El hombre frente a la joven lobita era conocido por su aire misterioso y su incapacidad de expresar nada, aún así, y ante la mirada asombrada de la joven, rio un poco por la manera en que ella lo había llamado.
—Soy más que eso — dijo, con ese tono tranquilo que tanto lo definía — y en el fondo lo sabes.
Nova bajó la mirada temiendo dar una respuesta equivocada. Esa era la primera vez que se encontraban de frente, Ulfric solo la había visto un par de horas después de haber nacido, luego tuvo que mantenerse alejado por órdenes de Memphis; esperando en la distancia este momento.
—Me llamo Ulfric Klein — dijo el lobo — Soy tu tío.
Los ojos de la chica volvieron a mirarlo.
—Siempre supe de ti — comentó —, pero jamás imaginé que tuvieras algún tipo de relación conmigo. ¿Por qué?
Ulfric suspiró al tiempo que llevaba los brazos a su espalda y miraba al horizonte.
—La noche en que naciste hubo un eclipse. La luna se tiñó de rojo.
—Lo sé, padre me lo dijo. Dijo que por eso no tengo lobo; que soy una clase de castigo divino, una maldición, y que traería desgracia a la familia.
—¿En verdad crees eso?
—Ahora creo que lo es — expresó con pena — Papá murió, mamá perdió su puesto como alfa y mis hermanos terminaron odiándose y peleándose entre sí.
El lobo se quedó pensativo antes de responder.
—¿Y si te dijera que no eres ningún castigo o maldición?
—No comprendo — respondió confundida.
—Si realmente lo fueras, ¿no crees que te hubieran matado desde el principio?
Nova enmudeció.
—Cuando naciste tuve una visión que en un principio asustó a tu padre. A pesar de eso quiso protegerte creyendo que la mejor manera de hacerlo era darte el rango de omega y mantenerte lejos de mí.
Nova le miró con curiosidad, pero su expresión cambió cuando los ojos de su tío volvieron a resplandecer en un rojo vivo causando que un escalofrío recorriera su espalda provocandole cierta incomodidad. Era una sensación difícil de explicar, una que iba más allá del instinto, algo que le advertía que estaba cerca de descubrir una verdad que lo cambiaría todo.
—Te vi a ti — respondió el lobo casi en un susurro — tenías un pelaje blanco y ojos de un azul brillante.
La piel nívea de la lobita palideció mucho más de lo que ya era y un nudo se formó dentro de su garganta. Dentro de la licantropía los lobos blancos no existen y el que hubiera uno solo podía significar una cosa.
Ulfric no meditó sus palabras y las lanzó contra la lobita sin el más mínimo tacto, como quien lanza un balde de agua fría.
—Nova, tú eres la encarnación de la diosa luna.
Y el tiempo se detuvo en ese instante.
—Te vi llorar por amor — continuó diciendo — rodeada de fuego y caos. Igual que una vieja leyenda, igual que en el pasado.
Nova se mantenía inmóvil, en silencio, solo escuchando, y con la mirada clavada en la tierra, negándose a creer que fuera verdad.
—Mi hermano estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de no verte pasar por ese destino tan lleno de dolor.
«Ya he vivido en el dolor.» pensó la lobita apretando los puños casi con rabia.
—Él quería otro destino para ti, deseaba que tomarás su lugar como alfa. Todo estaba perfectamente planeado, solo debía evitar que la leyenda se cumpliera y esperar a que tú recordaras tu vida pasada.
Así que eso era, no importaba cuánto rechazo, cuántas burlas y cuántas humillaciones tuvo que soportar, solo querían asegurar su supervivencia para ponerla a la cabeza de la manada porque de no ser así, de no ser porque dentro de ella dormía la diosa lunar, la habrían matado. Y quizás hubiera descargado su enojo de no ser porque Robert apareció malherido y cansado, trató de llegar hasta ella pero se desplomó al primer paso.
Nova dejó de lado lo que sentía y corrió a su lado. Con dificultad logró ponerlo boca arriba y ponerlo en su regazo, le limpió la sangre del rostro con el puño de la camisa y sintió algo de alivio al verlo abrir los ojos.
—Todo es mi culpa — susurró la lobita.
—No, enana — respondió su hermano con la poca fuerza que le quedaba —. Nada de esto es tu culpa.
—Si lo es. De no ser por mí, padre todavía estaría vivo.
—Lo de padre iba a pasar de todos modos. Patrick siempre había añorado ser el alfa.
—¿Entonces por qué quiere matarme? ¿Por qué me odia tanto?
Robert negó con la cabeza, después miró al profeta como si quisiera preguntarle algo y luego solo se desvaneció en los brazos de su pequeña hermana. Los ojitos de la lobita se inundaron de lágrimas y se aferró al cuerpo de Robert con fuerza.
—Debemos irnos — dijo Ulfric totalmente indiferente — Tienes que recordar quién eres y detener a Patrick.
Nova gruñó bajo.
—Solo eso te importa. Esa es la única razón por la que padre me dejó con vida.
—No es así. Tu padre te amaba.
—No me interesa — gruñó de nuevo — No quiero saber nada sobre lo que soy o lo que fuí. Ni siquiera sé si creerte.
—Nunca te mentiría.
—Todos lo han hecho. Mamá, papá, mis hermanos — lo miró con el ceño fruncido — ¿Por qué tú serías diferente? Lo único real es el odio de Patrick y…
Volvió la mirada al rostro de su hermano.
—¿Y? — animó el profeta.
—El amor de Demian y Rigel por mí.
Se formó un silencio entre ellos, solo se escuchaba el silbar del viento y una pequeña risa que traía consigo. Kellen salió de entre las sombras con las manos manchadas de sangre y una sonrisa burlona en el rostro.
—¿Amor? — se mofó — No seas tonta. ¿Quién podría amarte? Tan solo mírate, das asco. Ni siquiera nuestros propios padres te amaron.
Nova bajó la mirada con dolor.
—Para con esto, Kellen — intervino Ulfric —. No va a terminar bien.
—Silencio, profeta — gruñó — ¿Crees que con ese don tuyo vas a detenerme? — rio — No pudiste evitar la muerte de mi padre.
Los ojos de Ulfric se encendieron.
—Ten cuidado con lo que dices — advirtió — Ya te dije que esto acabará mal.
Kellen sonrió mostrando sus afilados caninos.
—Nova — llamó el profeta sin apartar la vista de su sobrino — Vete de aquí. Sálvate.
La lobita ya no tenía deseos de escapar, estaba cansada de todo lo que estaba pasando a su alrededor por su causa, pero ¿qué podía hacer? No creía que realmente tuviera el poder de una diosa; se aferraba a creer que no era así. Se aferraba a la imagen de una triste omega incapaz de cambiar de forma
«Todo es culpa mía — pensó — Tal vez lo mejor para todos es que yo muera.»
«¡No! — gritó una voz dentro de su cabeza — Por favor, no mueras. Corre. Ya voy por ti, mi pequeña luna.»
Esa era la voz de Demian. Le palpitó el corazón con fuerza al saber que seguía con vida y que iría a su encuentro. Tenía que verlo, abrazarlo, sentirlo; era lo único real en su vida. Y corrió.
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Omega
WerewolfCuando Nova descubrió que era incapaz de cambiar de forma como los otros licántropos, inmediatamente fue rechazada por su familia y se le asignó el rango más bajo de la manada, ser una omega, convirtiéndose en la sirviente de un solitario hombre que...
