26.- Nuevos sentimientos.

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Jess.

—Me siento la peor persona del mundo.

Escuché con atención lo que parecía ser una disculpa por parte de Zack, sin poder soportar tanto tiempo reteniendo la risa, dejé escapar cada carcajada nacida dentro de mí, a tal grado de causarme un gran dolor de estómago. No conocía a alguien más chistoso que Zack —sin contar a Brent, claro estaba—, porque, él, sin duda, era una de esas pocas personas que pueden animarte, cambiando tu mal humor, en un abrir y cerrar de ojos.

Había llegado de improviso a primera hora luego de que Noah se fuera, alegando a las enfermeras ser mi prometido, por lo tanto, exigía verme, y con su perfecto rostro, ¿quién se negaría?

Se había encargado de preguntar cada cosa al doctor, cuya amistad con su padre era bastante sólida; desde qué puedo y no comer, hasta la hora de mi siesta. Portaba una pequeña libreta en la cual se encontraba plasmado de la a hasta la z cada cosa referente a mí.

—No tienes porqué, tú no tuviste la culpa de nada —tomé su mano, con una sonrisa.

—¡Claro que sí! ¿Cómo no estuve ahí para mi futura esposa? —sus expresiones me causaron risa—. ¿Aún puedes tener hijos?

—Todos los que yo quiera.

Por un momento, luego de que nuestras risas acabaran, su vista permaneció puesta en la mía por más de dos minutos, era como si buscara algo en mis ojos. No tenía idea de qué era ese algo, pero sabía que no era cualquier cosa.

—Nos diste un gran susto, Jess —su voz sonó sincera—-. Prométeme que no me harás pasar por eso una vez más.

—Lo prometo —aseguré, regalándole una sonrisa.

Tomó su bolso y comenzó a sacar algunas golosinas, jugos naturales y demás, ordenándolos en cada respectivo lugar de la habitación. Aunque quería, no podía dejar de observar su bastante extraña actitud. Jamás, en todo el tiempo que llevaba conociéndolo y conviviendo con él, pude conocer ese lado que me estaba revelando aquel día.

Desde aquel momento en el que salí a la luz del día con unos lentes de sol, tratando de ocultar mi dolor tras ellos, su actitud pareció dar un giro de ciento ochenta grados.

Sin embargo, en mi mente solo podía circular aquellas palabras dichas por Devon luego de su extraño mensaje la noche del lunes, las cuales, tomando en cuenta la poca confianza que tenía en él, debía ser inmediatamente comprobado.

—Zack —llamé, mordiendo mi labio inferior—. ¿Puedo hacerte una pregunta?

—Sí quiero casarme contigo —bromeó, aún de espaldas—. Es chiste; pregunta lo que quieras.

—¿Quién es Grace?

—¿Quién te hablo de ella? —respondió con cautela.

—Se supone que me darías respuestas, no más preguntas.

Me sentí rendida ante las pocas respuestas que Zack me ofrecía. Indispuesta a decirle la fuente que me había hablado sobre ese nombre.

¿Cómo podía decirle que había sido Devon?

Entonces lo pensé, pensé su nombre y repetí cada palabra en voz alta, sin notarlo.

—¿Qué? —sus ojos se agrandaron—. ¿Devon te habló de ella?

Eso de pensar en voz alta en contra de tu voluntad era una mierda.

—No... Bueno... No, pero sí... —me sentí acorralada.

—A ver, Jess, sin rodeos, ¿qué te dijo?

—No mucho, solo dijo que Nick lo odia desde lo que pasó con Grace. Justo ahí se dió cuenta que no estaba enterada de nada, se calló y se fue —expliqué—. Y aquí es donde entras tú y me cuentas todo, con lujo y detalles.

Jessica Haynes: Los Desastre De Una Adolescente. (Corrigiendo)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora