Capítulo 54

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Robert, en su forma lobuna, corría entre los árboles tan rápido como sus patas se lo permitían, llevando a Nova sobre su lomo y que se aferraba con fuerza a su espeso pelaje gris para no caer. Sin embargo, un intenso dolor en su pecho lo hizo tropezar y ambos rodaron cuesta abajo hasta que un montón de pequeños arbustos detuvo su caída.

El lobo se incorporó con dificultad y llevó una zarpa sobre su cuello, justo dónde tenía la marca de su lazo, ahora cubierta por su pelaje, cuando la voz de su compañera taladró dentro de su cabeza.

«¡Me dieron, Robert! ¡Esto se salió de control!»

Nova le miró preocupada y sin prestarle atención a sus heridas se acercó a su hermano que emitía un suave gruñido, similar a un doloroso quejido.

«No pudimos sacar a tu madre de la casa, Patrick sacó un arma y se puso a disparar como un loco — continuaba diciendo Sybil agitada, como si estuviera corriendo — Son balas de plata… Ese maldito… »

Robert respiró profundo y trató de mantenerse tranquilo al sentir sobre su espalda la delicada caricia de la pálida mano de su hermana.

—¿Es tu pareja? ¿Está en problemas? — preguntó ella, como si él fuera capaz de emitir palabra.

Y aunque el dolor era demasiado agudo, la reprendió con la mirada, haciéndola sentir como una tonta. De nuevo la voz de Sybil resonó en su cabeza, está vez, más débil.

«Van trás ustedes — advirtió — Dioses… estoy perdiendo demasiada sangre… — su tono cambió a uno demasiado triste — Perdóname, amor mío… no podré alcanzarte…»

Enterró las garras en la tierra debajo de él mientras agachaba la cabeza para que Nova no pudiera ver su sufrir y casi inmediatamente volvió a levantarse como si nada hubiera pasado. Sus brillantes ojos amarillos se posaron sobre Nova, que lo miraba confundida, y con un pequeño gruñido le indicó que debían seguir.

Sin embargo, cuatro licántropos deltas de brillantes ojos aparecieron ante ellos, rodeándolos de tal manera que no pudieran escapar. Aquel era un mal momento para que Robert se mostrará débil, así que inmediatamente se levantó en dos patas y emitió un gruñido amenazador, dispuesto a proteger a la pequeña omega que ahora se ocultaba detrás de él.

Los lobos se mantenían quietos en su lugar, parecía que esperaban algún tipo de señal, pero en lugar de eso Kellen salió de entre los árboles con una expresión sombría en el rostro. Robert gruñó otro poco y luego tomó su forma humana para poder hablar.

—Ya basta, Kellen — dijo —no tienes que hacer esto.

—Solo sigo las órdenes de nuestro alfa — gruñó — Un alfa que has decidido traicionar por una omega sin lobo.

—Es nuestra hermana.

—¡Es una vergüenza! — reprochó — Y no solo eso, sino que además se alió con el forastero para asesinar a nuestro padre.

—¡Eso no es cierto y lo sabes!

Kellen gruñó de nuevo, esta vez mostrando los dientes, y lanzó a Nova una mirada de desprecio.

—Ella no es nada más que una mancha en la historia de la manada Hoffmann, y debe ser borrada.

—¡Hiciste un juramento! — le recordó.

Kellen solo rió de manera burlona, recordaba bien el juramento, pero la verdad era que no le importaba en lo más mínimo, Patrick lo había convencido de que su hermana fue un error que no debía existir. Percibió un ligero temblor en las piernas de Robert, dejando claro la lucha interna que estaba teniendo, y luego sonrió de forma desagradable.

—Sybil está muerta — dijo frío — Lo sabes,  ¿verdad?

Robert tragó saliva, había dejado de sentir a su compañera hace solo unos instantes; sin embargo aún tenía la esperanza de que todavía estuviera con vida, por lo que no permitió que las palabras de su propio hermano lo afectarán.

—Si tanto quieres complacer a Patrick — gruñó — entonces pelea por tu premio.

Nova no tuvo tiempo de reaccionar  cuando Robert la tomó de la mano y la lanzó contra el suelo, dejándola entre él y Kellen. Los gruñidos furiosos de los licántropos no se hicieron esperar, provocando que un terrible escalofrío recorriera la espalda de la joven lobita.

—Es ridículo que estemos discutiendo por ella — dijo Kellen entre gruñidos.

—Solo hago lo que es correcto.

—¿Correcto? — se burló — Tú formaste parte de esto también.

—Y me arrepiento. Jamás debí escuchar a Patrick. ¿Es que no te das cuenta que nos ha estado utilizando? Él solo piensa en sí mismo.

Kellen gruñó con rabia al tiempo que cambiaba de forma y se lanzaba sobre su hermano junto con los lobos que lo acompañaban. Apenas si dio tiempo de que Robert se transformara y resistiera a uno de los ataques. Nova miró con horror la batalla y no estaba segura de que Robert pudiera vencerlos a todos, solo le quedaba huir lejos, tal y como su hermano le había pedido que hiciera, de lo contrario moriría entre las garras de Patrick.

Nova no podía entender qué tan grande debía ser el odio de su hermano mayor hacia ella como para quererla muerta; quizás esto iba más allá del simple hecho que no tuviera un lobo. ¿Qué más lo estaba impulsando a esto? ¿Acaso su padre sabía algo y por eso lo asesinaron? ¿Y Rigel qué tenía que ver en todo esto? Jamás lo sabría, mientras tanto debía alejarse tanto como pudiera, pero un suave silbido llegó a sus oídos seguido de una voz que entonaba una canción en un lenguaje ya olvidado; la había escuchado antes, en un sueño, y de forma instintiva dejó de correr y se dejó llevar por la melodía.

Se detuvo al llegar al lugar y percatarse que quien cantaba era un hombre que le daba la espalda y que estaba sentado sobre una roca. Su espalda ancha y su cabello crespo lo hacían verse muy parecido a su padre, solo que aquel hombre era mucho más delgado.

—Sabía que pronto vendrías a mí — dijo el hombre.

La voz la hizo sobresaltar, sonaba igual a su padre. Tragó saliva y lentamente se acercó a donde pudiera apreciarlo mejor, no debía, pero él no parecía peligroso.

—¿Me conoce? — preguntó la lobita.

El hombre esbozó una pequeña sonrisa y cuando la omega se detuvo frente a él dejó ver el brillante rojo de sus ojos.

—El profeta de Hoffmann — susurró Nova con asombro.









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