Parte sin título 25LA EXPUSION Y RESISTENCIA DE EUGINE

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XXV

LA EXPUSION Y RESISTENCIA DE EUGINE

—No sigas —, le ordenó tajantemente Teódulo Sebastián Dival a su hijo Eugine. No sigas para que no le infrinjas una nueva herida a esta familia, y evitar con ello y en esta forma que al transcurrir el tiempo se recrudezcan viejas heridas, que vuelvan a sangrar como antes y que las cosas pasen a otro nivel, evitemos que vayan a un plano diferente.

—Pero ¿de qué estás hablando?, ¿qué tiene que ver lo conversado aquí conmigo o con el pasado? ¿No fue suficiente la violencia ejercida en el pasado contra un hijo tuyo?

—No me sigas provocando con tus afrentas.

—Pretendes justificarte ejerciendo nuevas violencias. Esta vez contra Mirna, para soportar el peso que debes guardar en tu conciencia. Lo que hiciste conmigo es imperdonable. Solo yo con esa forma que todo lo deja pasar y todo lo perdona podría verte la cara después de todo aquello.

Eugine fue la primera víctima del nuevo Teódulo Sebastián Dival, cuando al volcar todo su odio sobre los otros estaba en el proceso de formación del hogar con alguien a quien el padre consideraba mujer de la vida alegre donde se saciaban las lujurias sexuales muchos conocidos suyos. Por eso la execraba del entorno suyo; por eso la excluyó como escoria y por eso las diferencias entre padre e hijo no se subsanaban. Cada oportunidad que se posaba sobre el padre para recordarle el origen de sus amoríos era aprovechado por este para insuflarle una nueva ofensa y por eso cuando los ánimos se caldearon, fue tierra fértil para que el padre le reviviera aquellas diferencias y aquellas antiguas discusiones.

—Volver sobre las viejas heridas y lastimarlas con cada nuevo acto las profundiza— le dijo el padre.

—Olvida padre— le respondió Eugine para que no continúes amargado todo la vida.

—Lastimarlas sobre sus propios surcos dolorosos, no es inteligente— le dijo el padre, porque con cada sangrado recuerdo nace un nuevo sangrado y con cada sangrado nuevo el odio crece.

—Si no eres capaz de olvidar tu sufrimiento será interminable— le respondió Eugine.

—¡Olvidar! —, dijo este. ¿Crees o piensas que he olvidado la afrenta mediante la cual mancillaste el apellido Sebastián, cuando tuviste la deshonra de elegir una mujer de la calle?

—Esa fue mi elección—. Debes respetarla.

¿Respetar qué? Una "señora" sacada desde las profundidades deshonrosas para una mujer, venida desde un lugar de mala muerte, extraída por ti desde un burdel, para ponerle a los hijos procreados con esa el apellido digno de los Sebastián, ¿pero conjuntamente con cuál? ¿Consideras a Teódulo Sebastián Dival con la poca entereza para olvidar algo tan vil? No, nunca lo haría.

—Olvidar alivia el alma— padre. Aprender a que las cosas pasan y no siempre se puede detener el curso al tiempo es ubicarse sobre sus propias fuerzas. Hay cosas que escapan a nuestros propios planes.

—Ese engaño jamás podría olvidarlo. Con razón te metes a justificar la nueva afrenta que está a punto de ser cometida en la familia ahora por tu hermana, y, esta nueva envestida al decoro familiar, a la grandeza, a la vida misma, la ubicará como en aquel momento, en el centro del escarnio público.

—No Teódulo. Hace mucho que nuestra familia se debate entre el escarnio público y la deshonra—, le dijo el hijo mayor. Desde que no podemos justificar los bienes materiales que poseemos, estamos en el centro del debate sobre la forma en que fue adquirida la fortuna familiar. Lo que te enorgullece me avergüenza.

Bodas de FuegoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora