—Llegamos —Kate aparcó su auto—. Se siente bien regresar al reinado.
Solté una carcajada y terminé de retocar mi maquillaje.
—Oye, Barbie, ¿no te preocupa lo que digan luego de que sepan que somos amigas? —alcé la vista.
—¿Eso qué interesa? —soltó—. ¡Soy una mujer nueva y mejorada! Me importa tres pepinos lo que piensen las demás.
Con una gran sonrisa, alcé mi mano para chocarla con la suya.
El viaje había acabado, al igual que las pequeñas vacaciones que la escuela había dado, por lo tanto, el regreso a clases era eternamente obligatorio. Luego del fatídico viaje, nada bueno traía este regreso, las clases sólo traerían más y más incomodidades y conflictos en el grupo, quienes, luego de los acontecimientos evidentes de la ruptura entre Nick y yo, no dejaron más que grietas en nuestro círculo.
Preferí ocultar todo, no complicar más la interacción entre todos dentro de cuatro paredes y reprimir mi odio para mí misma. Claro estaba que Malkon no podía evadir mi decisión de romper con Nick sin ninguna explicación, debía averiguar lo sucedido, recurriendo a la inocente Noah, quien se dejó manipular vilmente por los besos de mi hermano.
Las cosas estuvieron tensas, pero esa vez, como cosa extraña, Malkon decidió respetar mis peticiones y no lastimó a Nick, guardando el secreto.
Está de más decir que el fin de semana luego de regresar de Miami la casa estuvo más tensa de lo habitual, permanecí en mi habitación una gran parte del tiempo, viendo películas y ahogando mis penas con libros de poesía, cuyos párrafos eran los únicos capaces de describir cada latido de mi lastimado corazón. Solo me crucé con Nick tres veces, en las cuales el insistió en hablar conmigo, por mi parte, mis palabras fueron precisas en todo momento.
—No quiero hablar, quizá cuando tus acciones duelan menos, lo haga, por ahora, ocúpate de acostumbrarte a vivir sin mí; porque probablemente eso sea lo que te toque de ahora en adelante.
Dije cada vez, con voz determinante y sin mostrar sentimiento alguno.
—¿Quienes son esas? —Tres chicas, quienes se acercaban al grupo, invadieron mi campo visual.
Kate volteó hacia el frente, viendo a lo lejos, como mi hermano y los chicos recibían con saludos a esas tres chicas.
—Las perras han regresado —fueron sus únicas palabras antes de bajar del auto.
Sin saber qué hacer, copié su acción, bajando del auto completamente confusa. Noah y las demás se encontraban caminando hacia nosotras.
—Regresaron —Gina se dirigió a Kate—. Creí que Berlín se las comería.
Aún, sin saber siquiera a qué se referían, lancé una mirada dirigida a Noah, pidiendo alguna explicación.
—Esas tres son la escoria más grande de esta escuela —Gina se adelantó—. Desde el kínder son el grupo de competencia para el nuestro. Si crees que Kate y yo éramos malvadas, aún no las conoces a ellas.
—La rubia del medio siempre quiso con Nick. Su nombre es Marion —la voz de Noah llamó mi atención.
No contesté, simplemente seguí escuchando sus historias.
—Claro que yo le tomé la delantera —Kate habló orgullosa—. Pero se supone que habían salido de viaje un mes antes de tu llegada.
—Ellas afirmaron que lo más probable es que se casaran en Berlín y nunca volverían —la hermana rubia se burló—. Aunque hubiera sido una armónica noticia saber que nunca volverían a pisar esta escuela, todos sabemos que nadie sería capaz de soportarlas.
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Jessica Haynes: Los Desastre De Una Adolescente. (Corrigiendo)
Novela Juvenil¿Qué crees que pasa cuando cometes un pequeño error en tu instituto y te expulsan? No suena nada bien, ¿verdad? Te aseguro que es mucho peor de lo que suena. Mucho más cuando debes cambiarte de ciudad y vivir con tu hermano. Y sus amigos. Soy Jessic...
