60.- ¿Un amor es para siempre?

1.7K 88 9
                                        

Yo sí soñé con cuentos de hagas de pequeña.

Sonría estúpido si lo contaba a alguien apegado a mí vida, teniendo en cuenta que mi fachada nunca se asemejó siquiera a alguien que quisiese formar una familia, de aquellas que dibujaban una casa enorme, con dos personas tomadas de mano, dos hijos en cada lado —en donde claramente debían ser niño y niña, en ese respectivo orden— y un fiel cachorro en medio de la fotografía familiar. Siempre creí que cada sueño era digno de admirar y apreciar, yo tuve muchos, me llené de expectativas y aunque en muchas ocasiones no supe qué rumbo tomar, tropecé innumerables veces y me perdí en mí misma, sabía que terminaría por recuperarme como siempre solía hacerlo; iría por la madurez, por el aprendizaje, correría tras esa carrera que tanto me costó saber que era para mí, conseguiría al amor de mi vida, con quien estar, para finalmente tener esa familia que toda la vida había querido tener en casa y que se rompió a medio camino hacia la perfección.

Sonaba como chiste cuando lo pensaba en esos momentos, sentada en una agencia de viajes mientras veía mi paciencia alejarse de mi cuerpo cada segundo que seguía en la sala de espera, pensaba que, sentir esos sueños tan cerca de mí, tan apegados a mis planes, me mostraba lo duro que había sido darme cuenta de lo que quería en mi vida. Lo dije en muchas oportunidades a mi madre, mientras me proporcionaba sus charlas interminables acerca de la vida y sus rumbos: todos los adultos aconsejan planes de vida, sueños, metas, cuando en realidad, nunca sabes lo que quieres hasta que estás lo suficientemente grande como para alcanzarlo. Escuché, de muchas personas distintas, el discurso de enfocarte, sentar cabeza, para poder alcanzar el éxito rápidamente y no perderte en los caminos de la juventud, pero yo sabía, a la perfección, que para saber cómo enfocarme en lo importante, primero debía perder la lupa.

Ser una adolescente desastre me dio las respuestas que necesitaba para estar ahí, con una sonrisa en mi rostro, y no es pensara que para ser exitoso debías de ser un completo desbarate como yo lo era. Lo que realmente se necesitaba para ser exitoso, era vivir, sentir, equivocarte, dejar de plantar etiquetas o pensar en lo que se supone que deberías hacer, para comenzar a enfocarte en lo que tu corazón te decía que hicieras.

Pasaba mi vista por el gran salón en el que me encontraba, mirando los pequeños cubículos en los  había estado haciendo fila para entrar una hora antes. Parecía como si Zack me hubiera enviado a alguna clase de terapia para mejorar mi paciencia, recomendando una agencia de viajes en todo el centro, donde aparentemente a todos se les había ocurrido visitar esa tarde. Habían pasado casi dos meses desde el accidente, luego del alta ambos decidimos quedarnos en California un tiempo más, tomar unas pequeñas vacaciones para aliviar la tensión presentada luego del suceso con los hermanos mentira.

Y claro está, después de la extraña advertencia que habíamos recibido estando en el hospital.

Cada noche había sido terrorífica luego de aquello, sin poder saber con certeza de dónde provenía, muy a pesar de tener nuestros claros sospechosos. En cuanto el castaño puso un pie fuera del hospital, contrató personal de seguridad en la casa, además de un chófer encargado de que nada me ocurra en mia vistas por la ciudad, me prometió encargarse de todo para investigar el origen de las amenazas, sin embargo, cada día parece más frustrado por no conseguir respuestas, aleja cualquier dato o información relevante de mí con la excusa de querer proteger mi tranquilidad. Así que, no se le ocurrió mejor idea que organizar un viaje juntos, con el gran propósito de distraernos.

Y heme allí, sentada esperando a ser atendida luego de una hora de espera.

—607 —el número de mi ticket se escuchó por toda la sala.

Me levanté de un salto y me acerqué al cubículo correspondiente.

—Buenas tardes, bienvenida a SourTour Agency, soy Stacy, seré su asesora de viajes —una chica pelirroja al otro lado me recibe con un discurso junto a su suave voz—. Dígame, ¿qué es lo que busca?

Jessica Haynes: Los Desastre De Una Adolescente. (Corrigiendo)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora