29.- Especial: Narra Nick.

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Nick

—¿Podemos hablar? —su pregunta retumbó en mis oídos—. A solas —aclaró. 

Un profundo suspiro salió de mí.

Ella estaba ahí, de nuevo, observándome con esos ojos trascendentales, que me hacían dudar hasta de mi propia respiración. Con sus jugadas, de las que nadie podía salir ileso. Yo sabía exactamente quién era ella, y aún así, ahí estaba, avanzando hacia ella dispuesto a hablarle.

—¿Qué quieres? —pregunté con tajantería.

—Explicarte las cosas.

—¿Qué cosas? Hay muchas; como el hecho de que, nuevamente, hiciste lo que más te gusta. Te estás metiendo en mi vida —espeté, con un ápice de enojo.

Mi mayor debilidad: Grace.

—¡No lo he hecho! Prometo que no sabía nada sobre su conexión, sólo me asignaron a una paciente e hice mi trabajo. Necesito esto para graduarme, Nick —tragó saliva, haciendo una pausa.

Acomodó su postura y cambió su expresión. Ya sabía que venía después de eso, lo de siempre.

—Pero bien, ya pediré otra paciente —comentó con falsa comprensión—. Lo que menos quiero hacer es incomodar.

Y lanzó esa mirada. No había cambiado nada con los años, seguía siendo la misma chica manipuladora que siempre conseguía lo que quería. Porque así era, ponía esos ojos y usaba esa voz, y, en dos segundos, todos estaban a sus pies.

Era imposible saber si había cambiado, porque con ella se podía esperar cualquier cosa.

Hablar con ella era como hacer tratos con el mismísimo diablo. Ella no olvidaba, tenía el poder de conocer cada punto débil de todos con tan solo cruzar unas pocas palabras.

Me había enamorado de ella luego de conocerla en un parque a las cinco y treinta de la tarde. No podía olvidar ese día en el estaba completamente destruido, porque se podía decir que mi vida era todo, menos tranquila. A lo lejos la ví y no pude separar la mirada de sus ojos color cielo, y justo cuando pude, ya había caído al suelo.

No sabía si desear no haberla conocido o agradecer por lo mismo. Ella me hizo sentir más que ninguna chica, con cada mirada, cada beso, cada contacto, Grace me cautivó en menos de dos meses, lo que no sabía era que yo no era el único que me sentía maravillado por su figura.

Pero lo más doloroso: yo no era el único al cual ella le mostraba esa hermosa sonrisa.

—No es necesario —mi gentileza salió a flote.

Me di una cachetada mental al no poder hacer otra cosa más que ponerme de su lado.

Ese era su más grande hobbie. Ponía a todos de su lado y no sabía cómo, con su rostro angelical y sus actitudes bondadosas a cualquiera enamoraba: como yo. Un tonto enamorado que no escuchó cada señal evidente.

Estaba ciego. Completamente cegado por su aparente perfección.

Pero esa noche en la que decidí ir al cine sin mi tan amada novia, dejándola descansar luego de un gran supuesto resfriado, esa venda que estaba sobre mis ojos se cayó. Mi mejor amigo y mi novia, era bastante esperado, por todos, menos por mí.

—Si lo es —su voz se agudizó—. Lamento haberte hecho pasar por esto...

Su rostro reflejó dolor, mientras que bajaba la mirada y disponiéndose a irse.

—Espera —la detuve—. No lo hagas —pedí, sin tener control de mis palabras—. Es tu trabajo, a Jess pareces agradarle y ella necesita a alguien alegre como tú que esté con ella mientras sigue internada.

Jessica Haynes: Los Desastre De Una Adolescente. (Corrigiendo)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora