LXVII
EL DIA DE LAS BODAS
El día de las bodas, la iglesia del pueblo Ciudad del Lago, aquel pequeño pero atractivo lugar, estaba decorada para la ocasión memorable. A pesar de sus amenazas y haber hecho cuanto estuvo a su alcance para impedirlas, Teódulo Sebastián Dival no logró disuadir a Mirna Sebastián Herrera de unirse en matrimonio con adorado Ricardo Flete Vargas y, aunque el padre no realizó grandes esfuerzos para ayudar, tampoco hizo las consabidas maniobras para que no se efectuara, una vez estuvo convencido de la imposibilidad para materializar sus intentos. Se decía a sí mismo ser hombre democrático y en esta ocasión había sido derrotado por la insistencia de la hija y quiso disimular ante los demás hijos y su esposa Griselda Petra Herrera, quienes les negaron su apoyo, ser respetuoso de las decisiones tomadas por la mayoría. En este caso fue Mirna quien decidió, pero encontró el respaldo de todo su entorno familiar con excepción del suyo y era preciso mantener la postura ante la derrota, la mesura ante el infortunio y si bien para él no significaba nada, pues no la asimilaba en verdad como una victoria de nadie, ni menos como una derrota suya, era prudente hacer entender a los demás que así era, para no despertar sospecha sobre él, si ocurriera algo anormal, o cualquier eventualidad surgida con posterioridad, capaz de revertir el paso dado por su Flor del Diamante.
Teódulo Sebastián Dival había urdido un plan macabro para dañar la efectuación de las bodas antes que ver realizados los actos religiosos de esta, pero no fue, sino hasta el momento dedicada a la ceremonia cuando logró ejecutarlo. Si fuere necesario se decía, bañaría con sangre la unión sagrada. Cuando vieron el cambio del señor Teódulo, tanto Mirna como sus hermanos pensaban que se trataba de una aceptación obligada por los acontecimientos, y, por las gestiones pacifistas del joven Teódulo hijo. Se asombraban con su actitud pacifista, pues abierta y rabiosamente había con anterioridad manifestado una oposición irracional, pero cuando más se adentraban en el análisis del cambio de rumbo del padre, recordaban sus méritos como demócrata y su siempre cacareado respeto por las decisiones tomadas por la mayoría. Habían vencido, pero no contaban con el plan que a escondidas, su padre había urdido para impedirlo todo, ese plan gestado en su cabeza trastornada y del cual no hablaba en público y menos frente a sus hijos y esposa. Ninguno imaginaba la dimensión de la locura del padre, ni conocían bien su capacidad para simular. Su cinismo era tal que nadie adivinaba lo que había en su cabeza; la estatura del entramado que había diseñado y que pondría en marcha, una vez estuviera libre de sospechas. Era un simulador grandioso.
Todo estaba planificado en su cabeza. Decía frente a sus hombres:
—Cuando estemos en las bodas, allá en la iglesia, después que el arzobispo haya declarado la unión eterna, y, Mirna y el infeliz se hayan jurado amarse y respetarse hasta cuando la muerte los separe, estar uno al lado del otro en las buenas y en las malas, en la salud y la enfermedad, en la suerte y en la desgracia; cuando ya estemos en la recepción, el Barandillú, con el cogote como una yuca amarga, vaya a felicitar a la familia Sebastián, (en su cabeza ya distorsionada, quien era digna de ser felicitada era su familiar en núcleo total, no así los desposados), ahí es cuando actuaré. El caballero Barandillú ignora hasta dónde llega mi odio, pero yo estoy aquí, uh, con mi Mata Vaca al cinto, y mi segunda intención.
«Barandillú ve a felicitar a la familia Sebastián», imaginaba Teódulo le diría Mirna a Ricardo Flete, una vez terminada la ceremonia religiosa y se encontraran en plena recepción, celebración a efectuarse en el Hotel Gran Cacique, contiguo a la Catedral de Piedras del lugar Ciudad del Lago.
«Inicia con el último de la familia Sebastián Herrera, el caballero Hipólito», (eso concebía Teódulo en su cabeza como la forma ordenada por Mirna a su ya esposo para las felicitaciones que este haría a todo su entorno familiar, y ya en su trastornado estado mental, en su dislocación emocional, se consideraba a sí mismo y a los suyos como caballeros).
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Bodas de Fuego
סיפורת כלליתMirna Sebastián Herrara llega a Ciudad del Lago después de cursar estudios superiores en Europa. Su regreso a la ciudad, coincide con la celebración de las fiestas patronales en honor a Santa Lucía. Allí, en el parque central, se encuentra con Rica...
