Parte 28EL COQUETEO DE FRANCISCA DURANTE LA VELADA

17 0 0
                                        

Francisca Pimentel caminaba desde un lado a otro del salón de la mansión del matrimonio Sebastián Herrera, donde se celebraba la velada con un movimiento en su cintura que hacía temblar a todos los varones y movía la envidia entre las mujeres presentes. Una estremecida constante hacía en su cuerpo torneado al caminar pausado. Un coqueteo seductor se expresaba en cada fibra del cuerpo esbelto que Francisca movía al compaz del sonido musical. Se movía desde un lado al otro sin detenerse a esperar las miradas que sabía la desnudaban y la odiaban. Al pasar frente a unos invitados que tenían a manos finas bebidas que tomaban a grandes sorbos:

—¿Han visto a mis padres? — Preguntó animada la joven Francisca Pimentel.

—Hace unos minutos estaban con nosotros—, respondieron a coro.

—Dieron volver en breve—, comentó uno, insitando a la joven a quedarse en su entorno.

—Buscan algo para tomar que no tenga alcohol para reintegrarse a esta plática—, dijo otro.

—Tu compañía es grata hasta que lleguen tus padres—, le dijo el tercero.

El cuarto hizo silencio cómplice con sus compañeros esbozando apenas una sonrisa displicente. Todos se sentían benditos con la llegada a su grupo del monumento himano Francisca Pimentel. "!Es tan hermosa!" pensaban sin decir palabras "que a cualquiere enloquece".

Hija del matrimonio formado entre Isabel Nivar y Julio Pimentel, dos empresarios del área energética quienes les acompañaron a la fiesta, pero una vez en el salón, se separaron de ella para permitirle libertad que la empujaba a ejercer una coquetería sin limtaciones y la exhibición que hace con sus encantos los cuales no disimulaba, y a los ojos que atrevidos la miraban, pafra que no se detengan por la observación hecha por los padres. La dejaron libre como el reuiseñor en vuelo y cántico que enmaraña desde el bosque cuando se detiene a deleitar con sus silvidos.

El escote de la hermosa joven Francisca Pimentel era tan pronunciado, que los varones presentes en aquella reunión no detenían las miradas aunque anduvieran acompañados por sus esposas o por algunas amigas. Era Francisca Pimentel tan seductora, que, las aberturas pronunciadas en su escote por el vestido con encajes blancos, la convertían en una mujer interesante, las carnes del pecho se pronunciaban ante los encajes transparentes del vestido. Su soltería y su gracia, se sumaban a la coquetería salida por sus piernas provocando que las miradas de múltiples ojos se posaran sobre ella en forma atrevida. Ninguno se perdía un solo detalle del caminar pausado y seductor que con frecuencia a modo espectacular daba Francisca Pimentel en las íntimas veladas y esta no sería la primera. Nadie podía sustraerse a sus gestos femeninos, a sus movimientos conquistadores.

Todos los personajes la miraban con esos deseos carnales capaces de desnudar con los ojos, su cuerpo ataviado por sus curvas perfectas y ella, a sabiendas que poseía esos encantos, se mostraba altiva y provocadora. Todas las miradas se posaban sobre sus pechos pronunciados, y con los ojos puestos en ellos, todos los contertulios en ese selecto grupo respondieron al unísono:

—Hace poco salieron tras unas copas de sidras sin alcohol.

—¿Se extraviarán entre las ultitudes? — preguntó Francisca a los nuevos amigos.

—No —, respondió uno—, búscale, introdúcelos a este lado para que acerques nuevamente a estos ojos ávidos del amor, tus prendas perfectas, para que se detengan en este grupo.

—Preséntanos ante ellos— dijo otro, como tus viejas amistades.

—Tus padres entenderán las prácticas juveniles, las formas actuales y modernas para conectarse y mezclarse.

Bodas de FuegoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora