9. - Viajes al pasado.

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Brent Stone en galería.

—Oye, Jessica, ¿ya estás lista? —la pregunta de mi hermano resaltó desde el marco de la puerta

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—Oye, Jessica, ¿ya estás lista? —la pregunta de mi hermano resaltó desde el marco de la puerta.

Confirmé con un ademán, juntando cada maleta y mochila preparada para el viaje y arrastrándolas hasta el pasillo, atrayendo así la mirada burlista de mi hermano.

—¿Quieres ayuda? —cuestionó, al ver mi sufrimiento.

Levanté la vista para darle el sí con una mirada. En verdad pesaban más que una caja fuerte, pero no estaba dispuesta a dejar nada de mis cosas, bien leía en cada revista que mujer precavida vale por dos.

Mis esperanzas estaban puestas en la ayuda que ofrecía mi sangre, hasta que una queja salió de él, marcando el comienzo de mi desgracia.

—¡Jessica! ¿Qué traes aquí? —exclamó, haciendo un esfuerzo casi sobrenatural por sostener mis maletas—. Son muchas, ¿por qué?

Tres maletas y dos bolsos de mano, ¿eso era mucho? ¡Claramente no! En cada cual había sólo lo necesario que mi vida requería.

—Ropa, zapatos, trajes de baño y otras cosas, ¿crees que todo eso cabe en una sola maleta?

—¿Trajes de baño? Jess, no iremos a ninguna playa, ¿para qué trajes de baño?

Lo observé unos segundos, confundida por su falta de memoria. No simplemente iríamos a Madrid de visita, en la cual, estaba más que claro que aprovecharía para ver a mi madre, también, luego de allí, pasaríamos a otro paradero: Miami.

—¿Qué no te dijo Noah? —pregunté al borde del escalón.

—¿Qué cosa? —arrugó el entrecejo.

—Luego de Madrid nos iremos a Miami —comencé a bajar las escaleras.

Las cosas entre varias personas en la casa estaban tensas, y no sólo éramos Nick y yo los que teníamos problemas. Aun así, no pensaba perderme las cortas vacaciones que teníamos; cosa que para mí fue más que un éxito, llevaba menos de un mes en la escuela y ya tenía vacaciones. Luego de una mala racha venía algo bueno, ¿no? Algo así decía mi madre cada vez que hablábamos.

—¿Qué?

—Sí, Noah compró los pasajes, de Madrid tomamos un avión directo a Miami.

—¿De verdad? —arrugó más el entrecejo.

—No, de mentira —agregué con sarcasmo—. Aunque la verdad no comprendo por qué salir del país y luego volver, pero a otra ciudad, y así regresar nuevamente acá; ¿no sería más fácil ir a Miami y luego ir a Madrid?

—Cómo sea, iré a empacar mi ropa de playa; te amo hermanita —Malkon ignoró mis palabras, dejando caer mi equipaje en el suelo y saliendo sin más hacia su habitación.

Jessica Haynes: Los Desastre De Una Adolescente. (Corrigiendo)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora