13. - Paseo por la cárcel.

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°Gina Morgan en galería

—Bueno, puede ser que nos guste —me encogí de hombros

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—Bueno, puede ser que nos guste —me encogí de hombros.

Tenía que ser positiva, pero aun así, me costaba hacerlo.

Ahí estábamos, de pie a sólo minutos de entrar a un juego de fútbol, teniendo como única emocionada a Leah. No es que odiara el fútbol, en lo absoluto, pero no podía declararme fan número uno, además, ¡estábamos en Madrid! Habían más de cincuenta lugares que podíamos visitar, y, aun así, nos encontrábamos ahí.

—¡Claro que les gustará! El fútbol es lo mejor —nos animó Nick.

No ayudabas, pequeño, Nick.

—Claro —añadí con sarcasmo.

Luke apareció con boletos en la mano, lleno de mucha felicidad.

—¿Entramos? —les pregunté a las chicas.

—¿Hay otra opción? —refunfuñó Gina—. Entremos.

Entramos a el estadio, el cual estaba a reventar de tantas personas. Para nuestra sorpresa, luego de pensar que tendríamos puestos lejanos y básicos, los chicos nos guiaron a un lugar distinto; la zona VIP.

Cabe destacar que nuestra impresión fue mayor de lo que esperábamos. No podían culparnos, gracias a los largos antecedentes de cada uno de mis compañeros de cuarto, la idea de una buena vista hacia el juego era nula.

El juego avanzó con el tiempo, colocando en tensión todo el lugar a cada segundo. Incluyéndome, por más extraño que parezca.

—¿Se están divirtiendo? —me preguntó Nick.

No me tomé el tiempo de responderle, estaba muy concentrada en el juego. Nunca creí que el fútbol fuera a parecerme tan increíble. El simple hecho de que estuviera sumamente concentrada en algo ya es extraño.

—¿Me estás escuchando?

—Perdón, ¿qué? —hablé algo desorientada.

—¿Te estás divirtiendo? —me repitió la pregunta.

—¡Sí! —digo emocionada—. Te juro que nunca pensé divertirme tanto en un juego de fútbol.

—¿Hablas enserio?

—Sí, y creo que no soy la única —le di una mirada a las chicas que en este momento estaban gritando emocionadas, animando a su equipo.

—Increíble, pensé que se aburrirían

—Y yo creí que tendríamos asientos mediocres, y ya ves —guiñé un ojo.

Una sonrisa se esbozó en sus labios, mientras su atención recaía nuevamente en el partido.

—¡Oye, imbécil, quita tu enorme cabezota del medio! ¡Obstruyes la vista! —Leah soltó un grito hacia un hombre que estaba de pie frente de ella.

Jessica Haynes: Los Desastre De Una Adolescente. (Corrigiendo)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora