Kacy estaba sentada en el cómodo sofá de color crema de la suite, delante del televisor, en compañía de Roxanne Valdez. Robert Swann se encontraba en el cuarto de baño, y ya llevaba como quince minutos allí dentro. Se había quejado de dolores de barriga durante casi toda la tarde, y por lo visto el malestar por fin había podido con él. Su colega había subido discretamente el volumen del televisor, con la intención de ahogar los ruidos de trompeta procedentes del baño.
Estaban viendo una peli de George Clooney titulada Quemar después de leer. Valdez parecía estar disfrutando de ella, pero Kacy no lograba concentrar la atención. Estaba ensimismada con la esperanza de que aquella noche fuera la última que tuvieran que pasar en el hotel. Si Dante conseguía regresar de una pieza trayendo la información que exigían los dos agentes especiales, a lo mejor les permitían que se fueran a casa. O a lo mejor no. No estaba segura del todo. Valdez ni le caía bien ni se fiaba en absoluto de ella, y Swann había adoptado la costumbre de mirarla fijamente y sonreírle cada vez que la veía, cosa que estaba empezando a darle miedo.
Al cabo de una hora de película más o menos, sonó el teléfono de Valdez. Esta se dio prisa en contestar, apenas permitió que sonara ni medio segundo, con lo cual Kacy no tuvo tiempo de identificar el tono de llamada.
Había abrigado la esperanza de que el que llamaba fuese Dante, pero se hizo obvio que no era él. En cambio, se vio claramente que la persona que estaba al otro extremo de la línea tenía información importante que transmitir, porque Valdez se puso de pie y se fue al dormitorio pequeño para que Kacy no pudiera oír la conversación. Pero Kacy, que era un poco cotilla, agarró el mando a distancia del televisor y le quitó la voz a George Clooney en mitad de una frase. Después aguzó el oído para intentar captar algo de lo que Valdez estaba diciendo.
—¿Déjà-Vu...? ¿En serio...? Sí, sé quién es... Dentro de cinco minutos te doy la dirección... Sé que vive por la zona sur... Vale. Déjalo de mi cuenta.
Kacy no le encontró lógica a nada de aquello, pero procuró memorizarlo todo en la cabeza por si acaso significaba algo para Dante, cuando regresara. Finalmente oyó a Valdez decir algo que sí merecía la pena escuchar:
—¿Y esta pareja...? Gracias... ¿Y qué pasa con la chica...? Vale. Se lo diré a él. Kacy oyó que la agente regresaba al salón, y volvió a subir el volumen del televisor. Por suerte, en aquel momento no hubo ningún ruido fuerte en la película, así que la transición fue relativamente fluida. De todos modos, Valdez no dio muestras de haberse percatado de ello.
—¿Me he perdido algo? —inquirió.
—No. La verdad es que no está pasando gran cosa.
—Bueno, en ese caso voy a ausentarme un rato. Luego me cuentas lo que pasa al final, ¿vale?
—Vale.
Roxanne Valdez se puso una cazadora de cuero marrón, muy ajustada, que se había traído del dormitorio y se encaminó hacia la puerta. Pero antes de abrirla, volvió a sacarse el móvil del bolsillo y empezó a pulsar teclas en el mismo. A continuación, sin mirar a Kacy, se deslizó por la puerta y salió al pasillo.
Kacy estaba incómoda y paranoica. Estaba a punto de suceder algo que no era bueno. Giró la vista hacia el teléfono del hotel que había en la habitación, pensando furibunda.
Podría llamar a Dante, decirle que el trabajo ya estaba hecho y quedar con él en algún sitio. Estando Swann en el cuarto de baño y Valdez ausente haciendo Dios sabe qué, se le presentaba una oportunidad de escapar. Era la primera vez, desde que la habían llevado a aquel hotel, que contemplaba dicha posibilidad seriamente, porque tenía una lógica considerable. Si, tal como sospechaba, la llamada que había recibido Valdez era para comunicarle que la misión había finalizado, daría igual que Dante y ella escaparan en el último minuto. Si no escapaban, lo más probable era que, al más puro estilo de las películas de clase B, los liquidasen. Una vez terminada la misión, ya dejaban de ser útiles.
Se acercó de puntillas al teléfono que reposaba sobre una mesa auxiliar que había junto al baño, y levantó el auricular con sumo cuidado. Cuando se lo llevó al oído no captó ningún tono de llamada, y tras pulsar varios botones comprendió por fin que el aparato estaba desconectado. Mierda.
Sintió que la inundaba un intenso calor, provocado por la sensación de paranoia. Entonces oyó un pitido procedente del dormitorio pequeño. El móvil de Swann estaba recibiendo un mensaje de texto. Su propietario debió de dejárselo en la habitación cuando se encerró en el baño para efectuar la descarga del siglo.
Entró en la habitación de puntillas, si bien esta vez un poco más deprisa. El móvil de Swann se hallaba sobre la cómoda que había en un rincón. Se acercó hasta él con el corazón desbocado a causa del pánico y de la ansiedad. Respiró hondo y lo cogió, pero con las manos temblorosas, por miedo a que la sorprendiera Swann. En la pantalla aparecía una alerta que indicaba que el teléfono acababa de recibir un mensaje de Valdez. «Es posible que se trate de un mensaje que merezca la pena leer», pensó para sí.
