*Zack Wilson en galería*
¿Disculparme?
Ni porque me ofrecieran dos camiones cargados de oro. Claro estaba que él no podía esta enojado tanto tiempo por una tontería de ese tamaño, ¿pero yo? Definitivamente podía estar mucho sin dirigirle ni una palabra. Tenía el derecho de hacer lo que hice, muy a pesar de que relativamente no había hecho nada, gracias a mi arrepentimiento, porque mi ganas por resolver todo de una manera menos tonta seguía vigente, sin embargo, no pensaba dar un paso si él no lo daba primero.
Si así lo quería, así serían las cosas.
¿Alguien podía adivinar quién se hartó de pedir disculpas en vez de recibirlas? Dado a la obvia respuesta, está demás que aclarara dos puntos a mi favor: uno; él se equivocó primero (resaltando el hecho de mi arrepentimiento) y dos; lo de él fue mucho peor.
Pero claro, el niño pretendía esconderse en una cortina de orgullo, sólo al no poder aceptar su equivocación. La cuestión era, ¿qué tanto le costaba volver a aceptar su error? Ya lo había hecho antes de descubrir todo, pero mi hipótesis recaía claramente en su estúpido orgullo el cuál se dañó al verse envuelto en mi mentira.
Estaba por verse cuál brazo se daba a torcer, y podía asegurar que el mío no.
Al llegar a casa —luego de un largo viaje sin dirigirnos las palabras—, cada uno tomó sus diferentes rumbos. Yo, por mi parte, me encapsulé junto a Noah en mi habitación, él; no tenía ni idea, y tampoco iba a preguntar.
—¡¿Puedes dejar un estúpido programa de una buena vez?! —se exasperó mi amiga.
—¡Ve a gritarle a tu abuela, rubia barata!
Me observó con ojos entrecerrados.
—No volveré a contarte nada —sentenció.
Yo solo pude echarme a reír.
—¿Qué piensas hacer con Zack? —cuestionó.
—Nada.
Mis palabras la dejaron pensativa.
—No me mires así, él la cagó y aún así no lo hice pagar de la manera que tenía planeada. Este nuevo plan me gusta más.
—¿Nuevo plan?
—Estuve pensando y, ¿qué podía ser una mejor venganza? —hice una pausa misteriosa—. Claro está: Zack y su jodido orgullo se harán del rogar, pero ellos no han jugado ese juego con una Haynes. Él vendrá, ya verás, y ahí estaré satisfecha.
Noah soltó un suspiro.
—Me asustan tus juegos mentales.
—Y los que faltan —le sonreí—. Así que, mientras tú, señorita elijo los mejores programas de entretenimiento, buscas algo interesante para ver, iré a la cocina por algo para comer.
Salí de la habitación con rapidez, en busca de comida, y por increíble que parezca, sólo obtuve una barbacoa con el calor que salió de mis orejas al ver a una esbelta figura de la rubia de mis pesadillas.
Olivia Mason, mejor conocida como la secretaria de la esposa de Lucifer. Porque de seguro adivinarían quién obtuvo matrimonio con el ángel oscuro.
—¿Tú? —pronunció al verme.
—Claro, vivo aquí —me detuve frente a ella—, pero tú, ¿quién demonios te dejó entrar?
—Tu hermano —su ego contestó.
—Malkon está en entrenamiento de natación —ataqué—. No me digas que entraste sin permiso, ¡vaya falta de educación! ¡Ay! Cierto que no tienes ni una pizca de eso.
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Jessica Haynes: Los Desastre De Una Adolescente. (Corrigiendo)
Novela Juvenil¿Qué crees que pasa cuando cometes un pequeño error en tu instituto y te expulsan? No suena nada bien, ¿verdad? Te aseguro que es mucho peor de lo que suena. Mucho más cuando debes cambiarte de ciudad y vivir con tu hermano. Y sus amigos. Soy Jessic...
