Dave apagó el equipo de música y se acercó a mí.
— Tu madre me ha pedido que viniera a buscarte — "Y tú como un cachorrillo le has hecho caso, ¿no?" pensé —. Estaba preocupada, ¿sabes?
— Ya... No hacía falta que vinieras a buscarme; no iba a tardar en volver.
— Bueno, no me costaba nada venir a por ti, mito — Me encogí de hombros. Estaba algo tímida y ni siquiera sabía porqué; de repente volvía a sentirme pequeña a su lado y no podía soportarlo —. ¿Vamos? — Preguntó cogiendo mi bolsa de baile y poniéndosela al hombro.
— Claro...
El principio del trayecto en coche fue demasiado silencioso, ni siquiera había música, y ya que estaba poniéndome de los nervios decidí hablar de lo primero que se me ocurrió y que por desgracia no podía quitarme de la cabeza.
— ¿Hace cuánto has vuelto con Brenda? — Dave dejó de mirar la carretera y me miró durante unos segundos, pero no dijo nada hasta que volvió a mirar la calzada.
— No hemos vuelto realmente.
— Pero ayer...
— Ayer vino en el momento adecuado y yo lo aproveché.
¿Qué?
— Birdy, si no nos hubiese interrumpido...
— ¿Qué, Dave? ¿Qué hubiera pasado si no nos hubiese interrumpido?
— Algo que no debe pasar — Me miró —. Estaría mal, y lo sabes.
No dije nada y miré por la ventana. ¿Por qué estaría mal? No somos familia y yo ya no soy una cría; soy perfectamente consciente de lo que quiero. Y esto es lo que quiero.
El calor de la calefacción y el sudor que llevaba encima empezaron a agobiarme, por lo que me retiré el pelo del cuello para estar más fresca y me lo puse sobre el hombro derecho. En ese momento oí un pequeño suspiro de sus labios; esbocé una ligera sonrisa y le eché una mirada furtiva.
— Si en vez de mirarme a mí, miraras la carretera, reducirías las posibilidades de que tuviéramos un accidente, ¿sabes?
— No te estaba mirando.
— Ya... — Sonreí más ampliamente —. Quédate con tu rubia.
— Aunque no te lo creas, no me gustan las rubias. Prefiero a las morenas.
— Quién lo diría...
Aparcó el coche junto al de papá y subimos en el ascensor. Ahora Dave el que parecía incómodo; no se atrevía a ponerme los ojos encima, lo cual me provocó una carcajada.
— ¿Qué?
— Nada, nada...
— Birdy... — En ese momento el ascensor se paró en mi piso.
— Vaya, ya hemos llegado.
Salí del ascensor con una sonrisa y cogí las llaves de la bolsa. Cuando abrí la puerta, mi madre me miraba seria y con los brazos cruzados.
— Creo recordar que estabas castigada.
— Sólo he ido a bailar, o qué pasa, ¿tampoco puedo?
— Ya hablaremos tú y yo, ya...
La ignoré, cogí mi bolsa y me metí en mi habitación. Podía entender que no me dejara salir y volver a las tantas después de cómo me había portado, pero el baile era sagrado y ella lo sabía.
Diez minutos después, mi madre entró en mi habitación y se sentó a los pies de la cama.
— Sí que puedes bailar, Birdy, pero entiende que me preocupe por lo que haces. Eres mi hija.
— Para tu desgracia... — Susurré negando con la cabeza —. Siento haberte estropeado la vida, pero no es mi culpa.
— ¿Qué estas diciendo? No me has estropeado nada. Al contrario, eres de lo mejor que me ha pasado, te lo aseguro.
— ¿Entonces por qué juzgas todo lo que hago?
— Porque quiero lo mejor para ti y no quiero que sigas mis pasos.
No pensaba hacerlo, lo que yo quería era hacer todo lo que ella desaprovechó. Y Dave entraba en el lote.
— No te preocupes por eso, mamá, sé lo que hago.
Mi madre se levantó y me dio un beso en la cabeza.
— No quiero que estés enfadada conmigo. Créeme, sé lo que es ser adolescente y pensar que todo el mundo está en tu contra, pero no es realmente así.
Simplemente asentí. ¿Una madre comprensiva? No, gracias.
— Y aunque tú no lo sepas, no lo has hecho mal hasta ahora.
Sabía que esa era una de las mayores preocupaciones que tenía hacia mí. Se quedó embarazada demasiado joven y no se sentía preparada para tener una hija. Pero aun así siguió adelante conmigo, y, en cierto modo, era comprensible que no quisiera que siguiera sus pasos, pero era mi vida y yo era la única y yo era la única que iba a controlarla, por mucho que sus intenciones fueran buenas.
Durante la cena a penas hablé; no sabía que Dave fuera a quedarse. Por eso me vino a buscar, porque le pillaba de camino.
Me terminé la comida del plato y me levanté de la mesa. Normalmente cuando Dave venía a cenar, yo me encargaba de alargar la sobremesa para evitar que se fuera pronto, pero aquella noche estaba demasiado cansada de todo como para ni siquiera intentarlo.
— ¿Estás bien? — La voz de Dave hizo que apartara la mirada de la pantalla del ordenador — ¿Te pasa algo?
— ¿Por qué habría de hacerlo?
— No sé, hoy ni siquiera has hablado durante la cena y te has ido conforme has terminado.
— Estoy cansada y mañana tengo clases, nada más.
— Birdy... — Se sentó en mi cama, donde horas antes había estado mi madre. ¿Qué pasa, hoy es el día de darle la chapa a Birdy? — Puedes hablar conmigo, ya lo sabes, siempre lo has hecho.
— No tengo nada especial de lo que hablar contigo, tío — Aquella palabra me dolió más de lo que pareció.
— ¿Seguro? — Esbozó una sonrisa triste — Me has llamado tío.
— Eres mi tío, ¿no?
— No... — Palmeó la cama - Ven.
— ¿Qué quieres?
— Hablar contigo.
— Estamos hablando — Dave, para mi sorpresa, sonrió de verdad.
— No me puedes decir que no te pasa nada porque te conozco. Eres igual que tu madre — Rodé los ojos. Ya empezamos — Estás enfadada, y creo conocer el motivo, por eso quiero que te sientes aquí conmigo — Resoplé y me levanté de mi silla de escritorio para sentarme a su lado — ¿Ves como no era tan difícil?
— Muy bien, ¿y ahora?
No dijo nada. Simplemente se dedicó a observarme, a contemplarme, mejor dicho. Estaba empezando a ponerme nerviosa, y pensé en volverme a sentar en la silla hasta que levantó la mano y me acarició la mejilla.
— Eres preciosa, ¿sabes? — Susurró antes de besarme.
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Love (Lies #2)
RandomContinuación de Lies. Historia y portada originales. Registrada en Safe Creative, por lo que no se permite la copia total o parcial de la obra.
