¿Qué crees que pasa cuando cometes un pequeño error en tu instituto y te expulsan?
No suena nada bien, ¿verdad? Te aseguro que es mucho peor de lo que suena. Mucho más cuando debes cambiarte de ciudad y vivir con tu hermano. Y sus amigos.
Soy Jessic...
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Entrar en situaciones incómodas sin percatarme siempre fue uno de mis enormes talentos, era innato, no podía siquiera controlarlo, solo aparecían como por arte de magia. Era un imán y yo lo tenía más que claro, era tan evidente que, podía afirmar sin peros, que cada ser humano consiente que me rodeara lo sabía. No tenía idea si estar de pie frente a cinco chicos, de los cuales no sabía ni sus nombres, iba a significar un problema, eran solo simples personas de mi edad, ¿qué tanto daño podía causar?
De igual forma, no podía bajar la guardia, tomando en cuenta los precedentes de ese entonces, no tenía duda de que cada cosa nueva que saltaba en mi vida contenía un gran letrero de peligro escrito en letras rojas; siempre leía la letra pequeña, aunque al final, sin importar lo que hubiera en esta, me lanzaba de cabeza hacia el desastre inminente.
—Hermanita, te presento a mis amigos. Ellos son: Nick —señaló al primero de la fila.
Nick; ojos azules, pelinegro, algo pequeño, pero no lo suficiente como para ser más pequeño que yo. Lindo, sin duda lo era, tenía ese aire de chico sofisticado e intermedio en cuando a romper corazones, leía en sus ojos que era un buen chico, disfrazado en una faceta de desinteresado por el mundo. Le sonreí, mostrando mis dientes, intentando parecer lo más amable posible, para luego pasar por su lado y seguir con las presentaciones.
—Brent —presentó al siguiente.
Brent; castaño, con ojos tan azules como el mar. Bastante musculoso, a decir verdad. Él, con una larga diferencia al anterior, era lo más parecido a un personaje de película, de esos que te gritan no te enamores de mí en la cara, pero que, aun así, la protagonista cae en sus brazos de forma ilógica luego de una simple y aburrida mirada.
—Hola, preciosa. Soy Brent Stone, y estoy disponible para chicas como tú —tomó mi mano y la besó sutilmente.
Lo que sí estaba más que confirmado era su talento para hacerme reír tan rápido.
—Ella es terreno prohibido, sobre todo para chicos como tú —advirtió mi hermano, haciendo que suelte su mano.
Añadió un guiño antes de que dejara de verlo y pasara al siguiente. De escala en escala, cada chico parecía ser más lindo que el anterior, haciéndome preguntar por qué no quemé un salón de química antes para poder ser enviada a California.
—Mucho gusto, Jessica, soy Ryan —saludó un chico a su lado, estirando su mano.
Ryan; con cabello castaño, casi negro, con destellantes ojos color esmeralda. Él te daba un aire tranquilo con solo verlo, incluso me atrevía a decir que la calidez que emanaba lograba hacerte sentir a gusto en una situación incómoda; algo hippie, con cabello despeinado y expresión relajada, en su camiseta estaba, literalmente, estampado: viva la fiesta, en letras color amarillo.