2 .- Tu pedazo de carne.

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Si me hubieran dado la oportunidad de describir mi vida por esos días, mi mente se hubiera quedado en blanco, porque intentar buscar un término exacto que encajara a la perfección era más complicado que cualquier ejercicio matemático que hubiera v...

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Si me hubieran dado la oportunidad de describir mi vida por esos días, mi mente se hubiera quedado en blanco, porque intentar buscar un término exacto que encajara a la perfección era más complicado que cualquier ejercicio matemático que hubiera visto; al menos esos, tenían solución, al final, si quedaban o no exactas, existían más formas de que saliera glorioso, sin embargo, eso no contaba para mí. Ahí, enrollada en las gruesas sábanas de mi cama, con los ojos aún cerrados, intentando engañar a mi mente para que durmiera unos cinco minutos más, sabía que solo existía una forma de resolver mi ejercicio, pero, para ello, primero debía entenderlo, acoplarme a él, tenía que sentarme con el ejercicio y ayudarlo a buscar una solución que me favorezca.

Estaba más explicar que el ejercicio, más que mi vida, eran los problemas que nunca dejaban de aparecer en ella.

—¡Vamos, Jess, levántate! —escuché a mi hermano gritar.

—¿Qué te pasa? ¡Déjame dormir! —soné adormilada.

—Vamos a llegar tarde.

—¿Llegar tarde a dónde? —solté un bostezo.

—A clases, por si no lo recuerdas, hoy es tu primer día —me recordó.

Dió media vuelta y salió de mi habitación.

—¡Cierto! —me dije a mí misma.

Di un salto levantándome de la cama y entrando al armario. Después de casi media hora escogiendo que me pondría, por fin conseguí algo. Decidí ponerme una falda ajustada de cuero negra, en conjunto con top holgado de color blanco con un corazón negro en el centro. Luego de cambiarme, bajé a desayunar.

—Hasta que bajas —dijo Ryan, mientras colocaba su plato en el lava vajillas—, pensé que te había tragado el armario.

—Ya vez que no me trago nada —me senté en el comedor—. ¿Qué hay de desayunar?

—Panqueques —Luke colocó uno en mi plato.

—¡Que delicia! —tomé un panqueque y le di un mordisco—. ¿Tú los hiciste?

—Claro —habló en todo egocéntrico.

Mi vista giró hasta la basura, y noté que una bolsa de comida rápida se encuentra dentro de esta. Me levanté cuidadosamente, y caminé hasta la papelera, tomando silenciosamente la bolsa.

—Claro, la hiciste tú —dije, con un tono de voz bajo.

—Sí, ya te lo dije, soy un genio de la cocina —se alabó, estando de espaldas.

—Ah, claro, ¿y sabías que hay un restaurant con ese nombre? «Genio de la cocina». Su comida es deliciosa, deberías ir alguna vez —caminé hasta él, y me coloqué detrás.

—¿Ah, sí? No lo sabía, gracias por el dato.

—Qué raro que no lo sabías, he visto esta bolsa del mismo restaurant en la basura —coloqué la bolsa encima de la mesa.

Jessica Haynes: Los Desastre De Una Adolescente. (Corrigiendo)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora