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Fidio se enojó con Marco ¿Cómo se atrevía en hacer algo como eso? Sabiendo por lo que sufrió, el tiempo que le llevó superar el dolor y la amargura de no saber que fue en lo que falló para que Hide lo dejará sin más, y ahora, sabiendo que todo fue por una enfermedad.

¿En verdad lo consideraban tan débil en ese momento?

¿Creyó que no podría soportarlo?


—Idiotas –musito al estar ya alejado de ellos, dejándolos en aquel lugar —son unos idiotas.

La rabia recorría sus venas como fuentes ardientes de lava que le hacían exhalar aire caliente de su nariz, sus pasos fuertes contra el pavimento hacen que la gente prefiera mantener una distancia de aquel desconocido con mirada dura como una puerta de metal cerrada con clave.

—A unos días de la boda ¿Cómo se le ocurre a Marco hacer tal cosa? ¿Acaso piensa que voy a desistir por eso? –hablando en alto, cuestionando las acciones de su amigo, si es que le podría decir amigo en esos momentos —¿Pensó que con esto dejaría a Hakuryuu?

Detuvo su andar en medio de la gente que iba y venía como la corriente de un rio, saco su celular y marcó a su pareja, esperando en la línea los pitidos hasta que del otro lado se escuchó el responder de la llamada —Hakuryuu.



Del otro lado, en madrugada Hakuryuu entre abrió los ojos debido al despertar por aquel sonido de llamada, bostezo y revisó la pantalla, deslizó y atendió —¿Sucede algo? –tomó asiento en la cama.



Niega, sintiendo una liberación en su pecho al escucharlo —extraño tu voz –responde para luego revisar la hora —disculpa la hora ¿Te desperte, cierto? –el enojo bajo como el calor en su piel al darse cuenta de ese detalle.



—No te preocupes por eso –sonrió —¿Y bien?


Fidio dudaba si decirle ¿Qué pasaría si Hakuryuu se entera de su "ex"? —espero que regreses pronto para la boda, te extraño demasiado.


—La boda... Si... –sus días con Tsurugi no estaban yendo del todo mal, saliendo y disfrutando de momentos que pudieron haber vivido cuando eran más jóvenes.


—No te escuchó muy convencido –¿Es qué acaso... Se estaba arrepintiendo? Una piedra pesada se posó en el pecho de Fidio.


—Eso no... Yo quiero que seas feliz –responde con sinceridad, sin embargo, no es lo que desea en realidad, al menos no con Fidio, pese a su tiempo juntos y los buenos momentos, no puede engañar a su corazón terco.


Respirar era doloroso, el aire le faltaba. Cerró los ojos —Hakuryuu ¿me amas?


Ambos lados de la línea se quedaron en silencio, pero en sus mentes varios escenarios, recuerdos, momentos se dispararon. De ellos, de su pasado, del presente, del futuro que podrían tener, y, cómica o tristemente, ninguno de los dos se veía o veía al otro feliz.


—Fidio...


El nudo en la garganta le estaba asfixiando, sus ojos ardían como no lo hacían hace años, el sonido de un cristal rompiéndose dentro de su ser, las esperanzas de ser feliz no daban frutos con él. Colgó la llamada.


Su celular vibró a los segundos, insistente, una y otra vez. En medio de gente que siguen con sus vidas, Fidio Aldena sentía que su vida no tiene ningún significado a lado de cualquier otro ser. Las fuerzas se fueron de él, cayendo al suelo ante la vista de muchos y otros quienes prefirieron no meterse.

Marco no iba dejar que su amigo anduviera solo después de lo que pasó, por lo que le siguió con cautela, y notando el cambio en el cuerpo de Fidio, corrió antes de que cayera. Lo sostuvo tomándole mejor y cargo para llevárselo.

Demasiada información por un día, su amigo debía de descansar.



Fidio entre abrió los ojos, la habitación estaba apenas con una suave luz de la lámpara de noche, estando en cama, con ropas más cómodas y un pañuelo en la frente, el pecho lo sentía sensible y a dolorido, pesado. Sentándose en la cama, se retiró el pañuelo de la frente, un suspiro cansado y dolido salió de sus labios.

—La vida no termina por no casarte, Fidio –Marco estaba del costado donde apenas un poco de luz llegaba.

No tiene fuerzas para discutir, ni siquiera para darle la contraria o para hablar.

—No quiero perder a mi mejor amigo –acercándose, le tomó las manos, bajando la cabeza —tampoco quiero que te hagan daño. Pero, no puedo cuidarte de todo. Deseo que seas feliz, lo anhelo como no tienes idea.

Marco sintió el fuerte abrazó de Fidio, quién se aferró a sus espalda llorando como un niño perdido, solo. Aquello le dolía a Marco, quien lo abrazo musitando palabras suaves, hasta que de nuevo a las horas se quedó dormido en sus brazos.


El agua caliente fue vertida en la taza cuyos pétalos de jamaica danzaron al subir como un remolino hasta que se asentaron de nuevo en el fondo, Fidio estaba de nuevo dormido, el sonido del televisor apenas audible, escuchándose detrás de la puerta el tocar repetido de los nudillos contra la madera.

Sabiendo de quién se trata, Marco camino a la puerta y observar por la mirilla a Hide. Abrió sin quitar la cadena de la puerta —sabes que no es un buen momento ¿Cierto?

—No vengo hablar con él, al menos no hasta que se mejore.

—¿Intentarás recuperar su amor? 

—No puedo responder que "no" a esa pregunta, cuando en verdad desería poder estar ahí con él.

—¿Y bien?

—Quiero hablar contigo.

Marco suspiró, quitó la cadena y lo dejó pasar.



Hakuryuu insistió un par de veces más en la llamada, se llevó la mano libre al rostro. Debía comprar un boleto de regreso a Londres y explicarse a Fidio.



26/03/2026

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⏰ Última actualización: Mar 27 ⏰

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