Capítulo 58

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Rigel se quedó estático ante la pelea que se desató en un abrir y cerrar de ojos delante de todos. Patrick había adquirido su forma lobuna y se arrojó del balcón hacia la plaza para enfrentarse a la pelirroja mientras que la guardia del alfa rápidamente despejaba el área mandando a los habitantes detrás de ellos; evitando que pudieran interferir en la lucha por el derecho de gobernar Hoffmann.

Todo le hacia recordar la desgracia de aquel pueblo que no pudo salvar. En esa ocasión el pueblo había sido atacado por otra manda mientras se celebraba el nombramiento de un nuevo lobo alfa y lo habían presionado para que usará su poder para salvarlos, pero todo terminó en fuego y muerte. ¿Hoffmann tendría el mismo destino si interfería? Ese era el hogar de su luna y al parecer ella le tenía estima a pesar de todo el dolor que había sufrido. ¿Valía la pena salvarlos? ¿Qué objetivo tenía el poder que le fue concedido? ¿Acaso su poder iba más allá de solo vencer al sol? ¿Qué debía hacer? Gruñó frustrado y removió su rebelde cabellera para despejar su mente y enfocarse en encontrar a Nova, ella era lo más importante ahora, así que retomó camino hacia la casa del alfa aprovechándose de que los guardias estaban demasiado ocupados tratando de mantener el orden como para prestarle atención.

Logró entrar a la casa sin problemas y se apresuró a llegar a donde se encontraban las celdas solo para darse cuenta que Nova no estaba en ninguna de ellas. Se dejó caer de rodillas dentro de la última celda donde el aroma a frambuesas dulces aún estaba presente y colocó una mano en el piso, por primera vez en mucho tiempo estaba haciendo uso de una de las tantas habilidades que poseía. Las imágenes de lo que había sucedido ahí vinieron a él como un torbellino, se le nubló la vista y se sintió mareado por el esfuerzo de volver a usar su poder, pero ahora tenía la certeza de que Nova había conseguido escapar.



El bosque se mantenía silencioso, como si todos los animales que moraban ahí conocieran la verdadera naturaleza salvaje de los hombres que se miraban de forma amenazadora. Los brillantes ojos dorados de Demian se mantenían fijos sobre los lobos delta que habían ido tras la lobita por órdenes de Kellen. Nova se mantenía detrás de él, temerosa y sin terminar de comprender cómo su manada había terminado atacandose entre sí por culpa de un hombre sediento de poder y un odio irracional hacia ella.

—Lamento esto, señor Richter — dijo uno de los licántropos — pero esa omega debe venir con nosotros para que cumpla su sentencia.

Demian gruñó bajo, pero con la suficiente fuerza para reafirmar su autoridad como beta de alto nivel, haciendo que los deltas dieran un paso hacia atrás.

—Esta omega es de mi propiedad. No pueden llevársela. Se los prohíbo.

—La órden viene directo del Alfa — respondió tajante el delta.

Demian gruñó de nuevo, molesto. Sabía que los deltas se rehusarían a obedecer su órden ya que a pesar de estar en un rango más alto que ellos, seguía estando por debajo del alfa y si este había ordenado cazar a Nova los deltas estaban obligados a obedecer y cumplir ciegamente cualquiera de sus caprichos sin cuestionar nada. Antes de ser deltas, estos lobos fueron intermedios, más del montón, pero lo que los ayudó a sobresalir de aquel grupo fue no solo su valor y su fuerza si no que mostraron una obediencia y sumisión parecida a los de los omega; por ende, fueron sometidos a un duro entrenamiento para convertirse en guardianes, rastreadores, cazadores y asesinos; aunque carentes de razón.

—Nos veremos en la necesidad de usar la fuerza de ser necesario — amenazó un delta demasiado joven.

Los deltas no tenían miedo de morir; ese sentimiento había sido borrado de ellos hace mucho tiempo, y Demian lo sabía. Nova solo podía mirar, aunque tuviera a su lobo completo seguía siendo una inútil debido a su rango. “Eres la encarnación de la diosa luna” le había dicho su tío, pero le era imposible creerlo, de ser verdad no sabría qué hacer con semejante poder, ni siquiera estaba segura de que su tío, el único que podía despejar todas sus dudas, había logrado escapar de las garras de Kellen.

Un poderoso gruñido sacó a Nova de sus pensamientos y luego sintió como Demian la apartaba de la escena de un empujón que la hizo caer de espaldas sobre el pasto. Lo siguiente que vió fue a los lobos delta arrojarse sobre Demian que apenas consiguió cambiar de forma para repeler el ataque. El olor a sangre pronto invadió los sentidos de la lobita, que seguía quieta en donde había caído mirando casi con incredulidad cómo los deltas estaban dispuestos a acabar con el beta hasta que una voz detrás de ella la hizo estremecer.

—Esta vez no escaparas.

Tragó grueso y se giró lentamente, solo para encontrarse con los fríos ojos de Kellen.


La casa del alfa apestaba a sangre, a muerte, a dolor. Ese olor picaba hasta la garganta, haciendo que Rigel se sintiera cada vez más incómodo a cada paso que daba. Iba movido por su curiosidad, consciente de que en alguna parte estaba la madre de Nova, privada de su libertad desde que fue removida de su puesto como lobo alfa. Pudo simplemente haberse marchado en busca de la lobita de piel nívea, pero su instinto le decía que ella le estaría muy agradecida de haber sacado a su madre de esa maldita casa. Se encontró con varias manchas de sangre en la pared que lo guiaron hasta una pequeña habitación cuya puerta de madera estaba cerrada con llave.

—Está aquí — dijo para sí en un susurro.

Cerró los ojos un instante y la imagen de la madre de Nova vino a él casi de golpe. La vio correr por aquel pasillo con las manos, convertidas en zarpas, cubiertas de sangre; la misma que vio plasmada sobre la pared. Sacudió la cabeza para disipar aquella imagen y derribó la puerta, siendo recibido por un olor nauseabundo.

Era demasiado tarde, la pobre mujer yacía boca abajo al borde de la cama, entre sangre coagulada, los huesos expuestos en algunas áreas por la falta de carne y piel, y aunque en el cráneo ya no había más que unas cuencas vacías y una sonrisa indiferente, Rigel pudo percibir una profunda tristeza.






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