Y así era.
Abrió el mensaje de texto y lo leyó: «Trabajo terminado. La chica es toda nuestra. Deshazte del cadáver al acabar.»
Kacy estuvo a punto de vomitar. Necesitaba a Dante en aquel momento tan trascendental, era una cosa que siempre le decía el instinto cuando se encontraba en un apuro. Si Dante estuviera con ella, arreglaría la situación. Cuanto antes volviese al hotel, mejor. Daba lo mismo que el agente Swann fuese un tipo duro, Dante era capaz de enfrentarse a un tanque en una pelea a base de puños y derrotarlo, si era para rescatar a su chica de algún peligro.
Repasó frenéticamente el menú del teléfono, pues sabía que Swann tenía el número de Dante guardado en la agenda. Lo encontró enseguida y pulsó el botón de llamar. Hizo una inspiración profunda que la calmó momentáneamente cuando se llevó el móvil a la oreja. «No me falles, cariño. Contesta, por favor.» Se repitió aquella frase a sí misma una y otra vez, como un disco rayado.
El teléfono sonó tres veces, y por fin se oyó la voz de Dante alta y clara. —¿Qué coño quieres, gilipollas?
—¡Cariño, soy yo! —chilló Kacy.
—¡Ah, mierda! Perdona, Kacy, creía que era Swann.
—Está en el cuarto de baño. Le he cogido el teléfono.
—Bien. Aguanta un poco más, pequeña, enseguida voy a buscarte. Tengo quien me ayude. Vamos a salir de aquí, ¿vale? ¿Me oyes?
Kacy estaba tan contenta de oír la voz de Dante que rompió a llorar y dejó que todos sus miedos se desahogaran en un torrente de emoción.
—Cariño, estoy muy asustada. He oído decir a Valdez que el trabajo estaba terminado. Me parece que van a matarnos. Valdez se ha ido y ha enviado a Swann un mensaje para decirle que se deshaga de mí... —El terror terminó por apoderarse de ella, y se le quebró la voz del todo.
Aquello hizo comprender a Dante cuál era la realidad de la situación. Suponía demasiado para Kacy. Sus sollozos se volvieron incontrolables. Desde el otro extremo de la línea, se dio cuenta de que su chica se encontraba muy mal y necesitaba alguien que la guiase. Sabía que cuando la dominaba el pánico se volvía indecisa, de manera que adoptó una actitud de firmeza, esperando con ello ayudarla a que se centrase.
—Kacy, escúchame. Sal de ahí cagando leches y vete al mostrador de recepción, a algún sitio público. Me encuentro a un par de minutos de ahí, pequeña. Enseguida te veo.
La voz de Dante delataba que estaba corriendo, porque se oía entrecortada por profundas inspiraciones y porque el volumen subía y bajaba.
—Te quiero —sollozó Kacy.
—Yo también. Ahora sal inmediatamente de ahí.
El teléfono quedó mudo, señal de que Dante había colgado. Lo siguiente que oyó Kacy fue el ruido de la cisterna en el interior del cuarto de baño. Al instante dejó de llorar, pero la invadió un pánico más intenso todavía. ¿Podría salir del dormitorio y llegar hasta la puerta que llevaba al pasillo antes de que saliera Swann del cuarto de baño? ¿Y el móvil? ¿Debería volver a dejarlo donde lo había encontrado?
Aquella vacilación le costó cara. Swann no era de los que se lavan las manos después de usar el retrete, y Kacy oyó el chasquido que hacía la cerradura de la puerta. Swann iba a salir. Entonces se acordó de lo que le había dicho Dante: «¡Sal de ahí cagando leches!» El siempre sabía lo que había que hacer en una crisis. «Haz lo que te ha dicho Dante», pensó para sus adentros. Entonces hizo una profunda inspiración respirando por la nariz y echó a correr hacia la puerta.
Por desgracia, calculó mal el momento. Swann salió del cuarto de baño y, al verla correr hacia la puerta, extendió la mano de forma instintiva y la asió por el brazo izquierdo.
—¿Adonde coño crees que vas? —le preguntó, con expresión un tanto confusa. —Mmm. —A Kacy no le salieron las palabras.
—¿Adonde ha ido Roxanne?
—Mmm.
—¿Y qué estás haciendo con mi teléfono?
De pronto, el semblante de Swann se tino de preocupación. Notó que estaba ocurriendo algo raro. Agarró la mano derecha de Kay y le arrancó el móvil. A ella la delató la expresión del rostro. Estaba aterrorizada, y se le notaba en los ojos.
Sin dejar de asirle con fuerza el brazo, Swann se puso a repasar los menús de su móvil. Rápidamente encontró el mensaje de Valdez y, conforme lo leía, Kacy vio que se le iluminaban los ojos y se le descolgaba la mandíbula. Entonces se le extendió por la cara una enorme sonrisa malévola.
—Bueno, bueno, bueno —se regodeó—. Espero que te hayas depilado las piernas.
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El Ojo de la Luna
Mistero / ThrillerQuiero compartir este maravilloso libro, que es la secuela de "El libro sin nombre". Después de este libro, le siguen "El Cementerio del Diablo" y "El libro de la Muerte". Ya los he leído todos y quiero compartirles este, ya que nadie más lo ha pub...
