54.- No me olvides.

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Jess.

Nunca fui fan de la paciencia, por ello, no llegué a poseerla durante un tiempo prolongado, claro que, en algún punto de mi vida llegué a hacerme amiga suya, comíamos juntas e incluso hablábamos de chicos en nuestros ratos libres, pero el problema surgía en cuanto otros factores alteraban parcialmente la estadía en la tranquilidad de mis pensamientos. Cuando llegaba la compañía no tan deseada, los temas engorrosos o aburridos, los momentos imperialmente incómodos y la falta de opciones para salir de ellos, era justo allí cuando soltaba a mi amiga la paciencia, dejándola caer en el profundo vacío de mi frágil subsistir.

Durante cuatro horas intenté protegerla a toda costa; me mantuve evadiendo miradas, tragándome respuesta e incluso desentendiéndome de uno que otro comentario. Una mitad del tiempo me entretuve pensando en la vez que Luke se tropezó en medio de un partido de fútbol americano por verificar, de forma celosa, quién era el chico que le coqueteaba a Leah en las gradas; no podía culparlo, menos sabiendo que su relación hasta ese punto, luego de tantos años, seguía siendo tan fuerte, amorosa y unida como siempre lo había sido, eso sin duda tuvo mi mente algo ocupada.

Otra parte del vuelo pensé en cómo perdí mi virginidad, de la forma más estúpida y con el primer chico que me rompió el corazón, pero que, sin embargo, no me arrepentía. Aunque al principio sí, eventualmente superé su traición y dejé de torturarme con cosas que no podían cambiarse; pensé, mientras observaba a la esbelta aeromoza con camisa ajustada y mini falda coquetearle a mi novio, que, si quizá mi primera vez hubiera sido con alguien distinto a Will, alguien como Zack, tan idiota e inolvidable, seguramente me arrepentiría el doble. Eso hubiera sido, sin duda, un nudo más fuerte que me unía a su estúpida vida y sus oscuros ojos llenos de profundidad.

Lo malo fue que, luego de tantas conclusiones, recuerdos y entretenimiento con mis propios pensamientos, las opciones se acabaron, ya no encontraba alguna otra cosa que debatir mentalmente, solo me quedaba observar en silencio mi realidad y entorno; Taylor siendo más coqueta que lo normal con mi antiguo amor y decepción secreta, Zack lanzando disimulados pero concisos comentarios sobre nosotros, Adam intentando no caer en las tentaciones para no mirarle el trasero a la aeromoza y yo en una esquina de todo el desastre, preguntándome cómo demonios permití que eso pasara.

Pero a todas esas, aún faltaba hora y media para llegar a California.

Me puse de pie, intentando no llamar la atención mientras los tres compartían una amistosamente tonta conversación sobre underworld y todas sus ramas. Atravesé la cabina principal y me ubiqué hasta el baño, adentrándome en él antes de ser descubierta, en esos instantes lo único que me apetecía era hablar con mi más fiel compañera de fracasos y compartirle mis desastres, así que marqué su número y ubiqué el teléfono en mi oreja.

Debe ser bueno si estás llamándome a las seis de la mañana —una voz algo risueña contestó a los segundos.

—Contestaste rápido, eso quiere decir que ya estabas despierta.

Yale nunca duerme, además, estoy a un clic de enviar mi trabajo final —pude escuchar el sonido de la tecla enter ser presionada—. Oficialmente estoy a unos pequeños pasos de conseguir mi título en psicología.

—Con ese perfecto promedio, no dudaría que te lo entreguen mañana y no dentro de un año.

Sabes cómo es, peque, notas al tope, universidad paga. Debo mantener la beca, no puedo arriesgarme a que Malkon quiera hacer su papel de novio perfecto y pagar lo que resta de pensión por adelantado.

—Sí, mi hermano es fantástico, pero entiendo que no quieras que pague tus cosas, por eso y más razones eres la mujer perfecta para él —solté un suspiro—. No puedo esperar a verlos.

Jessica Haynes: Los Desastre De Una Adolescente. (Corrigiendo)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora