El que esté libre de pecado que lance la primera piedra.
Fue ahí cuando di un paso al costado y escondí mi mano, porque claro estaba que nunca sería esa, no estaba libre, no era una santa y mucho menos era alguien sin ninguna culpa en esa sala de urgencias.
Había olvidado cuánto odiaba los hospitales y lo doloroso que era estar en esa sala de espera, con un vestido cubierto de sangre y tierra, con el maquillaje corrido, con el corazón en la mano, con tantas culpas y con todas las flechas apuntando a mí. Si tan solo hubiera hecho las cosas diferentes, si no hubiera mentido, si no lo hubiera engañado, quizá así todo sería diferente, aunque sin embargo, luego de ver las pruebas del gran fraude en el que Adam se había sumido, robando de la manera más cínica mi dinero, la mala desición recayó desde que me dejé engañar por su sonrisa hipócrita, cuando luego de tener el corazón destrozado, me aferré en querer superarlo y seguir con mi vida, como si algo así fuera una cosa de lanzar dados. Ya no había tiempo para arrepentimientos, ya no podía volver atrás, ninguno podíamos, las cartas estaban sobre la mesa y el juego ya estaba por acabar.
Lloraba sobre mis rodillas mientras permanecía sentada en esa sala de emergencias, rogando a quien me escuchara que el juego no acabara así, que no terminara llevándose aquello que tanto quería a mi lado.
Aquellas personas que habían destruido mi vida en solo quince segundos habían desaparecido, de la nada, faltó un descuido para dejar de ver a Adam entre la multitud, justo cinco minutos antes de que la policía llegara, pero he de admitir que lo peor llegó cuando mis sospechas se confirmaron y en las cámaras de seguridad se veía quién conducía aquel auto, con su rostro bien maquillado y sus ojos azulados, no podía creer cómo los hermanos White pudieron engañarme durante tanto tiempo, arruinando cada parte posiblemente estable de mi vida. Me sentía estúpida, dolida, estaba enojada conmigo misma por no tener nunca una buena forma de controlar mi entorno, siempre terminaba igual: arrepentida, sudorosa, triste, hundida en mis decisiones.
Sabía perfectamente que mi presente era una minuciosa creación de mis piezas puestas en el pasado. La culpa era mía, de eso no había duda.
En una perdida de conciencia en mi entorno, me atrevo a pensar en lo sucedido más a fondo, repasando con suavidad y detenimiento las imágenes en mi cabeza, buscando detalles oportunos para seguir echándome la culpa de lo que acababa de pasar, esperando en algún momento, encontrar algo que pudiera servir para atrapar a los otros dos culpables de la desgracia.
Doce horas antes...
Observaba mi pálido rostro en el espejo del baño, mientras que la canción sonante impactaba con fuerza en mis oídos, dejándome un poco desubicada. Me preguntaba ahí, a mí misma, cómo podía simplemente salir y decirle que no a un chico que no ha hecho más que portarse bien conmigo.
Me sentía egoísta, me sentía una falsa, una mentirosa, todo aquello que siempre detesté, no sabía cómo fui capaz de seguir con una mentira cómo sea, de escaparme cada madrugada para ver a Zack, de gastar mis labios besándolo toda la noche. Lo que me hacía sentir peor de mi situación es que, por más mala que podía sentirme, no me arrepentía de nada hasta ese momento, sabía que no era lo correcto, pero todas esas noches, con sus manos sobre mí, recorriendo cada parte de mi cuerpo como si fueran nuestros últimos días de vida, sus besos sobre mis labios y cuello, cada vez que suave y silenciosamente me quitaba la ropa al pasar las doce; sería la persona más egoísta del mundo, pero simple y sencillamente no podía olvidarme o superar algo como eso, algo como lo que él me hacía sentir, el fino estremecer de mi cuerpo al tenerlo tan cerca de mí.
Había notado que en solo unos días habíamos hecho todo aquello que no se nos permitió cinco años atrás, como si el tiempo no se hubiera perdido y las ganas estuvieran al mismo nivel de cuando teníamos solo diecisiete. No podía engañarme a mí misma, solo me llegaba el remordimiento por las mañanas, en las noches ni siquiera me detenía a pensar quién estaba en mi habitación esperándome.
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Jessica Haynes: Los Desastre De Una Adolescente. (Corrigiendo)
Teen Fiction¿Qué crees que pasa cuando cometes un pequeño error en tu instituto y te expulsan? No suena nada bien, ¿verdad? Te aseguro que es mucho peor de lo que suena. Mucho más cuando debes cambiarte de ciudad y vivir con tu hermano. Y sus amigos. Soy Jessic...
