30.- Besos desesperados.

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Grace.

—¡Fue humillante! —vociferé a mi amiga—. ¡No tuve qué responderle! ¡¿Quién diablos se cree?!

Mis ánimos de hablar por horas sobre el tema en cuestión no faltaban.

Era imposible no sentirme enojada por dicha situación. Habían pasado mucho desde que Nick y yo habíamos terminado, y, aunque estaba claro que cambiaría, no creía que tanto. Él siempre fue una persona dócil, se dejaba llevar por sus impulsos y por si corazón, pero esa vez, parecía reprimir sus acciones.

Luego de tan mal encuentro en el hospital y ese cruce de palabras que hirió mi orgullo, corrí hacia la persona que sabía podía ayudarme a sobrellevar todo, pero, sobre todo, a saber cuál sería mi próximo movimiento; Olivia Mason.

Nos conocimos en Seattle luego de mi mudanza, era mi vecina y no pudimos evitar empatizar. Ahí descubrí que sí tenía un alma gemela, y era ella, la viva imagen de mi otro yo.

—¿Puedes calmarte? —Olivia rodó los ojos.

—¿Cómo quieres que me calme? ¡No viste cómo me trató!

—En primera: no grites —advirtió con una mirada—. En segunda: ¿qué querías? ¿Una fiesta de bienvenida y una noche de sexo apasionado de reconciliación? ¡Lo hundiste hasta el fondo con lo que le hiciste!

—Lo sé... —bajé mi tono—. Es sólo que... Creí que podría seguir teniéndolo en el tablero.

—Quieres decir, seguir jugando con él —me corrigió.

—Cómo sea. Haré que vuelva a estar en el juego —formé una sonrisa.

—¿Enserio crees que podrás envolverlo de nuevo? —se burló—. No busques problemas, Grace. No volverá.

—¿Estás segura de eso?

La mirada de la rubia se fijó en mí, mientras se alzaba para sacar dos platos de un gabinete.

—Nick todavía siente cosas por mí, Olivia, lo sé, lo comprobé hoy al hablar con él —me dejé desvanecer sobre la silla—. Además, Jess y yo nos llevamos extrañamente bien; lo usaré a mi favor.

—¿No dijiste que Nick está interesado por ella? —tomó asiento en la barra de cemento.

Asentí rápidamente.

—Pero no sé si ella lo está por él —informé—. Sea de cualquier forma, tendrán que olvidarse el uno del otro.

—Cielos, Grace, hay veces que me das miedo —abrió los ojos como platos—. No obstante, eres mi mejor amiga, y te ayudaré.

—¡Ah! ¡Te adoro! —corrí para abrazarla—. Y prometo, enserio prometo, no ser tan mala con nadie —confesé a regañadientes.

—Eso espero —me observó con desconfianza.

Olivia podía ser muy como yo, tanto en pensamiento como en actitudes, pero, muy a pesar de nuestras similitudes las diferencias siempre estaban presentes. Ella era calculadora, y, de hecho, antes de conocerme creía fielmente que era la persona con más cualidades egocéntricas y frívolas. Definitivamente a ella no le importa dañar a terceras personas si realmente quiere algo, pero al comparar sus daños con los míos, ella supo que tenía el segundo lugar.

Yo tenía el primero.

Partí de su casa a eso de las seis de la tarde, directo a cumplir mis labores en el hospital. Aferrándome al deseo de no encontrar a nadie indeseable, pero claro está que mis plegarias no habían sido escuchadas.

—¡Grace! —un llamado hacia mí me hace voltear con ojos cerrados, deseado que la voz no fuera de quién pensaba.

Pero claramente, mientras más deseé que no fuera, la vida me dió lo que no quería. Pero si la vida te da limones, exprime todo el jugo y vuelve amarga la vida ajena.

Jessica Haynes: Los Desastre De Una Adolescente. (Corrigiendo)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora