27.- Personas disgustantes.

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•Ryan Morris en galería

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Noah.

—Ya, Morris, dímelo —supliqué por quinta vez.

—Eres como un grano en el trasero, niña —confrontó con fastidio, dándose por vencido—. La conocí hace dos años, cuando fue a Missouri para arreglar unos asuntos de papá. Me gustó al instante y comenzamos a salir, hasta que terminó el verano y tuve que regresar, estuvimos en contacto y hace ocho meses supe que era su prima. Tenemos una relación desde hace un año.

—Vaya, romántico —comenté entre sonrisas.

—Ella es... Increíble —un suspiro enamorado salió de él.

Me consideraba alguien soñadora en el amor. Desde niña no ví más que lo mucho que faltaba amor a mi alrededor, y crecí con ese deseo de lograr algo que no fuera tan tétrico como la relación de mis padres.

Hasta ese punto, creía que lo estaba logrando con Malkon, pero espera que todo pudiera seguir igual.

Yo, a diferencia de Jessica sí soñaba con un cuento de hadas, sí creía en los finales felices y esperaba tener uno.

—Lo tengo claro, es mi prima, ¿no? —guiñé un ojo.

—Nuestra prima —se integra Nick—. Hazle daño y te rompo la cara.

—¿Va enserio? ¿Acaso has visto este rostro angelical? —tomé la cabeza de Ryan, mostrándola a Nick—. No sería capaz ni de matar a un mosquito.

—Esos son los peores —aseguró este—. Pero en fin, confío en ti —lo señaló—. ¿Nos vamos?

Sin responder, nos pusimos de pie, tomando nuestras cosas y saliendo de allí.

De entrada por salida, así éramos.

Zack.

Jessica.

Ese maldito nombre que no dejaba de resonar en mi mente. Cual maldición, no podía cerrar mis ojos sin ver su rostro.

Su hermoso rostro.

Cielos. ¿Qué me pasaba? ¿Por qué el sentimiento me carcomía los huesos?

Desde sus labios hasta su abdomen quería recorrer. Me mataba la curiosidad de saber qué había detrás de su ropa, el movimiento de sus curvas desnudas. Quería besarla desde aquella vez que la había visto en el aeropuerto.

Aún recordaba ese día. Su belleza es de notar a kilómetros de distancia, pero ese día, tan cerca de ella, no quería irme sin conseguir su número telefónico, pero no fue algo nada sencillo, luego de tenerla todos los días bajo el mismo techo no podía soportarlo, y poco a poco, ese sentimiento incontrolable de estar a su lado fue creciendo.

Era distinto, no quería pasar una sola noche con ella, quería pasar miles.

Mi colapsada mente caminaba por los pasillos del hospital, en busca de la salida más cercana.

Jessica Haynes: Los Desastre De Una Adolescente. (Corrigiendo)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora