El dolor había cesado hacía un rato, pero el miedo no. No quería perder a mí hija, no quería separarme de ella. No había dejado de llorar desde que partimos hacia el hospital y eso que habían pasado ya más de dos horas.
— Shhh... Tranquila, todo saldrá bien.
Nate estaba a mi lado, y me sostenía la mano, a la vez que me apartaba el pelo húmedo de la cara. Todavía llevaba el traje de novio puesto; a mí me habían obligado a quitarme el vestido y ponerme la típica bata de hospital. Verle así solo me hizo llorar más.
— Ya está, no llores... — Me besó la cabeza. Sabía que él tenía tanto miedo como yo, pero intentaba mantener la compostura por mí, para que yo no me pusiera más nerviosa.
— No quiero perder a mi bebé... — Por primera vez di cuenta de que, en realidad, no quería perder ni a nuestra hija ni a Nate.
— No lo harás, pero tienes que relajarte. ¿Confías en mí? — Asentí e intenté dejar de llorar, pero cuanto más pensaba en lo que podía pasar, más ganas de llorar tenía.
Nate me acarició los nudillos con el pulgar y se los llevó a los labios. Depositó pequeños besos en mi mano a la par que seguía sin quitarme el ojo de encima. Cerré los ojos e intenté dejar la mente en blanco.
Creo que me quedé dormida, porque lo siguiente que recuerdo es oír el chirrido de la puerta al abrirse. Nate se levantó de un salto del sillón de acompañante cuando el doctor se acercó.
— ¿Cómo estás, Vanessa?
— ¿Qué le ha pasado a mi hija? — Exigí.
— ¿Es usted el padre de la criatura? — Preguntó refiriéndose a Nate, esté asintió y el doctor hizo un ruidito reprobatorio. ¿Acaso era quién para juzgarnos? — Tu hija está bien, solo han sido una serie de contracciones. Es normal en las primíparas — Miré a Nate desconcertada. ¿Qué coño son las primíparas? — Las madres primerizas — Aclaró el doctor.
— Oh...
— Puede ser debido a varios motivos. ¿Has estado sometida a mucho estrés últimamente? — La boda, las dudas... ¿Eso era lo que me había llevado hasta aquí? Asentí — Lo suponía. Debes tener mucho cuidado y evitar situaciones que te provoquen estar en tensión — este tío no sabe cómo es mi vida, está claro — si no quieres tener un parto prematuro... Y, sobre todo, ¡nada de fumar!
— ¿Has vuelto a fumar? — Preguntó Nate, alterado, pero no respondí. Había dejado de fumar hacía tiempo, pero con los nervios de la boda no pude aguantar la tentación de haberme fumado un par de cigarros. Soy un desastre.
— Si lo del parto prematuro ocurriese — continuó el doctor —, tu hija estaría a salvo, no te preocupes. A partir de los cinco meses el bebé lo único que aun no tiene terminado de formar son los pulmones, pero con ayuda sobreviviría. Aunque es preferible que no nazca hasta pasados los siete meses de gestación, eres muy joven y podría poner en peligro tu salud — Asentí No sabía qué decir — Nada más. En un rato subirán a darte el alta y podrás volver a casa. Dos días de reposo y podrás volver a tu vida normal, pero relajada, sobre todo, nada de tensiones.
— Gracias doctor — Murmuró Nate, antes de que este se fuera —. No sabía que la idea de casarte te pusiera tan nerviosa — dijo sentándose en el siglo a mi lado. — ¿O es que no querías casarte conmigo? — Aparté la mirada, no estaba segura qué debía responder — Entiendo... — Se levantó y se dirigió hasta la puerta.
— Nate...
— Necesito tomar un poco el aire — No me miró y se fue dando un portazo.
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Lo más seguro es que ya no suba hasta dentro de dos semanas, así que os dejo odiarme con total tranquilidad. ♥
Espero que os esté gustando.
Ari.
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Love (Lies #2)
RandomContinuación de Lies. Historia y portada originales. Registrada en Safe Creative, por lo que no se permite la copia total o parcial de la obra.
