Vanessa.
Se me escapó el aire de los pulmones, como si alguien acabara de propinarme una patada en las costillas. Me quedé pálida y sentí mis ojos a punto de salirse de sus órbitas. ¿Divorcio? No podía estar hablando en serio. Eso hacía tiempo que lo habíamos dejado atrás.
— No me mires así — El tono de voz de Nate era duro y casi sin emoción. Parecía como si esto apenas le afectara y para mí era como si me hubieran tirado un cuenco de agua fría—. Tú me lo pediste.
Y tenía razón, se lo pedí en Las Vegas. Maldita la hora en la que se me pasó por la cabeza la idea de que podía vivir sin él después de todo. Pero también es cierto que fue él quien me pidió, con lágrimas en los ojos, que lo reconsiderara. ¿Por qué esto ahora?
Me estaba engañando con otra, no había duda alguna.
— Pero yo...
— Firma.
Estaba tan serio que cada sílaba pronunciada cortaba más que el cuchillo más afilado.
Recordé a James diciéndome que no sacara conclusiones precipitadas. Será gilipollas.
— Nate, ¿por qué haces esto?
— Porque me he dado cuenta de que lo que tenemos ahora no tiene sentido. Firma.
— No hasta que me des una explicación razonable. ¿Qué coño ha pasado para que me pidas el divorcio?
— Firma y te lo diré.
— No quiero.
— Vanessa, hazme caso por una vez en tu vida y firma.
— Me niego.
— Vas a joderme los planes...
— ¡Estoy harta de tus planes! — Grité, pero la voz se me entrecortó. Dolía, un montón, pensar que podía ser la última vez que Nate y yo estuviéramos juntos. Y para colmo, estábamos discutiendo. Como siempre —. ¿Qué pretendes? ¿Vas a complicarle la vida a otra?
— Pues mira, si todo sale bien, volveré a casarme.
En mi mente oí el golpe de mi mandíbula al chocar contra el suelo. ¿Se iba a casar otra vez? ¿Y me lo decía así? Lo mataba, juro que lo mataba. Dejé de discutir, cogí el maldito boli que me tendía y lo desenfundé como si fuese una espada. En un momento se me pasó por la mente clavárselo en el pecho para que sintiera el mismo dolor que yo. Pero me parecía demasiado, y ni yo era tan exagerada.
Los ojos de Nate brillaban divertidos. Lo odiaba como nunca lo había odiado antes. No podía creer que se presentara aquí con el divorcio, diciéndome que se iba a casar con otra y encima se riera de mí.
— Mira, Nate — dije dejando el boli de golpe en la mesa — voy a decirte algo...
— Calla — Murmuró sonriendo. Uy qué calentito se va a ir de aquí.
— ¡No me digas lo que tengo que hacer! — Gruñí molesta.
— Pues déjame hablar, pajarito.
— ¡No me llames así! — Sentía que estaba al borde de las lágrimas. Lo que menos necesitaba era que me llamara de esa forma. Si quería hacerme daño de verdad, lo había conseguido.
Me cogió de las manos y, a pesar de que lo intenté, no conseguí soltarme. Se arrodilló frente a mí y me entraron ganas de darle una patada en la cara. Me estaba mosqueando demasiado.
— ¿Qué coño haces ahora?
— Vanessa Brooks — volvió a utilizar mi apellido de soltera después de muchos años y se me encogió el corazón al darme cuenta que ahora tendría que volver a usar ese. Era gracioso cuanto menos, porque nunca me gustó usar el suyo, pero ahora me lo quitaba de golpe y dolía renunciar a él —, ¿quieres volver a casarte conmigo?
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Love (Lies #2)
RandomContinuación de Lies. Historia y portada originales. Registrada en Safe Creative, por lo que no se permite la copia total o parcial de la obra.
