¿Qué crees que pasa cuando cometes un pequeño error en tu instituto y te expulsan?
No suena nada bien, ¿verdad? Te aseguro que es mucho peor de lo que suena. Mucho más cuando debes cambiarte de ciudad y vivir con tu hermano. Y sus amigos.
Soy Jessic...
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—¿Cuánto más vas a tardar? —la voz de mi hermano impactó en mis oídos.
Me encontraba bajando las escaleras con rapidez, corriendo de un lado al otro por la casa, en busca de mis cosas. El desorden de los chicos se había transferido a mí, haciéndome olvidar por completo los lugares donde dejaba mis libros y otras cosas de la escuela, en esos momentos me reprochaba a mí misma por haber pasado todo el fin de semana aprendiendo a jugar videojuegos con Ryan y viendo un maratón de avengers con Luke, en vez de terminar mis tareas y organizar mi mochila para el lunes.
Me detuve frente a la puerta, la cual se encontraba abierta, con vista a los seis chicos con los que compartía piso, a esperas de mi salida.
Localicé mi lapicero rojo en la mesa en el centro de la sala, avanzando a ella con pasos largos y tomándola con rapidez, para salir corriendo hacia la entrada.
—No tienes que esperarme, Nick se ofreció a llevarme —caminé hacia él, despacio.
—En ese caso, nosotros nos vamos —Zack dio media vuelta dirigiéndose a su camioneta, seguido de Brent.
—¿Desde cuándo te mandas sola? —se cruzó de brazos, interponiéndose entre Nick y yo.
—Desde que me enviaron a vivir con seis adolescentes de mi edad —ataqué—. Solo me llevará a la escuela, ya no soporto irme con Luke y Ryan, ¡discuten todo el tiempo!
—¡Oye! Hacemos lo que podemos por llevarnos bien —se quejó Ryan, a espaldas de Malkon.
—Soy mayor que tú, así que yo mando aquí —mi hermano volvió al tema.
—Por unos meses, Malkon, no me llevas ni un año —me quejé.
Una idea saltó mi mente, para poder disuadir a mi hermano de una manera rápida y efectiva. Me acerqué confidente a su oído y emprendí mi chantaje.
—Deja de ser tan sobreprotector, o, los papeles cambiarán y le diré a Nick que te gusta su hermana.
Esbocé una inocente sonrisa, rodeándolo y entrando al auto de Nick, quien me esperaba plácidamente en el asiento del piloto, con una sonrisa divertida. Entendía a mi hermano, de cierta manera, habíamos estado separados por un muy largo tiempo como para permitir que alguien nos lastimara, fuera quien fuera, después de todo, la distancia y por lo que habíamos tenido que pasar creó un miedo interno y difícil de ocultar por perdernos de nuevo.
Luego de un fin de semana de evitar conversaciones sobre las acciones del ojiazul, un mensaje había aparecido en mis notificaciones la noche anterior al inicio de semana, pidiendo una oportunidad de hablar, a solas, de camino a la escuela. Debía aceptar antes de convertir un pequeño vaso de agua en un tsunami del que no podría escapar.