CAPÍTULO 59:

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  Una semana más tarde, llegaron al centro de Londres. Instalaron el circo en el patio de una escuela situada en un barrio de las afueras, con casas blancas de dos plantas, columpios en los patios traseros y monovolúmenes en los garajes. De camino a la casa de fieras, donde Tater estaba atado, (TN) se pasó por el vagón rojo para hacer unos cambios en el pedido de pienso y, cuando entró, vio a Jack examinando algunas carpetas.
La saludó con una inclinación de cabeza. Ella le devolvió el saludo y se dirigió al escritorio para buscar los papeles que necesitaba. Sonó el móvil y lo cogió ella.
—Circo de los Hermanos Lloyd.
—Quería hablar con el doctor Styles —respondió un hombre con acento británico. —¿Podría avisarlo?
(TN) se dejó caer en la silla.
—¿Con quién?
—Con el doctor Harry Styles.
A (TN) comenzó a darle vueltas la cabeza.
—N-no está aquí en este momento. ¿Quiere dejar algún recado?
La mano le tembló al apuntar el nombre y el número. Cuando colgó sintió que se tambaleaba. ¡Harry era doctor! Sabía que era un hombre cultivado y que tenía una vida oculta, pero jamás se había imaginado algo así.
El misterio que rodeaba a su marido era cada vez más profundo, pero no sabía cómo sonsacarle la verdad. Harry seguía esquivando cualquier pregunta que le hiciera, seguía actuando como si no tuviera una existencia más allá del circo.
Se humedeció los labios resecos y miró a Jack.
—Era un hombre que quería hablar con Harry. Lo llamó doctor Styles.
Jack metió varias carpetas en el cajón abierto del archivador sin mirarla.
—Déjale el mensaje en el escritorio. Lo verá cuando entre.
Jack no había mostrado reacción alguna, así que evidentemente sabía más de la vida de su marido que ella. Tal certeza le dolió.
—Debe de ser un descuido por su parte, pero Harry no me ha dicho qué rama de la medicina practica.
Jack cogió otra carpeta.
—Tal vez porque no quiere que lo sepas.
(TN) se sentía carcomida por la frustración.
—Cuéntame lo que sabes de él, Jack.
—En el circo aprendemos a no meter las narices en la vida de los demás. Si alguien quiere hablar sobre su pasado, lo hace. Si no, es asunto suyo.
Ella se dio cuenta de que lo único que había conseguido era avergonzarse a sí misma. Hizo tiempo hojeando algunos periódicos y se escapó de allí lo más rápidamente que pudo.
Encontró a Harry acuclillado junto a Misha, examinando la herradura del caballo. Lo observó durante un buen rato.
—Eres veterinario.
—¿De qué hablas?
—Eres veterinario.
—¿Desde cuándo?
—¿No lo eres?
—No sé de dónde sacas esas ideas.
—Acabas de recibir una llamada. Alguien quería hablar con el doctor Styles.
—¿Y?
—Si no eres veterinario, ¿qué tipo de doctor eres?
Él se puso en pie y palmeó el cuello de Misha.
—¿No has pensado que podía ser un apodo?
—¿Un apodo?
—De mis días de prisión. Ya sabes que los convictos le ponen apodos a todo el mundo.
—¡No has estado en prisión!
—Pero si lo dijiste tú misma. Por asesinar a aquella camarera.
(TN) pateó el suelo con frustración.
—¡Harry Styles, dime ahora mismo a qué te dedicas cuando no estás en el circo!
—¿Por qué quieres saberlo?
—¡Soy tu esposa! Merezco saber la verdad.
—Todo lo que necesitas saber es que tienes delante de ti a un antipático artista circense que posee un pésimo sentido del humor. No necesitas saber nada más.
—Eso es lo más indulgente y condescendiente...
—No es mi intención ser condescendiente, cariño. Pero no quiero que te hagas ilusiones. Esto es lo que hay. Una gira con el circo de los Hermanos Lloyd. Caravana y trabajo duro. —La expresión de Harry se suavizó. —Hago lo que está en mi mano para no hacerte daño. Por favor, acéptalo y deja de hacerme preguntas.
Si hubiera sido hostil, lo habría desafiado, pero (TN) no pudo luchar contra esa repentina dulzura en su voz. Dio un paso atrás y observó las profundidades de sus ojos. Eran tan verdes como los de Sinjun, e igual de misteriosos.
—Esto no me gusta, Harry—dijo ella con suavidad, —no me gusta nada. —Y se dirigió hacia la casa de fieras.
Un rato más tarde, Heather entró en la carpa. En ese momento, (TN) acababa de terminar de limpiar la jaula de Glenna con una manguera.
—¿Puedo hablar contigo?
—Sí. —Al cerrar la manguera, (TN) vio que la chica estaba tensa y que tenía ojeras.
—¿Por qué no le has contado a Caroline lo del dinero?
(TN) enrolló la larga manguera y la sostuvo entre las manos.
—He decidido no hacerlo.
—¿No vas a decírselo?
(TN) negó con la cabeza.
Los ojos de Heather se llenaron de lágrimas.
—¿¡Por qué no vas a hacerlo después de todo lo que le he hecho!?
—Puedes devolverme el favor prometiéndome no fumar más.
—¡Vale! Haré lo que sea. Nunca olvidaré lo que has hecho por mí, (TN). Nunca. —Heather agarró la manguera que (TN) acababa de enrollar. —Déjame ayudarte. Dime qué quieres que haga. Haré cualquier cosa.
—Gracias por la oferta, pero no es necesario. —Comenzó a enrollar la manguera de nuevo, pero esta vez la llevó afuera y la apoyó contra la carpa.
Heather la siguió.
—Haré lo que quieras... Sé que sólo soy una niña y todo eso, pero como no tienes amigos aquí, quizá podríamos hacer cosas juntas. —Se detuvo a pensar qué podrían hacer para superar lo ocurrido, algo en lo que no importara la diferencia de edad. —Podríamos ir a tomar pizza o algo por el estilo. O podríamos peinarnos la una a la otra.
(TN) no pudo evitar sonreír ante el tono esperanzado de la chica.
—Suena bien.
—Voy a recompensarte por esto, te lo prometo.

¿Odio o amor?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora