45 .- Fresas y sandías.

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Dejé salir de mí un bufido, rodando los ojos. Debía aceptar que, en términos generales, estar en medio de la nada junto a él no significaba lo peor del mundo, porque, viéndolo desde otro punto, hubiera estado peor el hecho de que eso pasara sin ninguna compañía eficiente. Claro que, estando atrapada en aquel lugar con alguien como Nick, o incluso Marion, el desastre seguro sería pertinente.

—Ni creas que pasará —aclaré, acomodando mi asiento.

—¿De qué hablas exactamente? —actuó desentendido.

—De esto —nos señalé—. El que estés aquí por casualidad no significa que entre tú y yo pasará algo más que el traspaso de palabras.

Una risa salió de él.

—¿Y vas a reírte? —lo observé con desagrado—. No parecías divertido la noche del parque de diversiones.

Su sonrisa se borró de inmediato, estallando un largo e incómodo silencio.

—Bien, si así lo quieres, lo haremos —desabrochó su cinturón de seguridad—. Hablemos de eso.

Mis ojos se fueron a los suyos, con incomodidad y algo de nerviosismo. Tragué saliva, pensando una y otra vez sí verdaderamente estaba preparada para esa conversación.

Había estado planeando tantas tácticas, guiando mis expectativas al fuerte orgullo del castaño, sin embargo, nunca conté con que él, en menos de setenta y dos horas tomaría la iniciativa de arreglar lo que sea que se estaba creando entre nosotros cuando todo se volcó. Pero ahí estaba yo, en medio de la nada con el chico que quería y detestaba a la vez, pensando en cuáles serían sus próximas palabras, pero sobre todo, en cuáles serían las mías, estaba más que claro que, por más que me muriera por olvidar todo, no podía; olvidar los errores de otra persona, sin que siquiera él los aceptara nunca fue una buena opción para tener una buena relación, tanto de amistad, como amorosa.

No podía simplemente dejarme llevar por su hermosa sonrisa y su porte del chico de mis sueños, debía cuidar mis intereses, mi futuro; mi corazón, ya me había cansado de perdonar a personas que no se encontraban arrepentidas.

—Lo acepto —fueron sus primeras palabras—. Fui un verdadero imbécil y la verdad, creí que no volverías a dirigirme la palabra, pero fuiste más madura que yo.

Tomó un pequeño respiro.

—Caí bajo, muy, muy bajo. Fui un inmaduro, cuando comenzaste a darle largas al tema de... Lo de la fiesta, creí que solo jugabas conmigo, quise vengarme.

La fiesta. El momento exacto en el que todo cambió, no podría decir un término exacto; mal, lo que se diría mal, no estaba, y bien, mucho menos. Se encontraba en ese espacio exacto llamado vida adolescente —o vida en general.

—Pero, ¿por qué con ella?

Se encogió de hombros.

—Supongo que fui un idiota y un insensible, usé tus puntos débiles —confesó—. Y cuando supe lo de tu venganza, quise decirme a mí mismo que tú estabas mal por copiar mi acción, pero la verdad es que, en el fondo, tomé tu error como excusa para tapar el mío —hizo una pausa—. No quiero tu perdón, quiero algo mejor y más sencillo que eso; la oportunidad de demostrarte que realmente merezco una segunda oportunidad contigo, y es que, verdaderamente no sé a dónde llegará esto, pero por ti, estoy dispuesto a arriesgarme.

—Yo...

—Antes de que digas cualquier cosa, quiero decirte algo —me interrumpió—. No soy Will, Jess, tampoco Nick. No pienso liarme con tu amiga, o con alguna de mis ex novias, no pretendo que me cuentes tu pasado en una confesión nocturna, mucho menos que no te acerques a mis amigos por miedo a que me engañes. Pero sobre todo, no pretendo olvidarme de ti en, cómo mínimo, unos veinte años.

Jessica Haynes: Los Desastre De Una Adolescente. (Corrigiendo)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora