14. - Sanar Herídas.

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Leah Olsen en galería.

—¿Mamá, estás lista? —toqué la puerta de la habitación de invitados, esperando la respuesta de mamá

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—¿Mamá, estás lista? —toqué la puerta de la habitación de invitados, esperando la respuesta de mamá.

Todos estábamos preparados, excepto ella.

—Bajo en un segundo, pequeña —habló desde el otro lado.

—Está bien, pero apresúrate, te esperamos abajo —le informé, mientras me dirigía a las escaleras.

Mamá era especialista en tardar demasiado, quizá por eso yo era así. Tendía a durar mucho, pero siempre quería quedar bien.

Malkon se encontraba en el marco de la puerta que daba a la cocina, con los brazos cruzados.

—¿Le falta mucho a mamá? —en la voz de Malkon se escucha un ápice de desespero.

—No lo sé, solo me dijo que ya baja —le informé, sentándome en el último escalón de la escalera.

Malkon rueda los ojos, definitivamente estaba impacientado. Esperar nunca fue lo mejor que Malkon sabía hacer. Mamá se hizo notar luego de un rato, todo gracias a sus tacones.

—Estoy lista —avisa mamá, mientras baja las escaleras.

Me giré para verla, estaba despampanante.

Brent entró al recibidor, junto a los demás.

—Señora Haynes —dijo Brent con asombro—. Se ve despampanante.

—Ay, Brent, no es para tanto.

—Claro que sí, se ve hermosa —le siguió Ryan.

—Que lindos niños —al pronunciar esa última palabra, todos caímos en carcajadas.

Brent y Ryan descompusieron sus rostros, creando una línea recta en donde se encontraba, hacía unos minutos, una sonrisa.

Zack apareció en la sala, girando las llaves entre sus dedos, me echó una mirada, seguida de una sonrisa ladina, y prosiguió a hablar:

—¿Nos vamos? —inquirió él, despegando su vista de mí.

—Por supuesto —mamá formó una enorme sonrisa, terminando de bajar las escaleras para salir por la puerta.

Todos la seguimos, tomé mi bolso y me aproximé hacia la puerta.

—¿Nos llamó niños? —en la pregunta de Ryan se expresó solo confusión

—¿Es que acaso estás sordo? —Brent le proporcionó un zape a su amigo, mientras rodaba los ojos.

Su escena causó en mí una pequeña risa.

—Ya vámonos, niños —les ordené, llevándolos a la salida.

La camioneta de mamá adornaba toda la calle, no era enorme, pero estaba hermosa y bien cuidada. No todos pudieron irse en ella, puesto que éramos muchos. Quise subirme, pero ya era tarde, todos los puestos eran ocupados por alguien, los autos ya estaban llenos.

Jessica Haynes: Los Desastre De Una Adolescente. (Corrigiendo)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora