeron de vuelta de forma retadora. El joven lobo miró por un instante a la niña que miraba con tristeza su gatito de peluche al que le habían roto la cabeza, lo que lo hizo enfurecer y de nuevo gruñó a aquellos niños.

—¿Se sienten muy rudos al molestar a una niña menor que ustedes?

—¿Y quién te crees tú para meterte en lo que no te importa?

El joven se irguió lleno de orgullo.

—Soy hijo de Anna y Memphis Klein — señaló a la niña — y ella es mi hermana.

Los niños de inmediato mostraron temor y bajaron la cabeza arrepentidos; el joven ante ellos poseía un rango mayor al suyo y aunque era solo un muchacho podía darles una buena lección si así lo deseaba. No eran más que bravucones que se sentían con el derecho de poder molestar a los pequeños que aún no poseían a su lobo ni mucho menos un rango. No imaginaron que un día alguien llegaría a ponerles un alto.

—Váyanse de aquí — ordenó el joven — Si los veo de nuevo molestando a los pequeños se lo diré a mi padre para que sean sus propios padres los que paguen las consecuencias.

Gruñó una vez más y los niños salieron corriendo del lugar. Volvió a mirar a la niña que aún no decía nada y se arrodilló a su lado.

—No te preocupes — le dijo — Le diremos a madre que arregle tu gatito.

La niña lo miró.

—Ya no temas — continuó diciendo el hermano mayor — Nadie volverá a molestarte y si eso pasa yo estaré ahí para protegerte, ¿entendiste?.

La pequeña asintió y luego lo tomó de la mano para ir juntos a casa.



No tenía ningún sentido que aquel recuerdo viniera a su cabeza cuando Kellen, el mismo que había prometido protegerla, ponía las manos alrededor de su cuello para estrangularla luego de haberla golpeado varias veces en el rostro. Mientras luchaba por respirar, su mirada se mantenía fija en los destellantes ojos de su hermano, los cuales parecían vacíos, sin vida, muy lejanos de aquella mirada fría que ella conocía.

—Maldita — espetó Kellen con rabia — ¿Por qué no te mueres de una vez?

Gruñó y terminó por arrojarla contra el suelo solo para soltarle un puntapié en la cabeza provocando que a la lobita se le nublara la vista por unos segundos. Si esa omega iba a morir no iba a ser por mano suya, no era su presa, era la de Patrick.

—Jamás… — musitó Nova adolorida y sin aliento — lo reparó…

Kellen gruñó de nuevo y se agachó para tomarla del pelo y mirarla a la cara.

—¿Qué dijiste?

—Mi gatito… — respondió la lobita — Madre nunca lo reparó. Preferiste ocultar lo que esos chicos me hicieron y…

—No sé de qué hablas — cortó con desdén — De lo único que estoy seguro es que madre nunca debió haberte parido.

Aunque la lobita estaba acostumbrada a ese tipo de comentarios, seguían doliendo tanto como el día en que toda su familia le dio la espalda y la envió al albergue para ser una omega.

—Mira el desastre que has provocado — continuó Kellen — Todo esto es por tu culpa.

Volvió a dejarla en el suelo y dirigió la mirada hacia donde Demian y los deltas peleaban en su forma de bestias. Era una dura batalla, pero a pesar del número de deltas y su gran organización de ataque, Demian los tenía bajo control, tal y como se esperaría de un licántropo beta de alto nivel; no tardaría en vencerlos a todos. Kellen gruñó molesto y sacó un arma que llevaba oculta en la espalda.

—Tu señor resultó ser un verdadero dolor de cabeza — dijo, mientras revisaba las balas de plata dentro del arma — Primero logra escapar de donde lo teníamos encerrado para mantenerlo a raya y luego viene aquí a querer salvarte y terminar con mis soldados. ¿Qué sigue? ¿Derrocar al alfa? — apuntó el cañón a Demian — No lo permitiré.

Nova lo miró con horror, segura de que él acabaría con la vida del hombre que amaba. No iba permitirlo, no iba a dejar que se lo arrebataran; así que se levantó con la poca fuerza que aún le quedaba y se abalanzó contra su hermano, consiguiendo que el arma cayera de sus manos y despertara su furia.

—¡Estúpida! — la abofeteó.

—¡No tienes que seguir con esto! — se abrazó nuevamente a él — ¡No dejes que Patrick te siga manipulando!

—¡Callate! — la jaloneo del cabello para apartarla — ¡Patrick solo busca lo que es mejor para todos! Es tu culpa que todo haya terminado así.

—¡No! ¡Tú sabes que no!

Soltó un golpe contra el rostro de Kellen para liberarse, desgarrándole la carne con las afiladas garras negras que ahora ocupaban el lugar de sus pequeñas y frágiles uñas. Kellen retrocedió gimiendo de dolor y cubriéndose con ambas manos mientras la lobita miraba las garras que le habían salido totalmente desconcertada, casi con horror; ¿será que después de tantos años su lobo al fin había despertado?

—¡Perra maldita! — rugió Kellen.

La lobita no reaccionó a sus palabras, seguía confundida por lo que acababa de suceder, que no notó cuando su hermano recogió el arma y disparó dos veces. La chica no gritó, solo se desplomó en el suelo ante la mirada atónita de Demian que también había recibido un disparo y los deltas terminaron por apresarlo.







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